Libros de ayer y hoy
La crisis de asequibilidad en Nueva York ya no se trata solamente del costo de la renta. Se trata de si las familias trabajadoras todavía pueden construir un futuro aquí.
Demasiadas personas trabajan tiempo completo y aun así siguen quedándose atrás. Los costos de vivienda continúan aumentando mientras desaparecen las oportunidades que antes ayudaban a las familias a ingresar a la clase media.
Durante generaciones, los empleos sindicalizados en la construcción ayudaron a construir la clase media de Nueva York. Pero la realidad es que muchos trabajadores afroamericanos y latinos estuvieron excluidos de esas oportunidades durante demasiado tiempo.
Eso comenzó a cambiar porque los trabajadores lucharon para abrir puertas que históricamente permanecían cerradas. Más mujeres, trabajadores inmigrantes y trabajadores de comunidades de color están entrando a los oficios, participando en programas de aprendizaje y construyendo carreras que pueden sostener una familia y crear estabilidad a largo plazo.
Ahora, justo cuando esas oportunidades comienzan a ser más accesibles, los neoyorquinos de clase trabajadora enfrentan el aumento de los costos de vivienda, incertidumbre económica y una disminución en la cantidad de empleos que todavía ofrecen un camino real hacia la clase media.
Al mismo tiempo, la construcción de vivienda asequible no está avanzando al ritmo de la demanda.
Estas crisis están conectadas.
Nueva York no puede resolver la crisis de vivienda ignorando la crisis laboral. Y no podemos reconstruir la clase media sin construir viviendas que las personas realmente puedan costear.
Por eso presenté la Ley de Empleos y Vivienda.
Esta legislación reconoce algo que Nueva York entendió muy bien en el pasado: cuando invertimos en vivienda, también debemos invertir en los trabajadores. Ambas cosas nunca deben separarse.
La Ley de Empleos y Vivienda establecería un programa piloto de 500 millones de dólares para preservar viviendas cooperativas asequibles, apoyar la construcción de nuevas viviendas permanentemente asequibles y crear empleos sindicalizados bien remunerados en todo el estado de Nueva York. También ayudaría a que desarrollos de vivienda asequible existentes puedan hacer la transición hacia energía renovable e infraestructura moderna sin desplazar a las familias trabajadoras de sus hogares.
Lo más importante es que este proyecto de ley se basa en un modelo que ya funcionó en Nueva York.
Desde Co-op City en el Bronx hasta Penn South en Manhattan y Electchester en Queens, los sindicatos desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de viviendas cooperativas asequibles para trabajadores. Estas comunidades ofrecieron a generaciones de neoyorquinos una verdadera oportunidad de estabilidad y acceso a la propiedad de vivienda.
Esa historia importa porque la crisis de vivienda también está profundamente vinculada a la desigualdad racial.
Durante décadas, políticas discriminatorias como el redlining —la práctica de negar préstamos y acceso a vivienda en comunidades de color— y los préstamos abusivos excluyeron a muchas familias de oportunidades de propiedad y acumulación de riqueza. Las consecuencias de esas políticas todavía afectan a nuestras comunidades hoy.
La Ley de Empleos y Vivienda ayuda a enfrentar esas desigualdades invirtiendo en vivienda permanentemente asequible mientras crea oportunidades para trabajadores sindicalizados, programas de aprendizaje y negocios propiedad de mujeres y minorías.
Esta no es solamente una ley de vivienda. Es una ley para fortalecer la clase media.
Se trata de si las personas trabajadoras todavía pueden imaginar un futuro para sí mismas en Nueva York. De si las familias jóvenes podrán seguir viviendo cerca de las comunidades que las vieron crecer. De si los trabajadores que construyen este estado todavía podrán permitirse vivir en él.
Durante demasiado tiempo, a los neoyorquinos se les ha dicho que deben elegir entre crecimiento y asequibilidad, entre desarrollo y justicia. Esa es una falsa elección.
Podemos construir vivienda y elevar los estándares laborales al mismo tiempo. Podemos crear empleos y expandir la asequibilidad al mismo tiempo. Podemos hacer crecer nuestra economía sin expulsar a las familias trabajadoras de los vecindarios que consideran su hogar.
En un momento en que las familias enfrentan altos costos, ansiedad económica e incertidumbre sobre el futuro, Nueva York necesita soluciones basadas en estabilidad, dignidad e inversión a largo plazo.
La Ley de Empleos y Vivienda busca construir viviendas, pero también reconstruir la promesa de que, si trabajas duro en Nueva York, deberías poder permitirte vivir aquí.
La Senadora Estatal Jessica Ramos es la patrocinadora de la Ley de Empleos y Vivienda.




