Itinerario político
Beauvoir. La sangre de los otros (que se derrama)
La sangre, ese líquido vital, se maneja a diario desde muchos puntos de vista. Uno de ellos, el más terrible, es el de la sangre derramada a diario por los países guerreristas, sin tener piedad ni respeto por la vida de los demás. La forma como organizan sus guerras y las siguen imponiendo (Trump anunció la décima embestida contra Irán el 22 de julio de este año) no toma en cuenta —o la toman en cuenta a propósito— que la sangre es lo que mantiene la vida y, aun así, destruyen y matan sin piedad, mientras el mundo, insólito, sin salida, se manifiesta con las manos cruzadas y se queja, denuncia e implora, pero es todo lo que puede hacer. Las guerras siguen.
Ese líquido vital, recalcamos, presente en todos nosotros, se maneja a diario en un mundo desarmado desde otras perspectivas. Una de ellas es la demanda para que la gente aporte algo de esa riqueza que pueda servir a los demás y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que cada país debería recibir: el dos por ciento de la sangre de su población. En México, ese aporte llega al tres por ciento por cada cien personas. Pero, salvo la donación en casos familiares o de amigos cercanos enfermos, cuesta trabajo lograrlo.
LA SANGRE, EVIDENCIA DE SALUD, SE REVISA A DIARIO A MILLONES EN MÉXICO
Saco el tema porque fui al IMSS por una revisión normal de sangre solicitada periódicamente por los médicos. Y se queda una sorprendida de la enorme cantidad de gente que se presenta. Colas concurridas que, por cierto, van siendo atendidas rápidamente con el bracito levantado por unos minutos. Eso se ve a diario entre semana en los hospitales y clínicas del IMSS, pero también en centros médicos privados o en empresas dedicadas a ese fin. Es una sangre, pues, periódicamente revisada en lo general, aunque debe haber sectores que no alcanzan ese apoyo o que, por miedo, se niegan a colaborar.
Hay personas, es mi caso, que tienen dificultades para la extracción de la muestra. Esta vez se intentó muchas veces en brazos y manos y, ante la negativa, se cerró el consultorio de los muchos que daban atención, porque mi caso siempre es largo. La enfermera, muy profesional, lo intentó, pero ante lo difícil del caso llamó a una de las expertas del Hospital Carlos MacGregor y, entre las dos, manos a la obra, lograron extraer el líquido un poco arriba de la mano derecha para llenar cuatro tubitos. Después, como la mayoría de la gente que fue atendida, salí muy bien de la extracción; nunca sentí nada y me retiré tranquilamente tras haber descansado diez minutos, entre los muchos que esperaban su extracción. Desde aquí agradezco la excelente atención de las dos enfermeras.
SIMONE DE BEAUVOIR: LA SANGRE DE LOS OTROS, AQUELLOS QUE SON AGREDIDOS
Por ser un tema vital, el de la sangre ha sido abordado por muchos escritores, poetas, pintores, etcétera, a lo largo de los años y los siglos. Yo tengo algunos libros que tratan el tema, como Sergio Ramírez, de Nicaragua, quien escribió ¿Te dio miedo la sangre?; Luis Spota, que publicó La sangre enemiga; entre muchos otros, así como poemas de Diana Ugalde (1917) al tratar, entre otros, el tema de los desaparecidos.
Un libro que causó un gran efecto fue el de la filósofa, académica y escritora francesa Simone de Beauvoir, con su título de 1945, La sangre de los otros (Seix Barral/Planeta, 1985), publicado al término de la Segunda Guerra Mundial. Es un libro que analiza por qué algunas personas deciden dedicar su vida a denunciar y enfrentar la violencia que ejercen los demás, aunque peligre su propia vida. Fue el caso de grandes luchadores en esa guerra tan mortal.
De pronto los vemos actualmente en las guerras vigentes, en el caso de Gaza, por ejemplo, en donde, junto con la población, murieron centenares de médicos, enfermeros y personal de apoyo de la ONU. Son seres que deben tener un lugar importante en nuestra memoria. Y encontrar justicia.
La gran Simone, compañera de Jean-Paul Sartre, siguió escribiendo y se especializó en temas de apoyo al género femenino. Murió en 1986.




