Indicador político
El más grande lo es, por los valores que exalta
¿Podrá alguien en la historia de la humanidad haber sido hasta este momento el ser humano más grande? Es bastante difícil porque la grandeza tiene muchas connotaciones. Y está sujeta a gustos y concepciones. Y puede existir grandeza en ciertas características y carecer de ella en otras. Es una pregunta, además, que pocos hacen para no perder el tiempo. Pero hoy mencionaremos a uno que fue considerado El Más Grande no solo por sus disposiciones físicas, sino por todos los valores que expuso, a riesgo de su propia vida y libertad, lo que lo hizo merecer la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor de Estados Unidos, en 2005. Ya saben ahora a quién me refiero. Nada menos que a Muhammad Alí, nacido Cassius Clay Jr., el gran boxeador y luchador por los principios humanos más profundos, como es la libertad, quien murió el 3 de junio de 2016 en Phoenix, Arizona. Opositor por principio a ser parte de las guerras que promueve ese país a cada rato, fue un gran enaltecedor del pueblo de Vietnam por haber triunfado contra su poderoso país. Su medalla no ofendía a su propia nación, sino que le daba una lección de pacifismo a todos los que exaltan la guerra, como es el caso de su actual presidente, Donald Trump.
El mismo 3 de junio se nos fue Franz Kafka, el escritor checo de profunda influencia, al morir en Kierling, Austria, en 1924. Decimos que no es el más grande, pero para muchos lo puede ser. Su enorme talento lo confirma. Fue un extraño escritor que expresó su creatividad no en el margen de lo irreal, sino en una ficción que funciona como metáfora. Una obra que da lecciones al ser humano. Así leemos ese recorrer sin un fin lógico, como no sea la burocracia, que tiene en El proceso (Nórdica, 2024, lanzada por el centenario de su muerte). Y así, nos metemos también en el cerebro de la alimaña en La metamorfosis, para entender la vida de un empleado destruida por la mediocridad y el poco afecto de su familia. Sus biógrafos, sobre todo el más cercano, Max Brod, insisten en su vida alterada por la relación con su padre, pero también en una extraña enfermedad que por años lo afectó y lo llevó a la tumba aquel 3 de junio.
El poeta Carlos Pellicer no nació ni murió en el mes de junio, pero la poesía está en todo momento y este, uno de los grandes de ese entorno, expresa su momento en dos partes de Hora de junio.
Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora, como el viento,
la esperanza más dulce y espaciosa.
Yo saqué de mi voz la limpia rosa,
única rosa eterna del momento.
No la tomó el amor, la llevó el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.




