Indicador político
Responder un correo electrónico, contestar un mensaje, redactar un informe, buscar información en internet y atender una llamada al mismo tiempo se ha vuelto una escena cotidiana en oficinas, escuelas y hogares. Para muchos, hacerlo todo a la vez parece una muestra de eficiencia, pero en realidad puede ser una de las principales causas del desgaste mental.
La multitarea o multitasking digital dejó de ser una excepción para convertirse en una forma habitual de trabajar y estudiar. De acuerdo con datos de la Asociación Americana de Psicología (APA), cerca del 40% de los adultos realiza este tipo de actividades de manera cotidiana, bajo la idea de que responder más rápido equivale a ser más productivo.
Con la incorporación acelerada de herramientas de Inteligencia Artificial (IA), se ha reforzado esta dinámica. Es común alternar entre asistentes virtuales, plataformas de videoconferencia, aplicaciones de mensajería y programas de análisis de datos, mientras se intenta avanzar en las tareas del día. Paradójicamente, la tecnología diseñada para ahorrar tiempo también multiplica las interrupciones.
Sin embargo, las investigaciones en neurociencia y psicología cognitiva muestran que el cerebro no realiza varias tareas complejas al mismo tiempo. Lo que hace es cambiar de una a otra con gran rapidez, pagando un costo en concentración, memoria y precisión.
La Dra. Gloria Mark, profesora de Informática de la Universidad de California y especialista en comportamiento digital, ha documentado que una persona permanece concentrada, en promedio, apenas 47 segundos antes de dirigir su atención hacia otra pantalla. Recuperar por completo el nivel de concentración después de una interrupción puede tomar hasta 25 minutos.
A ello se suma un fenómeno descrito por la Dra. Sophie Leroy, profesora de la Universidad de Washington Bothell, conocido como “residuo de atención”. Cuando se deja una tarea inconclusa para atender otra, una parte de la mente permanece ocupada en la actividad anterior. Aunque físicamente se cambia de trabajo, mentalmente nunca se termina de abandonar el primero. El resultado es una atención dividida que reduce la calidad de todo lo que se hace.
Las consecuencias van más allá de cometer pequeños errores. La sucesión constante de interrupciones incrementa el esfuerzo mental, dificulta el razonamiento, afecta la memoria de trabajo y reduce la capacidad para analizar problemas con profundidad. Con el paso del tiempo también favorece la fatiga, el estrés y la ansiedad.
Las pérdidas son medibles. Un análisis publicado por el Dr. Kamrul Hasan en Annals of Medicine and Surgery, basado en investigaciones de Joshua Rubinstein, Jeffrey Evans y David Meyer, estima que el cambio continuo entre tareas puede reducir hasta en un 40% el tiempo realmente productivo debido al esfuerzo cognitivo que exige cada transición.
La supuesta ventaja de hacer multitarea al mismo tiempo termina siendo una ilusión. No se trabaja más, simplemente se cambia de actividad con mayor frecuencia.
Esta realidad merece especial atención en el ámbito educativo. Los estudiantes crecen rodeados de notificaciones permanentes de sus dispositivos y estímulos simultáneos que dificultan sostener la concentración durante periodos prolongados. La capacidad de analizar, comprender y reflexionar requiere tiempo y continuidad, dos condiciones que la hiperconectividad pone constantemente a prueba.
Ninguna tecnología, incluida la IA, sustituye la atención profunda. Puede facilitar procesos, automatizar tareas y ampliar las posibilidades, pero sigue dependiendo de la capacidad humana para pensar con claridad, tomar decisiones y mantener el juicio crítico.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan adoptar hábitos sencillos que ayuden a recuperar el control sobre la atención:
La tecnología seguirá avanzando y cada vez se tendrán más herramientas para hacer el trabajo. El verdadero desafío no consiste en realizar multitareas, en atender más pantallas al mismo tiempo, sino en decidir a cuál vale la pena prestar atención.
Porque la calidad del trabajo, de las decisiones e incluso de las relaciones depende, en buena medida, de la capacidad para concentrarse. En una época donde premia la velocidad, recuperar la atención es una de las decisiones más inteligentes.
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