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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 29 de agosto de 2026.- La menopausia implica cambios que van más allá de los síntomas hormonales. La disminución de los estrógenos puede modificar la manera en que el organismo utiliza y almacena energía, alterar la distribución de la grasa corporal y afectar el manejo de la glucosa y los lípidos.
Estos cambios pueden contribuir a un mayor riesgo de problemas metabólicos, entre ellos prediabetes, colesterol elevado, hígado graso y enfermedades cardiovasculares.
Un estudio internacional realizado con más de 40 mil mujeres de 18 países encontró que aquellas que tuvieron una menopausia natural antes de los 50 años presentaron 32 por ciento más riesgo de desarrollar enfermedad hepática por acumulación de grasa asociada con alteraciones metabólicas durante los cinco años siguientes.
“El organismo no solo necesita controlar cuánto combustible recibe, sino también aprender a utilizarlo correctamente”, señala en un comunicado el doctor Miguel Beltrán-García, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).

Los estrógenos participan en procesos relacionados con la regulación de la energía, la glucosa y las grasas. Para ejercer algunas de sus funciones utilizan receptores celulares, entre ellos ERα y ERβ.
Investigaciones recientes han puesto atención en ERβ y en la posibilidad de activar de manera selectiva algunas funciones asociadas con los estrógenos.
Un grupo de investigadoras del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo, encabezado por Débora Santos Rocha, estudió este mecanismo mediante DPN, una molécula experimental que activa de manera selectiva el receptor ERβ.
En ratas que habían perdido la función ovárica, la activación de ERβ mejoró indicadores metabólicos relacionados con glucosa, colesterol, triglicéridos y otras grasas en la sangre.
Los efectos también fueron observados en el hígado, donde el tratamiento experimental modificó la manera en que el órgano procesaba las grasas.
“El problema no es solamente ganar grasa”, explica Beltrán-García. “También importa dónde se acumula y qué hace el organismo con ella”.
Otros estudios experimentales han explorado posibles efectos de ERβ en órganos como el riñón y el cerebro. Sin embargo, estos resultados corresponden principalmente a modelos animales y todavía no demuestran que el mecanismo pueda utilizarse de forma segura y eficaz en seres humanos.
La investigación busca avanzar hacia estrategias de tratamiento más precisas. Herramientas como la lipidómica y la metabolómica permiten analizar con mayor detalle los cambios que ocurren en las grasas y otras sustancias del organismo.
La molécula DPN utilizada en estos experimentos no es un medicamento aprobado y los resultados no significan que pueda emplearse como tratamiento contra los efectos metabólicos de la menopausia.
De acuerdo con Beltrán-García, “el reto consiste en identificar cuáles son los efectos protectores de los estrógenos que pueden recuperarse de manera selectiva y cómo hacerlo con mayor precisión y seguridad”.
Los investigadores continúan estudiando estos mecanismos para determinar si algún día pueden contribuir al desarrollo de intervenciones dirigidas a los cambios metabólicos asociados con la menopausia.




