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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 31 de mayo de 2026.- Comer por estrés, aburrimiento, tristeza o ansiedad es una conducta cada vez más estudiada por especialistas en nutrición y salud mental. Un reporte publicado por Infobae señala que distinguir entre hambre fisiológica y hambre emocional puede ayudar a prevenir patrones alimentarios asociados con malestar emocional y aumento de peso.
De acuerdo con las especialistas consultadas por ese medio, la llamada hambre fisiológica responde a una necesidad energética del organismo y suele aparecer de forma gradual, acompañada de señales como vacío estomacal, disminución de energía o dificultad para concentrarse. En contraste, el hambre emocional surge de manera repentina y suele estar relacionada con estados como ansiedad, estrés, enojo, tristeza o aburrimiento.
Entre las principales diferencias destacan la urgencia por comer, la búsqueda de alimentos específicos —principalmente dulces, botanas o productos ultraprocesados— y la sensación posterior. Mientras el hambre física suele terminar con saciedad, la emocional puede dejar sentimientos de culpa, frustración o la percepción de que la necesidad emocional persiste.

Las especialistas Marianela Aguirre Ackermann y Ana Cappelletti señalaron que una pregunta útil antes de comer es identificar qué necesita realmente la persona:
“¿energía, descanso, calma, distracción o contención?”. También coincidieron en que “el primer paso es no sentir culpa” cuando se detecta un episodio de alimentación emocional.
Como contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la salud mental es un componente esencial del bienestar y que factores como el estrés pueden influir en las conductas cotidianas, incluida la alimentación. Además, recomienda estrategias de autocuidado como actividad física regular, técnicas de relajación, hábitos de sueño adecuados y una alimentación equilibrada para favorecer el bienestar emocional.
Las especialistas sugieren hacer una pausa antes de comer, identificar la emoción presente y recurrir a alternativas como caminar, escuchar música, escribir o conversar con alguien cuando el impulso esté relacionado con ansiedad o estrés.




