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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 1 de agosto de 2026.- Un estudio publicado en Behavioral Sciences por investigadores de la Universidad de California (UCLA) encontró que los niños que poseen un teléfono móvil obtienen peores puntuaciones de comprensión lectora que aquellos que no tienen uno, independientemente de si lo llevan o no al colegio.
La autora principal, la psicóloga Patricia Greenfield, señaló que el efecto se observa tanto en tercer como en sexto grado.
El equipo buscó determinar si la adquisición de un teléfono afecta la capacidad de concentración necesaria para rendir bien en exámenes académicos. Aunque existe preocupación sobre el impacto de los dispositivos en la lectura, los investigadores destacaron que hay pocos estudios experimentales en niños de primaria.
Para la investigación, se evaluó a estudiantes de escuelas públicas del Antelope Valley y centros educativos de la Iglesia Copta en Los Ángeles, en entornos donde los teléfonos suelen estar permitidos. Los niños leyeron pasajes breves y fueron evaluados sobre su comprensión; además, completaron una encuesta sobre propiedad y uso del teléfono.
Los resultados mostraron una correlación negativa significativa entre tener un teléfono y el rendimiento lector. La relación se mantuvo tanto en estudiantes que hablan inglés en casa como en quienes no lo hacen. No se observaron diferencias cuando los teléfonos estaban sobre el escritorio o fuera de la vista, y la edad a la que los niños recibieron su primer dispositivo no influyó en la comprensión.
Greenfield explicó que “es la propiedad del teléfono, no su presencia inmediata”, lo que se asocia con peores resultados. Sin embargo, el estudio halló un matiz importante: en niños de hogares donde no se habla inglés, comenzar a enviar mensajes de texto a edades tempranas mejoró la comprensión lectora en sexto grado, equiparándola a la de compañeros sin teléfono.
Aunque los autores señalan que las prohibiciones escolares no tendrían un impacto académico claro antes de sexto grado, sí podrían mejorar habilidades sociales al aumentar la interacción presencial entre estudiantes y docentes. El estudio fue coescrito por Marola Hanna, Rocio Burgos‑Calvillo y Laura Rhinehart, y recibió apoyo de la Flora Family Foundation.




