Libros de ayer y hoy
Estratega en Consciencia y Responsabilidad Digital
Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de millones de niñas, niños y adolescentes. Son espacios para aprender, convivir y entretenerse, pero también pueden convertirse en un canal para que delincuentes establezcan contacto con menores de edad y los involucren en situaciones de violencia, abuso o explotación.
Por su etapa de desarrollo y la forma en que interactúan en el entorno digital, las infancias y adolescencias se encuentran entre los grupos más vulnerables frente a los riesgos del ciberespacio. Con frecuencia reciben solicitudes de amistad de personas desconocidas, participan en conversaciones con quienes nunca han visto o comparten su información sin dimensionar las consecuencias.
Los ciberdelincuentes aprovechan esa confianza, mediante técnicas de ingeniería social construyen vínculos con sus víctimas, obtienen sus datos, fotos o videos y, en los casos más graves, las aíslan de su entorno familiar para explotarlas.
Una de las expresiones más graves de este fenómeno es la trata de personas. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) estima que una de cada tres víctimas de trata en el mundo es una niña, niño o adolescente. Además, advierte que las víctimas menores de edad tienen el doble de probabilidades de sufrir violencia durante su explotación en comparación con las personas adultas.
Mientras algunos niños son utilizados por grupos criminales para actividades ilícitas, como la vigilancia o distribución de drogas; las niñas y adolescentes enfrentan un riesgo particularmente alto de explotación sexual. En muchos casos, el primer contacto ocurre detrás de la pantalla de un teléfono celular.
En nuestro país, las cifras también obligan a mantener la atención. La investigación Disrupting Harm en México, desarrollada con el respaldo técnico de UNICEF, reveló que en 2025 el 13 % de los usuarios de internet de entre 12 y 17 años reportó haber vivido alguna situación de explotación o abuso sexual en línea. Esa proporción representa aproximadamente 1.6 millones de adolescentes.
El estudio identificó además las plataformas utilizadas con mayor frecuencia para establecer contacto con las víctimas: Facebook apareció en el 52 % de los casos reportados y WhatsApp en el 45 %, seguidas por Instagram y TikTok. Esto no significa que esas redes sean responsables del delito, sino que son los espacios donde con mayor frecuencia inician estos procesos de manipulación.
Para muchos adolescentes, las redes sociales son una extensión natural de sus actividades. Publicar fotos, responder mensajes o aceptar nuevas solicitudes de amistad forma parte de su rutina. Sin embargo, esa familiaridad suele reducir la percepción del riesgo y facilita que personas con identidades falsas se acerquen a ellos sin despertar sospechas.
Así opera el grooming: un adulto crea un perfil ficticio, generalmente haciéndose pasar por otro menor de edad, se gana la confianza de la víctima y poco a poco obtiene información privada o contenido íntimo que después utiliza para manipular, extorsionar o ejercer control sobre ella.
Este riesgo aumenta cuando se combina con otros factores de vulnerabilidad, como la pobreza, la deserción escolar, la discriminación, el acoso escolar, el abandono emocional o la falta de comunicación dentro del hogar. En esas circunstancias, algunos menores buscan en internet la aceptación y el acompañamiento que no encuentran en otros espacios, lo que puede ser aprovechado por redes dedicadas a la trata de personas.
Frente a este escenario, la prevención debe ser una responsabilidad compartida entre las familias, las escuelas, las autoridades y las empresas tecnológicas. Ninguna estrategia será suficiente si estos actores trabajan de manera aislada.
Especialistas, instituciones públicas y organismos internacionales coinciden en algunas medidas básicas para reducir los riesgos:
La protección de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital exige mucho más que controles parentales o configuraciones de privacidad. Requiere información, acompañamiento y una cultura de prevención que permita reconocer los riesgos antes de que sea demasiado tarde.
La tecnología ofrece enormes oportunidades para aprender, crear y comunicarse. El desafío consiste en que las nuevas generaciones puedan aprovechar esos beneficios sin poner en riesgo su seguridad, su integridad y, en muchos casos, su libertad.
Síguenos en:
| Nahima Spinoso, ClickConsciente | |
| nahima.spinoso, clickconsciente.mx | |
| TikTok | @nahima.spinoso |
| X | Click Consciente |




