Libros de ayer y hoy
Los Niños Héroes y los miles que mueren por las guerras
La muerte de niños y jóvenes, por la agresión invasora, como sucedió con los Niños Héroes de Chapultepec, deja una herida histórica, de esas que no se curan. El fallecimiento de un menor es uno de los actos más conmovedores, sobre todo si es de forma violenta. En la información que tenemos a diario de las zonas de guerra que estimula el invasor solo en Gaza, la ONU considera que el 30 por ciento de los asesinados eran niños y jóvenes. A estos se agrega a diario el número de niños y jóvenes exterminados por la extensión de las guerras de Israel y la que promueve Estados Unidos en Irán. Y esa información no se queda ahí, porque desde la misma ONU, de parte del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), se destaca que a diario mueren de hambre miles de niños y adolescentes en muchos países de la Tierra. Y siempre ponen como ejemplo el caso de Yemen. Son muertes por otro tipo de violencia, la del control de la riqueza que genera tantos pobres y, coincidentemente, pueden ser los mismos guerreristas, los controladores.
De aquellos cadetes mexicanos del siglo 19, algunos eran casi niños
Cada año, el 13 de septiembre, los gobiernos y las escuelas conmemoran, de una manera especial, la lucha gloriosa que dieron aquellos jovencitos que, superados por la fuerza del invasor, murieron por el país. El homenaje en la capital se hace ante el monumento instalado en memoria de ellos. En esta ocasión se cumplen 179 años de esa gesta heroica de los cadetes de Chapultepec, llamados los Niños Héroes (Ediciones del Sur, Córdoba, 2003).
Tenían entre 14 y 19 años cuando murieron víctimas de la guerra invasora de Estados Unidos, después de que su ejército derrotó insistentemente al México de entonces, avasallado con su poderío y ambición. Escépticos y burlones, algunos niegan el acontecimiento y lo catalogan como algo inventado, pero hay datos históricos que lo confirman. Lo desmiente gente de derecha, presuntos analistas que se burlan incluso del poema que les dedicó Amado Nervo, que tenía informes fidedignos de Juan Escutia, uno de los cadetes, que era su paisano de Nayarit. En ese estado está el museo Juan Escutia, en homenaje al héroe, precisamente. Así negarán algunos el día de mañana los datos que existen sobre el caso de los 43 de Ayotzinapa, cuando en este mes, el día 26, estos jóvenes cumplen doce años de haber desaparecido, sin que se sepa con exactitud qué sucedió con ellos.
Uno se lanzó con el lábaro, para que no vulneraran nuestra bandera
Se creyó durante mucho tiempo que fue el cadete Juan Escutia el que se envolvió en la bandera y se lanzó desde el Castillo de Chapultepec, para impedir que los invasores gringos la pudieran tomar. Posteriormente se descubrió que quien realizó ese gesto fue Francisco Montes de Oca, que tenía 19 años. Los cadetes estudiaban en el Colegio Militar y dieron una lucha cuerpo a cuerpo pese a la superioridad numérica de los gringos. Se refugiaron en Chapultepec; eran 200 los cadetes y 632 los soldados. Las fuerzas invasoras eran comandadas por el general Winfield Scott, quien envió a su mayor Pillow a enfrentar a los mexicanos. Estos resistieron dos días, pero finalmente se dieron por vencidos. México había sido un escenario de guerra desde años atrás y se peleaba en Veracruz y otros sitios contra un Estados Unidos desbocado —como ahora—, que quería a todo trance anexar más territorios de los que ya había robado. Los cadetes honrados desde entonces en todas las escuelas de México fueron, con el teniente Juan de la Barrera: Juan Escutia, Francisco Márquez, Agustín Melgar, Francisco Montes de Oca y Vicente Suárez. Amado Nervo les dedicó su famoso poema: Los héroes niños de Chapultepec.




