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MANHATTAN, Nueva York, EU, 29 de julio de 2026.- El musical mexicano MONARCH llegó al distrito teatral de Broadway con una historia sobre migración, identidad, familia y esperanza. La producción ofreció funciones del 23 al 26 de julio en The American Theatre of Actors, como parte del Midtown International Theatre Festival 2026. Su presentación en Manhattan marcó una nueva etapa en un recorrido que comenzó hace casi cuatro años en Los Ángeles y que después pasó por Washington D. C. y la Universidad de Harvard.
La obra utiliza el viaje de la mariposa monarca como metáfora del desplazamiento humano. Cuenta la historia de Luis, un mexicano que abandona Michoacán después de que la violencia destruye el santuario de mariposas donde trabajaba. Durante el recorrido hacia Estados Unidos pierde a su esposa. Ya en territorio estadounidense, debe criar solo a su hija Ana, quien crece como beneficiaria de DACA y enfrenta el conflicto de pertenecer a dos países.
La puesta en escena fue escrita por Mayu Molina Lehmann y Alfonso Molina, quien también compuso la música. La dirección estuvo a cargo de Rodolfo Nevárez. La propuesta combina las raíces sonoras mexicanas con el lenguaje contemporáneo del teatro musical. El elenco y el equipo creativo están integrados, en gran parte, por artistas originarios del norte de México.
Horacio Castelo participa como productor y como intérprete del Nagual, una figura mística que guía al público a través de la historia. Nacido en Hermosillo, Sonora, Castelo ha desarrollado una trayectoria de casi cuatro décadas en teatro, cine y televisión. Ha participado en más de 40 películas, produjo Estar o no estar y alcanzó proyección internacional con la serie El Vato. En entrevista, habló sobre el origen de MONARCH, la representación de los migrantes y el sueño de presentar este proyecto en Nueva York.

—MONARCH utiliza la migración de la mariposa monarca como metáfora del desplazamiento humano. ¿Cómo nació la idea de contar así la experiencia de los migrantes mexicanos?
—La idea surgió de la indignación que nos causaba el trato y el maltrato hacia los migrantes en Estados Unidos. La escritora Mayu Molina, el compositor Alfonso Molina y yo crecimos en Sonora, cerca de la frontera. Desde niños vimos el sufrimiento de muchas personas que cruzaban el desierto. También conocíamos casos de familiares, amigos y vecinos que vivían en Estados Unidos y enfrentaban injusticias.
Nosotros viajábamos con frecuencia a Nueva York para ver musicales y sentíamos que no existía uno que representara plenamente a los migrantes latinos, pese a que son una comunidad muy fuerte en Estados Unidos. La idea comenzó hace unos diez años. Poco a poco se sumaron actores, cantantes y otros artistas. Trabajamos en el libreto, las partituras y la producción hasta construir la obra que finalmente presentamos en Nueva York.
La estrenamos hace casi cuatro años en Los Ángeles. Tuvimos dos temporadas con funciones agotadas. Pensábamos que sería recibida principalmente por el público latino, pero una parte muy importante de la audiencia fue anglosajona. Eso nos sorprendió. Después llegaron Washington, Harvard y ahora Nueva York. Con las actuales políticas migratorias, sentimos que este era el momento de llevarla más lejos.
—¿Qué significado adquirió presentar esta historia en Estados Unidos, en medio de las actuales tensiones políticas sobre la inmigración?
—Significó dar una voz más fuerte a quienes casi nunca son escuchados. Queríamos poner a los migrantes sobre el escenario y decir: “Estos somos los latinos. Estas personas han ayudado a construir y fortalecer esta nación”. La obra muestra valores como la familia, la hermandad, la lealtad y la amistad.
No es una obra agresiva. Tampoco se limita a denunciar. Presenta una realidad y pregunta qué podemos hacer para convivir y encontrar soluciones. La migración es un fenómeno mundial y natural. Ha existido siempre. Los pueblos se han formado a partir de los movimientos humanos.
La mariposa monarca refleja muy bien esa experiencia. La primera generación inicia el viaje y muchas mariposas mueren durante el recorrido. Las siguientes generaciones continúan hasta llegar al norte y después regresan a México. Algo semejante ocurre con muchos migrantes. Salen de sus países y, en ocasiones, nunca pueden volver. Viven con la nostalgia de su tierra, su familia y sus tradiciones.

—Usted interpreta al Nagual, el narrador de la historia. ¿Qué representa este personaje y cómo construyó su presencia escénica?
—El Nagual es una figura mítica y espiritual presente en muchos pueblos indígenas de México. Puede ser un curandero, un hechicero o un ser capaz de transformarse en humano o animal. Es quien observa lo que sucede y conserva las historias para contarlas a las generaciones siguientes.
Al principio me ofrecieron interpretar al agente de migración, Officer Castelo. Mi carrera ha estado llena de villanos y pensé que podía ser divertido hacer otro en un musical en Nueva York. Pero después propuse interpretar al Nagual. Quería alejarme de los antagonistas y trabajar con una figura que representara la sabiduría, la protección y la esperanza.
Investigué las tradiciones de pueblos indígenas del norte de México, como los yaquis, los seris y los mayos. El vestuario de los demás personajes es urbano y contemporáneo, pero el mío está basado en la ficción. Uso un abrigo enorme, de aproximadamente 50 libras. Sus piezas parecen escamas o plumas, según la iluminación.
También buscamos una manera particular de caminar y de ocupar el escenario. El personaje debía parecer un ser de unos 200 años. Tiene el peso de la experiencia, pero también bondad y benevolencia. Él cuenta los momentos más duros del viaje de Luis y, al mismo tiempo, mantiene vivo el mensaje de que una parte del espíritu siempre encuentra el camino de regreso a su origen.
—La obra aborda la violencia, la indocumentación y la separación familiar. ¿Cómo evitaron caer en estereotipos sobre México y los migrantes?
—Nos interesaba mostrar los valores de las comunidades latinoamericanas y, especialmente, de las familias mexicanas. La unidad familiar, la solidaridad y la lealtad son centrales en la obra. No queríamos presentar al migrante como una amenaza ni reducir a México a la violencia o al narcotráfico.
Luis sale de México porque la situación en Michoacán le impide continuar con su vida. Pero la obra no se recrea en la violencia. El punto principal es que el migrante llega en son de paz. Busca una vida mejor y carga consigo un costal lleno de nostalgia, tradiciones y recuerdos.
Queremos mostrar las cosas buenas que las personas llevan de un país a otro. Los migrantes no pretenden destruir la sociedad que los recibe. Llegan para trabajar, aportar y construir una nueva vida.

