Itinerario político
La piedra de hoy y aquella del Pípila
Juan José Martínez Amaro El Pípila, murió el 25 -o 26- de julio de 1863, casi 53 años después de haber cargado enorme piedra sobre sus espaldas, para abrir la puerta de la Alhóndiga de Granaditas. Eso ocurrió el 28 de septiembre de 1810. Tenía 28 años y salvó del hambre al ejército hidalguense. Ahora, casi 216 años después, el mundo carga la piedra pesada de la guerra, pero muchos, desde su perspectiva personal, suelen cargar la piedra simbólica de un problema. La piedra, he ahí un objeto que puede convertirse en la metáfora, en miles de formas para señalar el peso que algo significa. Eso ha hecho que el término sea tan usado, que se asombra uno de encontrar tantos libros que llevan ese nombre en el título. Se usa en la novela, en la poesía, en la canción, en mucho, de tal manera que cuando la piedra es manejada como tal, en menciones de construcción por ejemplo, en pesos que hay que maniobrar, en descripciones de paisajes, etcétera, es menos que como se mencionó antes. El propio Octavio Paz, el Premio Nobel, escribió uno de sus más bellos poemas en Piedra de sol que hace referencia a la gran Piedra de sol de nuestros ancestros. Y el gran José Alfredo la usaba para definir su destino:
Una piedra en el camino
Me enseñó que mi destino
era rodar y rodar.
Después me dijo un arriero,
que no hay que llegar primero,
pero hay que saber llegar.
CÉSAR VALLEJO EL POETA PERUANO, RECALCÓ LA PIEDRA EN UN TÍTULO DOBLE
La piedra se mete en infinidad de poemas, pero a César Vallejo el poeta peruano se le olvidó mencionarla dentro o no quiso, en su famoso soneto Piedra negra sobre una piedra blanca (Poemas 1939. Planeta 1999, Argentina. Ediciones modernas). El poema es bello, ahí se da, pero la piedra solo queda muy constante en el título. Aquí, parte alargada de su soneto:
Me moriré en París
con aguacero,
un día del cual,
tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París
-y no me corro-
tal vez un jueves
como es hoy,
de otoño.
EL PÍPILA, ENTRE LOS VALIENTES SOLDADOS QUE ACOMPAÑARON A HIDALGO
Se recuerda que aquel 28 de septiembre de 1810 en Guanajuato, Miguel Hidalgo acompañado por Ignacio Allende, no podían acceder a la Alhóndiga de Granaditas porque el enemigo estaba dentro y lanzaba permanentes balas. Fue entonces cuando Juan José Martínez Amaro, El Pípila, minero que se había sumado a las fuerzas de Hidalgo, se ofreció -aunque los críticos dicen que Hidalgo le ordenó cosa que no menciona la historia-, a llegar a la puerta con una losa, piedra en sus espaldas, con una antorcha encendida y un ramo de ocote. Tardó siete minutos en llegar pese a las balas, y encender la puerta. Las fuerzas hidalguenses entraron y vencieron a los enemigos. Los opositores dicen que fue una matanza interna y que hasta niños fueron eliminados, cosa absurda porque el sitio era un reducto que guardaba alimentos y cereales y con el enemigo solo estaban soldados del ejercito realista. Al Pípila, lo llamaban como a los pavos en esa época, porque tenia un lunar en la cara parecido a un ave de ese tipo. Aunque otros dicen que su seudónimo era por la forma como hablaba. Lo importante es que aquel acto lo convirtió en un héroe y así lo configura la historia. Todavía´después de aquel hecho extraordinario, vivió 53 años más.




