Abanico
Mes de la Patria. Cercanía gringa y sus avatares
Septiembre es un mes muy importante para nosotros, porque es nuestro mes de la Patria. Y siempre, aunque no queramos, recordamos la cercanía que nos une a Estados Unidos y la vida que hemos llevado en parte por esa cercanía. El trato se evidencia en detalles que trascienden incluso a nivel mundial. Ejemplo es el caso que sucedió el pasado jueves 10 de septiembre, cuando un señor de origen mexicano, llevado por su patriotismo, se presentó en una intervención que tenía el vicepresidente de ese país, JD Vance, y elevó una bandera mexicana y se puso a vitorear. El auditorio estaba lleno de gringos, la mayoría políticos que van a exhibirse ante la actuación de un alto político. Y este, de una manera grosera, paró al hombre, que fue sacado con violencia del lugar, y le dijo en voz alta que, si quiere tanto a su país, México, “lleve su trasero” hacia allá. Es cierto que aquel sencillo hombre invadió un acto oficial, pero las cosas, dado que se trataba de una persona mayor entusiasmada por las fiestas de este mes, podían haberlo sacado dignamente del lugar y dejarlo libre. Pero así son las reacciones permanentes de ese país contra los mexicanos.
Posturas tensas de los gringos contra la población mexicana
Ante esas reacciones, viene el recuerdo de aquel país del siglo XIX, y pensar qué sería de nosotros si no hubiéramos tenido los robos e invasiones del país del norte, con la amplitud que era nuestra, robada por escrito —con la amenaza del ejército gringo atrás— aquel 2 de febrero de 1848, después de una invasión agresiva. Ya se sabe que se robaron más de la mitad del país, la que aumentó con un negocio turbio del expresidente Antonio López de Santa Anna, en 1853, con otro añadido de terreno para los gringos. A partir de ahí, la forma de comportamiento, con notables excepciones, de parte del gringuerío, ha sido la agresión.
Parece reiterativo, pero no podemos callarnos. Es verdad que muchas cosas se han tratado de paliar y una de ellas es el contrato tripartito con ese país y Canadá, que ha funcionado, a partir sobre todo del comercio, durante años y que en los últimos tiempos, con Donald Trump, está sometido a muchos escarceos. Hay otras formas diplomáticas de tratamiento, pero no queda atrás la vieja actitud de ellos. Lo acabamos de ver, como ya lo mencioné, con el señor de la bandera del pasado jueves. El decir que cierta parte de la vida de México ha sido marcada por Estados Unidos, hay que señalar también que la presencia de ese país crea, igualmente, grandes inquietudes en muchos países.
Procuramos que la cercanía aporte cosas valiosas. Y a veces sucede
Pese a la relación norteña, cosas valiosas hemos hallado, sobre todo, en los creadores. En México hemos tenido cercanía con escritores, cineastas, investigadores y gente de alto nivel de todo tipo. Aquí pudimos ver de vez en cuando a alguno dirigiendo películas, como fue el caso del Nobel de Las viñas de la ira, John Steinbeck, con sus obras llevadas al cine. Un escritor que ingresó a nuestro país parte de algunas de sus obras fue Raymond Chandler, ya que su obra cumbre, El largo adiós (Editorial Bruguera, 1985), se refiere a México desde el inicio, incluso al final, cuando cierra su amistad con quien, junto con Philip Marlowe, su personaje, recorre la obra, con el final también singular de su despedida. La obra pasa por la amplia y diversa amistad entre Marlowe y Terry Lennox, cuando lo conduce a México para eludir una grave acusación. Pero su final es extraordinario. Hay que leer la obra.




