Indicador político
Recordemos este mes de julio que empieza, con Julieta Capuleto, aquel gran personaje que nació en Verona ese mes y que William Shakespeare recalcó. Pero el mes nos llega también en el recuerdo, con lo que significa, sobre todo en el mundo de las revoluciones. Aquel 4 de julio de 1776 en Estados Unidos; el 14 de ese mes en Francia en 1789; el 20 de julio de 1810 en Colombia: Y siguiendo a los revolucionarios en ese mes, el 5 en 1811, en Venezuela; el 9 en 1816, en Argentina; el 28 de 1821, en Perú. Y en el siguiente siglo, el 26 de ese mes de 1953, en Cuba, y finalmente, aunque hubo muchas más, el 19 de julio de 1979 en Nicaragua. ¿Por qué les gusta julio a los países para hacer sus revoluciones? Es un caso inexplicable, pero debe haber un contexto que se moviliza de acuerdo al país. que es coincidente.
LAS REVOLUCIONES TRAJERON CAMBIOS, PERO OTROS SE EXPRESARON ANTES.
En muchos de esos cambios que provocan las revoluciones deben repetirse circunstancias que, de acuerdo a las épocas, ya habían trascendido en nacimientos, en muertes y en la creativa presencia de autores del pasado, como ocurrió en Nicaragua con el regreso en el recuerdo de Rubén Darío. En la época anterior a la que vivía William Shakespeare, mientras las guerras entre los pueblos presagiaban cambios que lo mismo vieron los posteriores revolucionarios, las obras expresadas desde un balcón han sido un hecho repetitivo en esos tiempos de la Edad Media. El asomo desde una ventana o desde una baranda, para cantar, lanzar besos, reír y tocar un instrumento. Y desde luego, en ese reiterativo lugar, siempre aparece una figura legendaria que quizá existió en realidad para contar historias y que William Shakespeare retomó mucho después de ese escritor original, para lanzarlo a la fama universal: Romeo y Julieta. Vale recordarlo.
JULIETA: “Y OS SEGUIRÉ A TRAVÉS DEL MUNDO, DUEÑO MÍO”, ¿DIRÍAN FEMINISTAS?
Romeo Y Julieta de William Shakespeare, situada en 1595, se considera singular porque aborda al mismo tiempo la tragedia y la comedia. El gran bardo inglés se basó en largas historias reseñadas en la Edad Media en el entonces pueblo de Verona, pero se mencionan primordialmente el cuento de Mateo Bandello, que fue traducido en 1562, y otro posterior de William Painter de 1582. Shakespeare le dio un enfoque similar y mantuvo los apellidos de las dos familias enfrentadas, Montesco y Capuleto, que tienen historiales largos de verdadera existencia en Italia de la Edad Media. Julieta Capuleto, una jovencita que todavía no cumplía 14 años, se enamora de Romeo Montesco y los dos enamorados se encuentran entre las batallas de las dos familias. La trama gira en torno a esas batallas, a la muerte por accidente de uno de los Montesco y la huida de los dos enamorados que presagia su fin. Son famosas las escenas de Julieta en el balcón de la calle Capello 22, que aún existe y en donde van miles anualmente a visitar lo que se cree fue el sitio de la gran escena shakespereana. Hay ahí una estatua de Julieta. La gente suele ir para implorar el amor eterno. Muchas representaciones se han hecho de la obra; en teatro son centenares y en filmes más de una decena. Una de ellas se filmó aquí en la CDMX en 1996: Se puede ver en el filme la avenida Gabriel Mancera y ese santo que se inclina a la pasada de los autos, como si estuviera guiando a los conductores. La Julieta fue Claire Danes y el actor Leonardo DiCaprio. La obra simboliza el amor eterno que es capaz de llegar a la muerte y la entrega de una mujer, una adolescente, que, a diferencia de lo que critican ahora las feministas en la mujer sujeta y dependiente de un varón, la joven demuestra en la obra a una mujer valiente, decidida y que enfrenta el odio de dos familias en una manifestación plena de libertad y determinación. No es, pues, un símbolo de sujeción y sometimiento. Veamos lo que le dice a Romeo, asomada a su balcón, en una escena que se ha repetido millones de veces:
Si la tendencia de vuestro amor es honorable
Y vuestra intención, el matrimonio.
Mandadme aviso mañana.
Por uno que yo procuraré que a vos llegue.
¿De cuándo y a qué hora ejecutaréis el rito?
Y mi destino a vuestros pies pondré.
Y os seguiré a través del mundo, dueño mío.




