Vinculan el estrés universitario con mayor porcentaje de grasa corporal
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 10 de junio de 2026.- El Mundial de Fútbol desata todo tipo de emociones, pero existen personas que lo viven con mayor intensidad, al punto que puede llegar a afectarlos emocionalmente, algo que resulta inestable y peligroso.
De ser solo una pasión sana y alegre que puede distraer de los problemas y la realidad de cada persona, en algunos casos puede convertirse en una obsesión que puede causar discusiones o hasta ansiedad.
Ante esta realidad, la psicóloga Emily Navarro ha explicado que el torneo activa los esquemas cognitivos de pertenencia e identidad colectiva que pueden llevar a sentir euforia y mucho entusiasmo, pero también una profunda tristeza, frustración o molestia si el equipo de su preferencia pierde.
"Durante todo ese mes, nos unimos bajo un mismo fin con personas con las que quizás no tenemos nada en común, y esto lleva a un refuerzo social muy positivo. Sin embargo, puede generar una montaña rusa de emociones para las personas; puede elevar muchísimo el estado de ánimo, creando euforia, alegría, mucho entusiasmo, pero también puede sumirnos en una especie de duelo colectivo o frustración cuando nuestro equipo es eliminado", detalló la experta a Quadratin Hispano.
Asimismo, explicó que se activan distorsiones cognitivas, como el pensamiento polarizado (todo o nada) o la catastrofización y pensar "ya nos van a golpear, es el peor día de mi vida y ya se me arruinó la semana". "Estas distorsiones explican por qué un simple partido de fútbol puede generar altos niveles de ansiedad, enojo o tristeza, ya que la evaluación mental que hace la persona sobre el juego está sesgada o desproporcionada", precisó.
En cuanto a por qué se viven los partidos con tanta intensidad, como si el peligro o la victoria fueran propios, Navarro subraya que a nivel neurológico, la respuesta se da por las neuronas espejo, que se activan no solo cuando realizamos una acción, sino cuando vemos a otra persona realizarla.
"Por ejemplo, cuando ves a un jugador corriendo hacia la portería o a punto de patear, tu cerebro literalmente simula esa acción. Por eso tensas los músculos, sudas, sientes el subidón de adrenalina y dopamina. Biológicamente, tu cerebro está viviendo el partido en la cancha, aunque tu cuerpo esté en la sala de tu casa. Tu cuerpo puede estar físicamente en el sofá de tu casa, pero a nivel biológico y neurológico, tu cerebro está viviendo el partido dentro de la cancha", explicó.
La experta explica por qué a algunas personas les afecta más y cómo reconocer que no es una pasión sana.

Asimismo, advierte que algunas personas son más vulnerables a sufrir emocionalmente si su equipo pierde debido a una sobreidentificación o una estrategia de evitación en la que la persona usa el torneo y el deporte como un escape para lidiar con el estrés o ansiedad de su vida diaria.
"Hoy en día, vemos cómo muchos aficionados fusionan su propia autoestima y su sentido de valía con el éxito del equipo. Otro factor, que lo veo en muchos pacientes, es que el fútbol se utiliza como estrategia de evitación, es decir, una vía de escape para lidiar con el estrés, la ansiedad o la insatisfacción de su vida diaria. Entonces, estos factores, cognitivamente hablando, no se procesan solo como un juego perdido, sino que pueden identificarlo como un fracaso personal", explica.
Por lo tanto, destaca que es importante determinar cuándo es una pasión sana y cuándo se convierte en obsesión.
"En el ámbito clínico, la línea divisoria se mide por el nivel de funcionalidad del paciente. Por ejemplo, una pasión sana es adaptativa, suma a tu vida porque actúa como un refuerzo positivo; te permites organizar tu agenda, disfrutas la emoción del momento y, si tu equipo pierde, si experimentas un bajo emocional, pero es transitorio y no paralizante, a las horas, tu vida continúa con normalidad. Si hablamos en términos de obsesión, aquí sí hay una pérdida de funcionalidad y excesiva desregulación emocional", detalló Navarro.
Según indica, esto se presenta en conductas como deterioro de las responsabilidades diarias, faltar al trabajo o descuidar sus obligaciones, conductas desadaptativas como agresiones, peleas, gritos a sus familiares o romper objetos por la frustración del resultado de algún partido.
"Sumado a la alteración física y mental como insomnio o pensamiento rumiante, es decir, pasar noches dando vueltas a la cabeza a la misma jugada o a un penal fallado sin que puedas detener el pensamiento. Hay que tomar en cuenta que, en el momento en que alguna pasión interfiere negativamente con tus relaciones, tus responsabilidades y tu salud, cruzamos la línea clínica hacia la obsesión", destacó.




