Denuncia senador Zwicker operativo de ICE contra padre en Princeton
WEST NY, Nueva Jersey, EU, 27 de enero de 2026.- Ana Melba Rojas Villamil, una mujer colombiana oriunda de Bogotá, vive desde hace semanas una de las etapas más dolorosas de su vida en Estados Unidos. Su esposo fue detenido el pasado 12 de diciembre en Elizabeth, Nueva Jersey, mientras realizaba una entrega de tamales, el emprendimiento familiar con el que ambos sostenían su hogar. Desde entonces, Ana enfrenta sola una lucha marcada por la incertidumbre migratoria, la angustia emocional y el colapso económico de su familia.
La detención ocurrió en circunstancias que Ana describe como inesperadas y aterradoras. Su esposo salió ese día a llevar tamales y comprar empanadas, cuando fue interceptado por patrullas negras que, según ella, pertenecían a agentes de inmigración. En cuestión de minutos, su vida cambió para siempre, dejando a una familia trabajadora atrapada en un limbo sin respuestas.
“Mi esposo fue arrestado en Elizabeth, en La Morris. Él estaba trabajando, nosotros vendemos tamales, nuestros emprendimientos son los tamales de Ana y más. Ese día él se fue a llevar unos tamales a Elizabeth y a comprar unas empanadas, pero saliendo de haber comprado las empanadas abordó su carro cuando le interceptaron unas patrullas negras que eran del ICE”, relató Ana.
La mujer cuenta que durante horas no supo nada de él. Lo llamó repetidamente, sin respuesta, hasta que una corazonada le anunció lo peor. Cuando finalmente recibió una llamada, escuchó la voz de su esposo intentando tranquilizarla, aunque la noticia era devastadora.
“Yo llevaba como tres horas marcándole a mi esposo y no me contestaban. Yo decía qué pasó, por qué no responde. Empezó esa angustia, esa corazonada de que algo pasó. Cuando él me llamó yo le dije, "amor, qué pasó, por qué no me contestas" y ahí me dijo "tranquila, tómenlo con calma, yo estoy bien, no se vaya a preocupar", pero cuando me dijo que había sido arrestado, yo sentí que se me fue el mundo”, expresó entre lágrimas Ana.
Desde ese 12 de diciembre, su esposo permanece detenido. Pasó cuatro días en un centro en Nueva Jersey antes de ser trasladado a Louisiana. Ana asegura que no tiene antecedentes ni cargos criminales, y que las autoridades no le han dado explicaciones claras sobre su situación migratoria, a pesar de que él firmó una deportación voluntaria.
“Desde ese día para acá mi esposo está detenido. Duró cuatro días en Newark y de ahí me lo pasaron para Louisiana. No me le han dicho nada, no tiene caso, no tiene antecedentes, no tiene absolutamente nada. Yo llamo y llamo y me dicen que no, que no tiene caso. Bueno, entonces, si no tiene caso, entonces por qué no lo sueltan”, contó a Quadratín Hispano Ana.
La ausencia de su esposo no solo ha significado un golpe emocional, sino también económico. La pareja compartía el trabajo: él se encargaba de las ventas y ella de la producción. Con su detención, Ana perdió la mitad del sustento del hogar. Incluso tuvo que cerrar el local que habían logrado abrir porque ya no pudo pagar la renta.
“Él era el 50 por ciento, porque los dos trabajábamos. Él era el de las ventas, yo era el de la producción. A raíz de eso teníamos un local, me tocó cerrarlo porque no pude con la renta, me tocó entregarlo. Hoy en día estoy trabajando desde mi casa, pero desafortunadamente ya el señor aquí me dice que ya no puedo seguir trabajando con mis tamales”, señaló esta madre colombiana.
Ahora, Ana se ve obligada a asumir todo sola. Sale a vender, compra los ingredientes, cocina de madrugada y trata de sostenerse en medio de deudas crecientes. Pero las cuentas no dan, y la presión aumenta porque pronto tendrá que abandonar su apartamento.
“Yo soy la que en este momento tengo que hacer el cien por ciento Tengo que salir a vender mis tamales, tengo que ir a hacer las compras, venir a preparar para el otro día madrugar a vender. Pero en este momento no me dan las cuentas para poderme mantener. Desafortunadamente este apartamento me toca entregarlo ahorita el 5 de marzo. Son deudas que me toca asumir, no sé cómo, pero tengo que resolver”, indicó Ana.
Su testimonio también refleja el miedo constante que viven muchas familias migrantes. Ana describe una sensación de persecución, como si cada paso estuviera vigilado, como si trabajar honradamente ya no fuera suficiente para sentirse segura en este país.
A sus hijos dice que ellos no quieren vivir un futuro marcado por el encierro injusto que enfrenta su padre. Algunos incluso contemplan regresar a Colombia, mientras su hija universitaria intenta resistir y permanecer en Estados Unidos.
Además de perder su esposo, Ana también perdió su carro, que era clave para hacer entregas y mantener el negocio. Hoy enfrenta costos imposibles, como pagar deliveries de 50 dólares diarios para vender apenas 30 tamales, una realidad que la está llevando al límite.
La historia de Ana Melba Rojas es la historia de miles de mujeres migrantes que quedan solas tras una detención inesperada, madres, esposas, trabajadoras, emprendedoras que pasan de construir un sueño a sobrevivir en medio del miedo, la precariedad y la incertidumbre. Su voz se convierte hoy en un retrato humano del impacto real que las políticas migratorias tienen sobre familias enteras en Estados Unidos