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PRINCETON, Nueva Jersey, EU, 13 de agosto de 2026.- Al hombre diabético que dormía cerca de Alex Arias Colmenares le entregaron, un día cualquiera dentro del Moshannon Valley Processing Center, una prótesis nueva.
Aunque le faltaba el recubrimiento de polímero que evita que roce la piel, se la pusieron de todas formas; luego sangró.
"Él decía que no se la podía poner porque le faltaba un recubrimiento especial", contó Arias Colmenares, "y le decían que se lo tenía que poner obligado".
El hombre se negó a volver a usarla. Lo presionaron, además, para que tomara pastillas que él, conocedor de su propio tratamiento contra la diabetes desde hacía años, no reconocía.
No fue el único caso que Arias Colmenares presenció durante el mes y medio que pasó detenido. Vio a personas con hipertensión recibir las mismas pastillas que todos, sin distinción; a alguien con epilepsia convulsionar sin recibir la atención oportuna e inmediata; a adultos mayores de 70 años, también diabéticos, dejar de comer de un día para otro porque la comida "no era apetecible".
Él mismo pasó más de un mes con gripe, "era un ciclo interminable", dijo, y el día en que salió en libertad, un brote de conjuntivitis apenas comenzaba a propagarse entre los detenidos, sin medicamento disponible para tratarlo.
"Solamente ibuprofeno y acetaminofén es la única medicina que te ofrecen", resumió. Cuando alguien tenía gripe, contó, la única atención adicional eran unas sales para hacer gárgaras.
Un día antes, en Delaney Hall, el centro de detención de Newark donde pasó su primera noche, había visto algo que todavía lo inquieta: a un hombre al que se le caía el cabello por un tratamiento de quimioterapia que, según le contó él mismo, no se le administraba completo dentro del centro. También a otro con una tos persistente que nadie le confirmó si era tuberculosis.
"Me pareció algo extraño, porque es una persona que está padeciendo una enfermedad; no debería estar ahí encerrada", dijo.

Su testimonio coincide, punto por punto, con lo que ya han documentado organismos de vigilancia sobre el propio Moshannon Valley. Un informe elaborado en 2023 por estudiantes de derecho de la Universidad de Temple, la organización comunitaria Juntos y la ACLU de Pensilvania, In the Shadow of the Valley, recogió testimonios de 77 personas detenidas: más de la mitad reportó problemas médicos o de salud mental sin atención adecuada. La ACLU presentó después una queja federal formal ante la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Seguridad Nacional, alegando negligencia médica y discriminación por parte del personal.
En Delaney Hall, el patrón se repite, detenidos ahí denunciaron, en huelgas de hambre documentadas por la ACLU entre mayo y julio de 2026, comida en mal estado y negligencia médica. El Departamento de Seguridad Nacional lo niega: en un comunicado, aseguró que "no hay huelga de hambre" en el centro y que todos los detenidos reciben "tres comidas diarias certificadas por nutricionistas".
La comida, contó Arias Colmenares, distaba de lo que él mismo le aseguraba a su familia por teléfono para no preocuparla. "Los jamones se veían verdes", dijo. Describió arroces "aguados", ensaladas de sabor amargo, y una carne molida revuelta con pasta que llamó, sin más, "mazacote". Todo, además, en exceso picante: una manera, sospecha, de disimular el sabor de alimentos que ya no estaban en condiciones.
El desayuno llegaba a las cinco y media de la mañana, “dos cuartos de leche, cereal empacado, dos rebanadas de pan con mantequilla de maní. El almuerzo, entre once y once y media, se repetía casi sin variación”, explica en entrevista con este medio. Solo un día de cada 21 incluía una presa de pollo real; el resto, salchichas verdosas con pan de hot dog y frijoles de lata, todos los días. La cena era, simplemente, “la mezcla de las sobras”.
Quienes podían complementar la dieta dependían del economato interno, donde una sopa instantánea cuesta más del triple que en cualquier supermercado, parte de un negocio que, documentó la organización Public Citizen, dejó a GEO Group, el contratista que opera tanto Delaney Hall como Moshannon Valley, 254 millones de dólares en ganancias durante 2025.
Arias Colmenares no hace ese cálculo. Solo recuerda la pregunta que se hacía cada vez que veía a alguien más enfermarse sin que nadie llegara a atenderlo, "¿Qué he hecho yo mal para estar en esta situación?".




