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MANHATTAN, Nueva York, EU, 22 de julio de 2026.- Desde las 17 horas, una hora antes del inicio de la clase, el césped de Bryant Park comenzó a cubrirse de esterillas de todos los colores. Algunos participantes llegaron en grupos; otros buscaron un espacio en silencio, se sentaron con las piernas cruzadas y cerraron los ojos para respirar y meditar antes de la práctica.
La tarde de este miércoles 22 de julio en Manhattan estaba soleada, pero sin el peso sofocante de otros días del verano. Con una temperatura cercana a los 82 grados Fahrenheit, el clima se sentía agradable para moverse al aire libre.
A las 18 horas, más de 300 personas ya ocupaban buena parte del césped del parque, rodeadas por los edificios del centro de Manhattan. La sesión formó parte de Bryant Park Yoga, el programa gratuito que este verano ofrece clases los martes por la mañana en la Upper Terrace y los miércoles por la tarde sobre el césped.

La iniciativa se extiende desde finales de mayo hasta mediados de septiembre y recibe tanto a practicantes experimentados como a personas que llegan por primera vez.
La clase estuvo guiada por Paige Held, fundadora y copropietaria de Yoga Joint, una cadena de estudios especializados en yoga y entrenamiento físico con calor infrarrojo. La marca cuenta con 20 estudios abiertos, ha vendido más de 60 franquicias y continúa su expansión en Estados Unidos.
Held combina su trabajo como empresaria con una trayectoria de 30 años como instructora, durante los cuales ha desarrollado una comunidad centrada en el movimiento, la constancia y el bienestar físico y emocional.
Sobre el escenario, Held estuvo acompañada por su hija menor, quien, según contó, considera el yoga una de sus actividades favoritas. La instructora viajó desde Florida para dirigir la sesión, aun cuando su hija mayor estaba a punto de dar a luz. Mientras los participantes avanzaban entre posturas, respiraciones y transiciones, Held regresó varias veces a una misma idea: la importancia de estar presentes, aquí y ahora, incluso cuando la vida personal continúa moviéndose en otras direcciones.
Para Held, dirigir una clase en Bryant Park era un sueño que llevaba varios años imaginando. Frente a cientos de personas, se incorporó a la lista de instructores que han participado en estas sesiones gratuitas durante los veranos de Nueva York. "El amor y la conexión que tuvimos esta noche parecían capaces de mover una montaña", dijo al finalizar. La instructora aseguró que, pese a sus tres décadas de experiencia, sintió una energía particular y que todavía tenía escalofríos después de la práctica.
La sincronía del grupo fue uno de los elementos que más la sorprendió. Desde el escenario, Held no pudo distinguir quiénes eran principiantes y quiénes llevaban años practicando porque, según explicó, todos se movían al mismo ritmo.
"Solo empiecen hoy. Empiecen. No duden", recomendó a quienes todavía sienten temor de acercarse al yoga.
Para ella, el valor de la práctica no está en ejecutar cada postura de manera perfecta, sino en decidirse a comenzar.

Entre las asistentes estaba Steph Strine, instructora de yoga desde hace más de una década, aunque reconoció que últimamente practica menos de lo que quisiera. Era la primera vez que participaba en una clase en Bryant Park y llegó acompañada por amigos.
Strine destacó la posibilidad de recuperar una conexión humana que muchas veces se pierde entre pantallas y dispositivos.
"Todos estamos conectados tecnológicamente, pero a muchos nos falta conexión", señaló, antes de describir la experiencia de respirar y moverse junto a cientos de personas en medio de Nueva York.
También era la primera clase de yoga para Jaola, quien decidió acercarse porque buscaba sentirse mejor consigo misma. Antes de que comenzara la sesión, observaba a las otras mujeres extender sus mats y prepararse sobre el césped.
"Es muy bonito ver a otras mujeres como yo disfrutando del yoga", comentó.
Al caer la tarde, la clase terminó con cientos de cuerpos inmóviles durante los últimos minutos de relajación, mientras el ruido de Manhattan continuaba alrededor. Por una hora, Bryant Park se convirtió en un espacio compartido de respiración y movimiento.




