De norte a sur
A propósito de la copa mundial de futbol que en su vigésima tercera edición se celebra, por primera vez en la historia, de forma conjunta en tres países (México, Estados Unidos y Canadá), parece inevitable reflexionar acerca del papel de las mujeres en este deporte que es considerado el más practicado y el que cuenta con mayor afición a nivel global.
Históricamente se había considerado que el futbol era un deporte de los hombres y para los hombres, lo que ha provocado barreras y brechas de género que persisten actualmente, pese a que el interés y la participación de las mujeres en el futbol se ha incrementado considerablemente en los últimos años (según reportes de la UNESCO, en 2023 16.6 millones de mujeres y niñas lo practicaban).
Para muestra, basta con ver las copas mundiales de futbol femeniles que han sido organizadas por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Mientras que la primera copa mundial se registró en 1930 y desde entonces se han organizado 23 torneos internacionales de futbol varonil, la primera edición de la copa mundial femenina se organizó hasta 1971 en México.
En cuanto a las brechas salariales, existe una diferencia sustancial entre la remuneración que recibe un jugador y una jugadora de futbol; en México, por ejemplo, se estima que el salario de una mujer futbolista profesional puede llegar a ser 90% o más inferior al de un hombre en la misma categoría. Esta brecha salarial también se encuentra presente a nivel mundial, basta con ver el pago que recibe un jugador de futbol frente a una jugadora en la Copa del Mundo: en 2022,en el mundial de Qatar, la FIFA fijó como pago a cada futbolista 10 mil dólares por cada día que permaneció en el torneo, por lo que los jugadores que llegaron a la final de la copa recibieron 370 mil dólares, mientras que para el mundial de 2023 de Australia y Nueva Zelanda la FIFA estableció como remuneración 195 mil dólares por jugadora subcampeona y 270 mil dólares por jugadora campeona.
Situación similar ocurre en cuanto a campañas publicitarias y patrocinios; las compañías realizan una mayor contratación de deportistas hombres que mujeres, lo que contribuye a la desigualad salarial entre géneros. También la diferencia en la cobertura que realizan los medios de comunicación a los torneos de futbol de hombres y mujeres y a las y los jugadores en lo individual, incide en las brechas salariales.
La participación de las mujeres en los órganos directivos de las confederaciones y federaciones de futbol también requiere un análisis en cuanto a su inclusión en los órganos de toma de decisiones. En el caso de la FIFA, en 2016 estableció una medida para aumentar la participación de las mujeres en cargos directivos dentro del órgano, con lo que se aseguró la presencia en su Consejo de al menos seis mujeres que representen a cada una de las seis confederaciones.
En los cuerpos técnicos de los equipos de futbol, también existe una escasa participación de mujeres, aun tratándose de equipos femeniles. Tan solo en 2023, la FIFA reportó que solo 12 de las 32 personas entrenadoras principales de la Copa Mundial Femenina de 2023 eran mujeres. Ante esta situación y para promover la igualdad de género, en marzo de este año la FIFA incorporó una medida para que todos los equipos que participen en los torneos femeniles organizados por dicha federación garanticen “que su entrenadora principal y/o al menos una de las entrenadoras asistentes sea mujer, que al menos un miembro del personal médico sea mujer y que al menos dos de los oficiales sentados en el banquillo del equipo sean mujeres”. En el caso del arbitraje también existen brechas importantes. Para este mundial, de las 170 personas arbitras, solo 7 son mujeres.
Lejos de los factores económicos y sociales que se encuentran inmersos en esta actividad deportiva y sin desconocer los avances que se han logrado a partir de acciones afirmativas para incrementar la participación de las mujeres en el futbol, en todas sus aristas, se debe seguir trabajando para eliminar las barreras que enfrentan las mujeres en esta y otras disciplinas deportivas, y que el deporte, al igual que otros espacios, esté libre de discriminación. Esperemos que la próxima Copa Mundial Femenina de Futbol de 2027 en Brasil sea un fenómeno global como el torneo en curso.




