Juego de ojos
La presidenta de México suele pregonar en sus “mañaneras del pueblo”, que ella y su gobierno son algo así como la salvación de la patria.
Se dice la representante “del pueblo”.
Presume que es respaldada por “el pueblo”.
Pregona que “el pueblo” la apoya y la defiende.
Y dice que, gracias a su gobierno, hoy en México se vive lo más parecido al paraíso terrenal.
Sin embargo, la realidad exhibe a una presidenta mexicana que no solo falta a la verdad, sino que es parte de una farsa de Estado –de una dictadura--, que solapa la complicidad entre la política y las mafias criminales mexicanas, al extremo de que el México de hoy es visto por el mundo como uno de los mayores “narcoestados”.
Y por eso debemos volver al recurso periodístico del contraste entre la realidad y el discurso político mentiroso de la presidenta, de su partido y de sus gobiernos.
1.- A pesar de los dichos de la presidenta, lo cierto es que México vive hoy el peor contubernio de la historia, entre los grupos criminales y el poder político. Una complicidad que ha enriquecido hasta la náusea a políticos del partido oficial y que ha llevado a los grupos criminales al poder.
2.- Por esa razón, hoy más que nunca las instituciones del Estado están empeñadas en brindar la mayor impunidad posible a sus socios, los grupos criminales.
3.- Grupos que, como nunca, han financiado carreras políticas de todos los niveles para establecer lo que ya se conoce como el “narcoestado” mexicano.
4.- Y es que los cárteles criminales lo mismo han financiado la construcción de partidos políticos –como Morena--, y han impulsado a “narco-presidentes” –como López Obrador y Claudia Sheinbaum--; han impuesto a “narco-gobernadores”, “narco-alcaldes” y “narco-legisladores”.
5.- Todo ello en medio de la mayor ola de violencia, crimen y desaparecidos que haya vivido nuestro país en tiempos de paz.
6.- Por eso y como nunca, madres y padres “buscadores” recorren el país entero no solo para exigir una justicia que no llega, sino para localizar a sus seres queridos desaparecidos y para realizar el trabajo que corresponde a las fallidas instituciones del Estado.
7.- Y es que, en los hechos, vivimos una dictadura que destruyó la división de poderes, que atrapó a los poderes judicial y legislativo y que destruyó los contrapesos del poder.
8.- Una dictadura que modificó todo el sistema electoral que daba certeza y legitimidad a las elecciones y que garantizaba la alternancia en el poder.
9.- Dictadura que corrompe todo lo que toca al extremo de llevar a la economía nacional a una crisis como no había ocurrido en décadas, con la mayor deuda externa de la historia y el menor crecimiento en años.
10.- Poder absoluto que ha destruido los sistemas de salud y educativo y que ha provocado millones de muertes por la falta de medicamentos y por el abandono de instituciones otrora emblema, como el IMSS y el ISSSTE.
11.- Y, por si fuera poco, todas las obras realizadas por los gobiernos “morenistas” --, tanto a nivel federal, como estatal y municipal-- han resultado en un rotundo fracaso, mientras que miles de políticos de ese partido se roban el dinero público sin que ninguna autoridad sea capaz de sancionar a nadie.
12.- Una dictadura en la que se han cancelado libertades que son básicas en toda democracia que se respete; libertades como las de expresión, protesta y manifestación han sido canceladas.
Pero aún hay más. Y es que el más reciente golpe a lo que quedaba de la agonizante democracia mexicana salió de Palacio, a través de una iniciativa que modifica las reglas del sistema electoral y que, de manera literal, pretende garantizar la permanencia en el poder de la “narcodictadura” de Morena.
Es decir, se cierra el círculo para perpetuar una “narcodictadura” que sepultó la democracia mexicana.
Al tiempo.




