Libros de ayer y hoy
El deporte como transformador, no como vanidad
Como muchos mexicanos, estamos por un deporte popular que se estimule desde el Estado y sirva a la juventud como un acicate de desarrollo en todas las esferas de la vida, iniciando por la salud y la convivencia. La búsqueda en este momento en México con los programas oficiales, sobre todo en Semilleros deportivos, parte según se ha expresado, de un derecho y una estrategia de prevención social, y se está llevando a cabo. Otra cosa es el deporte como un gran negocio. Ya lo hemos escrito y se puede repetir miles de veces porque esa es la incongruencia que se vive en ese sector: la velocidad y los pies de un tipo valen en el mundo más que la vida de millones que laboran a diario en ese mundo, por salarios que apenas les alcanza para vivir. Un sistema económico y un sector, el deportivo, que han privilegiado la ganancia sobre la vida, y lo estamos viendo en este momento, cuando el deporte, espectáculo que está por invadir nuestro país el próximo mes, evidencia las enormes diferencias que se crean y existen para las grandes mayorías, aún en un simple deporte. Ningún pobre va a poder asistir.
Si los grandes científicos fueran tan cotizados como Messi, en este momento quizá no tendríamos problemas. Pero frente al espectáculo ganancioso, el pensador, el que ayuda, el que cuida la vida, no causa impacto mundial. Los solidarios médicos cubanos han sido agredidos e insultados en algunos países. Ninguno es genio de la velocidad y el manejo de los pies, pero saben curar.
PASAR DEL ENDIOSAMIENTO PERSONAL A UN DEPORTE SANO, DE MAYORÍAS
Todos los medios, sin excepción, cifran su información deportiva en los deportes espectáculo. Se queda uno sorprendido de ver la saturación de sus páginas o tiempos con el fútbol europeo y los deportes estadounidenses. Lo demás son pequeñas notas e informes triviales para ellos. No está mal que la gente se distraiga y tenga ídolos, tampoco se denigra a estos por ser grandes astros con cualidades privilegiadas. Es la manera de esa información abusiva y de la presentación de esos ídolos como pequeños dioses. También la ganancia y los salarios indiscriminados, con denuncias a veces de malos manejos de las empresas que organizan esos espectáculos y los órganos que por norma los promueven y aceptan. El gran negocio del deporte sustituyó en muchos países el juego llanero o el deporte que debería ser más estimulado y tener más presupuesto. Se brindaría un reconocimiento al atleta local que hace un esfuerzo y la extensión de ese bienestar a familias enteras, no importa la edad, para adquirir una salud con el movimiento y pueda haber un cambio profundo, no solo en la salud, sino en la convivencia social de millones que harían del deporte sencillo, organizado, una relación común. Eso es lo que se está tratando de buscar en México.
UN CIENTÍFICO PUEDE OFRECER SOLUCIONES ETERNAS; UN PATEADOR NO
El deporte puede coadyuvar en el desarrollo de un país y acercarse a todas las disciplinas, la ciencia entre ellas. Hacer de la formación una comunidad, no como lo que hacen los famosos deportistas, que se yerguen como personajes para ser adorados. No siempre esos que nacen con pies privilegiados aportan lo que dieron grandes inventores. Las enormes fortunas que ganan los más famosos pateadores en este momento, nunca hemos sabido que al menos una parte se invierta en apoyos populares o para impulsar investigaciones científicas. Y en la historia de esta última, los cuerpos privilegiados no siempre han aparecido para aportar. Pero sí es extraordinario señalar ante esos que se creen amos del mundo lo que realmente ofrecieron dos personajes que estaban impedidos físicamente.
ALBERT EINSTEIN DONÓ AL MUNDO SU CIENCIA PESE A SU SALUD PRECARIA
Los que tienen y desarrollan físicos privilegiados para el deporte, la danza, el baile y otras actividades en las que un cuerpo poderoso es fundamental, deben conocer la historia de estos dos grandes científicos, Albert Einstein y Stephen William Hawking, que descubrieron teorías fundamentales para la humanidad, pero que carecían de toda capacidad corporal física. Einstein, que nació en 1879 y murió en 1955, sufría dislexia y durante su niñez y adolescencia fue un alumno con graves retrasos de aprendizaje que hacía sospechar un grave desajuste. Pero en su juventud y madurez la plenitud surgió ante él y, después de avatares peligrosos por ser judío en la época de Hitler, se refugió en Estados Unidos y con el tiempo dio a conocer la Teoría General de la Relatividad. Está considerado por muchos el gran genio del siglo XX. Recibió el Premio Nobel en 1921.
DESDE SU EXTREMA INCAPACIDAD FÍSICA, HAWKING MARAVILLÓ AL MUNDO
Hawking es uno de los casos más extraordinarios que ha dado el mundo de la ciencia. Minusválido en extremo, solo se comunicaba por el movimiento de las cejas y a través de tarjetas. Ocupó en su momento la misma silla que ocupó Isaac Newton en la Universidad de Cambridge, pero con posturas distintas. Él no creía en la existencia de Dios, ni que hubiera habido un ser supremo que creara el universo. Fue la suma de fuerzas lo que hizo posible esa creación, dijo en muchos momentos el científico que revolucionó la ciencia con la teoría del espacio-tiempo, el Big Bang y los agujeros negros. Su Historia del tiempo (Planeta, 2013), escrita en 1988, causó gran impacto. Se habla de que se vendieron en poco tiempo 25 millones de libros. Hawking murió en marzo de 2018 y es famosa su frase, que quizá no les gustará a las feministas: “El universo es más fácil de entender que las mujeres”.




