El affair Rocha Moya
La dama de blanco. Antifeminicidio en consulta
Aquel romanticismo que ya buscaba su salida a mediados del siglo 19 se trepaba, muy avanzado, en algunos autores, como Wilkie Collins, para ponerse desde entonces adelante de los que armaron la novela policial en su fama en el siglo 20. Lo hizo, entre otras obras, con La dama de blanco, El hombre de negro y La piedra lunar. La literatura, en sus muchas expresiones, siempre advierte y ese autor da lecciones de lo que debería hacerse en el aspecto femenino en esta época. Ahora se discute una ley fundamental en defensa de las mujeres y las interesadas toman la palabra y se exhibe, cosa que debería de verse más seguido, la participación con opiniones en lo que será una nueva ley general para prevenir, investigar y sancionar el delito de feminicidio, propuesta desde la Presidencia. A partir de uno de los foros en el Senado, varias mujeres que han sido víctimas de agresiones y, por fortuna, lograron sobrevivir, dieron sus puntos de vista, ofreciendo cambios diversos y advirtiendo que hay casos como el ataque con ácidos que altera rostros y parte del cuerpo, que si bien las agredidas evadieron la muerte, su caso no debería de ser considerado de lesiones graves, sino de feminicidio en grado de tentativa.
La dama de blanco (Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 1981; Biblioteca de Bolsillo, Barcelona, 1998, y muchas ediciones) fue escrita por Wilkie Collins a mediados del siglo XIX y se convirtió en una de las grandes novelas del romanticismo, que ya avizora en sus páginas, no obstante, la lucha permanente de algunos personajes contra la impunidad. Y, además, un feminismo temprano en la persona de Marian Halcombe. De hecho, la novela se cifra en la defensa de dos mujeres, en una estructura social de ese entonces, de las divergencias comunes con una jerarquización de la llamada nobleza, que fincaba su valor en la riqueza y la herencia, frente a las muchas instancias pueblerinas que tenía Inglaterra.
Buena parte de la obra se desarrolla en esos panteones ingleses que exaltan el valor humano, a través del diseño de sus monumentos y las inscripciones retóricas. Ahí se reúnen, en momentos climáticos, los personajes ante sombras, sonidos misteriosos y una luna pálida que se estampa en un lago incesante. La dama de blanco, basada en un hecho real, adelanta la novela policial y deja una lección contra la impunidad.
La trama es tan minuciosa y singular en la literatura de Collins que no es raro que Jorge Luis Borges lo considere uno de los más grandes escritores ingleses. Dos mujeres, una noble, Laura Fairlie, y otra pobre, Anne Catherick, tienen un enorme parecido y este es utilizado por dos criminales para conseguir la gran riqueza de la rica. Toda la trama, que evidencia los espacios de esa época, también percibe los valores como la lealtad, el desprecio a la malignidad y, sobre todo, los límites que en ese tiempo tenían en sus leyes.
Penas —que siguen hasta el siglo 20— de muerte, que se aplicaban a partir del ahorcamiento, sobre todo. Basados en su propia cultura, principios e inteligencia, los dos personajes que luchaban por hacer justicia, el profesor de dibujo Walter Hartright y Marian Halcombe, la hermana de la noble Laura Fairlie, transitan por una difícil situación que lleva al lector a esperar si es posible el final feliz.




