Libros de ayer y hoy
La presencia de México en la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas, celebrada en Buenos Aires, debe leerse como algo más que un encuentro técnico entre agencias de seguridad. Constituye una expresión clara de la estrategia institucional y operativa de la presidenta Claudia Sheinbaum ante los retos regionales en la materia.
La conferencia de Buenos Aires, organizada por la DEA y el gobierno argentino, reunió a representantes de más de un centenar de países y tuvo como eje la colaboración técnica contra el narcotráfico, el lavado de dinero y las organizaciones criminales transnacionales.
En ese escenario multilateral, la decisión de enviar al secretario Omar García Harfuch (determinada de manera colegiada por el gabinete de seguridad a consulta de la presidenta Sheinbaum) fue plenamente acertada. México acudió a una mesa clave de la agenda continental de seguridad no a recibir directrices externas, sino a exponer su propio modelo, compartir resultados tangibles y definir los términos operativos bajo los cuales se fortalece la colaboración internacional.
Ese enfoque constituye un acierto estratégico fundamental. La soberanía, en el marco institucional contemporáneo, se ejerce participando activamente en los foros globales con propuestas y capacidades propias.
En la relación bilateral y regional, la cooperación es indispensable para ambas partes: el tráfico de drogas, el flujo ilícito de armas, el lavado de dinero y las finanzas del crimen organizado son problemáticas de naturaleza transfronteriza que ningún Estado puede resolver de forma aislada. Por ello, el trabajo conjunto debe estructurarse a partir de la corresponsabilidad, donde cada país preserva plenamente sus facultades, leyes y competencias.
La participación de García Harfuch reflejó con precisión esta visión pragmática. El secretario de Seguridad presentó la estrategia mexicana enfocada en el fortalecimiento de la inteligencia, la investigación criminal, la coordinación interinstitucional y la cooperación internacional. Esta postura trasladó la agenda hacia el terreno de los hechos y la eficacia operativa: medir los resultados mediante la capacidad real para desarticular redes delictivas, asegurar activos financieros ilícitos, frenar el tráfico de armas y drogas, y neutralizar estructuras del crimen organizado.
El reconocimiento público de Terry Cole, director de la DEA, a García Harfuch como un interlocutor institucional confiable cobra relevancia en este marco de trabajo técnico. Muestra que, más allá de la complejidad natural de los vínculos bilaterales, las agencias de seguridad requieren mecanismos estructurados de coordinación con autoridades mexicanas con capacidad operativa comprobada para enfrentar al crimen organizado transnacional.
La postura del gobierno de la presidenta Sheinbaum se ha consolidado en una ruta clara: coordinación estratégica, intercambio sistemático de información, responsabilidad compartida y estricto apego a la soberanía. Las instituciones mexicanas pueden sentarse con la DEA, el Departamento de Estado y demás organismos homólogos para procesar inteligencia y coordinar esfuerzos, manteniendo en todo momento la autonomía técnica y jurídica sobre las políticas públicas y las operaciones en territorio nacional.
Un ejemplo concreto de esta dinámica fue el operativo contra el fentanilo efectuado de forma paralela a la conferencia. El decomiso en Mexicali de cerca de 120 kilogramos de pastillas de fentanilo —equivalentes a unos cuatro millones de dosis— se originó a partir de información técnica proporcionada por agencias internacionales, pero fue ejecutado de manera integral por autoridades mexicanas. Este esquema ilustra el estándar óptimo de colaboración: sumar capacidades de información para maximizar la eficacia operativa sin comprometer el mando ni la jurisdicción local.
La misma lógica técnica guía el combate a las finanzas ilícitas. Las redes criminales modernas operan mediante complejas estructuras corporativas, logísticas y bancarias internacionales. Por ello, la coordinación en inteligencia financiera resulta indispensable para transitar de la captura de objetivos individuales a la desarticulación integral de cadenas de valor ilícitas, combinando inteligencia, investigación patrimonial y colaboración entre países.
En un entorno internacional dinámico, la soberanía se traduce en la capacidad técnica de definir cómo, cuándo y bajo qué parámetros institucionales se colabora. La posición geográfica de México, su escala económica y su integración logística en América del Norte lo convierten en un actor insustituible en la agenda de seguridad del hemisferio; una realidad que exige actuar con visión de Estado para transformar la interdependencia en acuerdos bilaterales eficaces y equilibrados.
El encuentro de Buenos Aires confirmó la efectividad de este enfoque institucional impulsado por Claudia Sheinbaum y coordinado por su gabinete de seguridad: presencia técnica, diálogo directo y cooperación con plena autonomía. Negociar y coordinar en materia de seguridad exige profesionalismo, instituciones sólidas e intercambio estratégico de información; condiciones que México demostró tener plenamente activas en los foros internacionales.
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