Juego de ojos
Vítores a Cuba. Fidel y el Che, estatuas sin respuesta
Los gritos de solidaridad a Cuba cimbraron parte de la ciudad. Pero el recuerdo sustraído de sus dos grandes personajes, Fidel y el Che, trajo a la fecha la ofensa que han hecho a las estatuas de ambos. El agresivo caso de esas estatuas, que fueron desalojadas del sitio en donde estaban, en el parque Jardín Tabacalera de la alcaldía Cuauhtémoc, generó un episodio de agresión contra seis personas que fueron sobajadas y golpeadas. No hay que olvidar que el cambio y la desaparición de las estatuas se debieron a órdenes de la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega.
El caso ahora mencionado se produjo el mismo día de la celebración del 26 de julio, cuando seis integrantes del Frente de la Juventud Comunista se presentaron en la mencionada alcaldía y exigieron que las estatuas fueran restituidas. De pronto, policías al servicio de la funcionaria los empujaron y los detuvieron por largos momentos, tiempo durante el cual fueron golpeados, según declaraciones de las víctimas. Los manifestantes mencionados se dirigían a la movilización de miles de personas que participaron en homenaje a Cuba y a los 73 años del inicio de su Revolución. Los manifestantes llegaron a la antigua sede de la embajada de Estados Unidos para plantear, con miles de voces, que Cuba debe ser respetada por el país del norte, que la tiene sujeta a un bloqueo que afecta desde hace décadas a la isla. Los jóvenes agredidos informaron del hecho, pero hasta el momento no se sabe de sanciones.
Ignorancia y retraso ideológico llevaron a De la Vega aocultar estatuas
Llevada por su retraso ideológico, la señora Rojo de la Vega consideró que era un peligro, tal vez, que los dos grandes héroes de la Revolución cubana estuvieran a la vista de las personas que acuden a ese parque. Y, sin medir las consecuencias ni lo que podía ocurrir legalmente, ordenó que las estatuas fueran retiradas de donde estaban. Eso ocurrió en julio, hace un año, pero hasta el momento no se sabe qué pasó con las estatuas, qué sucedió con ellas ni si fueron destruidas. Legítimamente, los jóvenes citadinos que acudieron al sitio para exigir la restauración no tenían por qué ser agredidos, y eso debe derivar en la sanción que ya debe imponerse a la mencionada alcaldesa.
La ley que regula esas situaciones señala penas de dos a siete años para quien robe, esconda o desaparezca bienes públicos, pero existen agravantes si se trata de funcionarios públicos que tienen la obligación de cuidar esos bienes. No es cuestión de gusto lo que tienen que hacer quienes llegan a un cargo de poder local, sino resguardar los bienes que ya tenía la ciudad. En todo caso, cualquier diferencia puede someterse a juicio o acudir a los organismos que atienden esos asuntos en la jefatura de Gobierno de la capital. Rojo de la Vega ya está sometida a proceso y puede ser inhabilitada por varios años.
El proceso en contra de Rojo de la Vega sobre las estatuas sigue vigente
Las alcaldías, según su regulación, no pueden alterar los bienes públicos de su jurisdicción. Tienen prohibido enajenar, vender o subastar bienes y, ante cualquier situación que se presente, deben recurrir al Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos. Al presentarse la situación hace doce meses, la jefatura de Gobierno de la ciudad abrió un proceso legal y administrativo a través de la Secretaría de Planeación, Ordenamiento Territorial y Coordinación Metropolitana, que sigue su curso. Hechos como el ocurrido recientemente contra los seis jóvenes exaltan de nuevo el caso y, a lo mejor, pronto sabremos cuál será el resultado de esta violación.




