Indicador político
El peligro de las multitudes: ¿A qué jugaremos?
Los datos han demostrado que el juego puede llevar a la muerte. Las personas que murieron aquí y en Baja California, y otras centenares que quedaron afectadas por expresar en conjunto su alegría, demostraron una vez más que la euforia puede ser peligrosa cuando es masiva. Las enormes concentraciones que han provocado los juegos de México en este evento mundial de la FIFA han sido trágicas para varias personas, que fueron, por su edad, a excepción de una joven de 19 años, personas de edad mediana, cuya salud tuvo que ser muy delicada para no resistir la presión, o tenían enfermedades sujetas a convulsiones. Las grandes multitudes se tornan peligrosas. En México se ha demostrado en las famosas estampidas, algunas en el estadio de la UNAM —a mí me tocó una y fue terrible—, en las que murieron varias personas; pero ha sucedido también en los toros, en eventos artísticos en los que se caen las instalaciones, etcétera. A menudo, en otros países ocurre lo mismo. En este caso, la Jefatura de Gobierno de la capital ya está previendo el próximo juego, que será crucial contra Inglaterra, para el día 5 de julio, y entre otras acciones está previendo la alternativa de otros sitios. Cosa que se vislumbra difícil porque la gente tiene una especie de obsesión por el Ángel y ahí se aferra. Veremos qué pasa.
Veamos otro tipo de juego, que tiene otra perspectiva entre sus seguidores, en el libro ¡A qué jugaremos?, del pastor adventista Pedro Enrique Gil.
CON SU LIBRO ¿A QUÉ JUGAREMOS?, PEDRO ENRIQUE GIL HA PUESTO A JUGAR A MILES
El juego político, por un lado lleno de trampas, agresiones y mentiras y, por el otro, el juego defensivo, pese a la prudencia y propuesta de diálogo, no tienen nada que ver con el auténtico juego, "como un refrigerio del alma", como lo califica Pedro Enrique Gil, autor del libro multieditado ¿A qué jugaremos? Verdadera teoría de la recreación, la obra ofrece todos los ángulos del juego en la vida de la humanidad como un aliciente no solo de alegría y pasatiempo, sino como un concepto filosófico de descanso mental y corporal, de relaciones humanas a partir del regocijo y como un desalentador de tensiones y preocupaciones.
Este libro lo leí por primera vez allá a fines de los sesenta del siglo pasado y tengo la última edición, de septiembre de 2002, en la que se lanzaron cinco mil ejemplares que volaron en poco tiempo. Con un planteamiento sobre lo que es la recreación, el autor señala los dos conceptos que más se han significado y habla de una recreación estimulante, excitante, vigorosa y otra disipadora, agotadora, como malsana diversión. Cuándo y cómo debe ser la sana diversión es tema de sus reflexiones y, como si aplicara su propia teoría del juego, se desliza lentamente y con satisfacción hacia los juegos que investigó y que volcó en esta edición corregida y aumentada, publicada por Ediciones Enfoque.
Aparecen centenares de juegos con sus respectivas referencias y orígenes, sus formas de desarrollo, personas, lugares, utensilios y cosas que deben tomarse en cuenta para su aplicación. Algunos son muy ingeniosos, como cuando se juega a las parejas y aparecen los famosos personajes históricos y bíblicos. Si bien la mayoría concuerda y coincide como parejas, en algunos, con sentido del humor, se adjudica una pareja famosa que los relaciona, por ejemplo, a Julio César con Bruto, a David con Goliat, a Castor con Pólux, etcétera. Son juegos altamente educativos, que precisan ciertos conocimientos, cierta habilidad y audacia. Menciona, con sus diferentes variantes: 263 juegos activos, 95 juegos pasivos, 57 juegos de destreza y agilidad mental y 34 juegos para niños.
Empieza su libro con una importante advertencia del poema de Ismael Parraguez:
¡Juega! y no turbe tu juego
preocupación alguna,
la rueda de la fortuna
dará una vuelta muy luego.




