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MANHATTAN, Nueva York, EU, 20 de septiembre de 2026.- El río aparece como camino y sustento, pero también como una línea que conecta generaciones. Ese fue el eje de Rivers of My Soul, la colección Primavera/Verano 2027 con la que la diseñadora peruana Alessandra Durand, fundadora y directora creativa de Kené Kaya, llegó al Indigenous New York Fashion Week el 12 de septiembre.
La propuesta combinó diseño contemporáneo con arte textil ancestral shipibo-konibo, tintes naturales, algodón peruano y trabajo artesanal.
Durand trabaja desde hace casi siete años con mujeres artistas Shipibo-Konibo, un pueblo indígena que habita a lo largo del río Ucayali en Perú. Para ella, esa relación no consiste simplemente en incorporar patrones tradicionales a una prenda, sino en la autoría de piezas cuidadosamente confeccionadas con espíritu indígena.
La colección incluyó además la participación de la artista, cantante y activista Shipibo-Konibo Olinda Silvano, quien abrió la pasarela con un ícaro –canto mágico y sagrado—, realizó arte kené sobre los rostros de las modelos y cerró el desfile junto a Durand.

—Fue un gran orgullo. Es mi cuarta o tercera vez en New York Fashion Week, pero es la primera vez haciendo un desfile en colaboración con Indigenous Fashion Week dentro del calendario oficial de CFDA. Siempre fue mi sueño. Es un honor poder traer el arte de la comunidad shipibo-konibo de la Amazonía peruana a New York Fashion Week.
—Ya estaba trabajando en la colección desde hacía casi un año. Es slow fashion y lo artesanal toma muchísimo tiempo, especialmente en Perú. No encontraba el nombre. Me apareció en un sueño y después entendí que tenía que ser Rivers of My Soul, Ríos de mi alma. Muchas expresiones del arte kené representan el movimiento de los ríos. Para las comunidades amazónicas el río también es sustento, transporte, comunidad y una forma de vida.
—El paiche fue una parte integral. Trabajé zapatos y carteras en colaboración con la diseñadora peruana Cecilia Fiorentini, integrando cuero de paiche y arte textil. Pero también estaba el mensaje de que tenemos que cuidar nuestros ríos. No quería que fuera solamente algo que se viera bonito en la pasarela. Había un mensaje de protección de la Amazonía detrás de la colección.
El boletín de la colección explica que las piezas combinaron siluetas fluidas y sastrería contemporánea con kené pintado y bordado a mano, tintes botánicos y algodón tocuyo peruano. El cuero de paiche apareció en zapatos y bolsos como una extensión material de esa narrativa del río.
—Yo siempre he amado la moda y sigo mucho los fashion weeks de París. Viví en Londres, Dubái y Sudáfrica, donde me inspiró mucho la forma en que integran textiles culturales en prendas contemporáneas. Pero para mí también tiene que existir respeto. El kené es un arte sagrado. Refleja la cosmovisión del pueblo shipibo-konibo y está realizado por maestras artesanas con décadas de experiencia. No es simplemente una estética de “mira qué bonito y cultural”. Tiene un significado muy profundo.
—Trabajo con el mismo colectivo desde hace casi siete años. La relación es de largo plazo y el proceso es colaborativo. Siempre he querido dejar un ejemplo para la industria peruana de la moda, porque muchas veces la relación con las comunidades indígenas no es horizontal. Cuando solamente impones tu visión como director creativo, no empoderas a las artesanas. Nosotros creamos juntas y ellas también van desarrollando sus propios proyectos.
—No es como trabajar con una fábrica. Hay kené pintado y bordado. Un bordado puede tomar como mínimo tres meses. Incluso para teñir telas con plantas naturales dependes del sol y de distintas condiciones. Siempre tiene que haber diálogo. Cada pieza es única porque también es la expresión de la artista que la hizo.
—Para mí es muy importante reconocer a las creadoras y darles visibilidad. Olinda hizo el arte kené en los rostros de las modelos y abrió el desfile con un ícaro, una canción tradicional en su lengua. Ella es la lideresa del colectivo con el que trabajo. Hemos creado juntas durante los últimos siete años y quería que ella fuera reconocida como parte del desfile. Los diseñadores en Perú sin los artesanos no somos nadie. No podemos crear solos.
—Quería que la gente entendiera la profundidad de lo que estaba viendo. Que no pensaran que el kené es simplemente algo bonito, trendy o cool. Existe toda una cosmovisión. Cada parte tiene significado. Siempre trato de presentarlo de una forma que permita a la audiencia entender un poco más y que despierte curiosidad por conocer a la comunidad y proteger estos conocimientos.

—Tiene que ver con crear de una manera sostenible y con aprender de una forma de pensar que pone a la comunidad antes que al individuo. Todo lo que ellas crean tiene esa relación con el entorno y con la comunidad. Creo que es una forma de pensar que necesitamos impulsar mucho más en el mundo.
La colección cerró al ritmo de Los Mirlos, uniendo el lenguaje visual de Kené Kaya con otra expresión cultural nacida de la Amazonía peruana. Para Durand, esa combinación forma parte de una misma intención: llevar la selva a espacios internacionales sin presentarla como una referencia distante, sino como un territorio vivo, con artistas, conocimiento, memoria y voces contemporáneas.