—¿Cuál fue el mayor reto de trasladar una producción de origen sonorense a un escenario internacional?
—Una de las primeras decisiones fue hacer la obra completamente en inglés. Queríamos contarla en un idioma que permitiera llegar a públicos de muchos países. La historia debía poder entenderse en Nueva York, pero también en una ciudad pequeña de Europa o en cualquier lugar donde exista una comunidad migrante.
El reto era retratar la migración como un proceso humano y universal. Todos los pueblos han migrado en algún momento. Muchas culturas se han formado gracias a quienes llegaron desde otros lugares. Necesitábamos contar eso de manera clara y mostrar que los migrantes no son una amenaza para los países que los reciben.
—Su primera experiencia con el teatro musical ocurrió en Dinamarca, cuando participó en una producción local de Cats. ¿Qué aprendió entonces y qué reapareció ahora en MONARCH?
—Salí de Sonora siendo muy joven y llegué a Dinamarca para estudiar actuación, teatro e idiomas. En aquel momento yo ni siquiera sabía que existía el teatro musical. En Sonora no tenía acceso a ese tipo de producciones. Cuando conocí Cats, descubrí que también podía cantar e interpretar personajes a través de la música.
Desde entonces han pasado casi 40 años. He hecho telenovelas, series, películas y muchas obras de teatro. Con el tiempo se adquiere madurez vocal, física y emocional. En MONARCH compartí el escenario con intérpretes jóvenes que tienen habilidades físicas extraordinarias. Yo recordaba que a su edad podía hacer cosas similares.
Ahora quizá no tengo la misma energía corporal, pero puedo construir un personaje con mayor peso dramático. La experiencia, las pérdidas, los sacrificios y el aprendizaje terminan apareciendo sobre el escenario. Presentar esta obra en Nueva York me hizo mirar hacia mis comienzos y reconocer todo el camino recorrido desde aquel primer musical.
—Después de más de 40 películas y una extensa carrera audiovisual, ¿qué le ofrece el teatro que no encuentra frente a una cámara?
—El teatro es la base para aprender a caminar en el mundo del entretenimiento. En una función puede fallar una luz o un micrófono. El actor debe resolver en ese mismo instante. Eso genera experiencia, oficio y capacidad de reacción.
La gran diferencia es que el público está ahí. Uno puede medir, como con un termómetro, si está conectando con las personas. Se siente cuando algo funciona y también cuando no funciona. Cada función es una experiencia única e irrepetible para el actor y para el espectador.
Mi personaje rompe la cuarta pared. Hablo directamente con el público. Puedo mirar a las personas a los ojos y ver si están emocionadas o llorando. Para mí, provocar una emoción o despertar un recuerdo es uno de los mayores placeres. Soy un contador de historias. Eso es lo que más disfruto.
—¿Qué representa MONARCH dentro de la evolución de su carrera?
—Representa la oportunidad de contar una historia de México, de Sonora y de los latinos desde un lugar de esperanza. He interpretado muchos villanos, tanto en televisión como en cine. El Nagual me permitió construir un personaje diferente. Es alguien que acompaña, protege y conserva la memoria de una comunidad.
También significa cumplir un sueño que comenzó cuando era niño. Después de tantas producciones, llegar a Nueva York con un proyecto creado por artistas sonorenses fue muy especial. No llegamos solamente como intérpretes. Llegamos con una obra propia y con una historia que queríamos compartir con el mundo.
—¿Qué viene ahora para MONARCH después de las funciones en Nueva York?
—Desde el primer día, nuestro sueño era llevar MONARCH a Nueva York y al circuito teatral de Broadway. Participar en el Midtown International Theatre Festival y presentarnos en The American Theatre of Actors fue una meta muy importante.
Las funciones despertaron el interés de personas que quieren llevar la obra a distintos consulados de México en Estados Unidos. Nos gustaría recorrer la Unión Americana y presentar este mensaje ante diferentes comunidades migrantes. La mariposa monarca apenas comenzó su vuelo.

Después de llegar a Nueva York, también empezamos a pensar en otros escenarios. Si pudimos entrar en uno de los mercados más difíciles del mundo, nos preguntamos qué tan difícil sería llegar al West End de Londres. Ese podría ser uno de los próximos pasos.
En lo personal, este ha sido un año muy generoso. Participé en varias películas. Una de ellas es Operación Trineo, que se estrenará durante la temporada navideña y en la que interpreto a Santa Claus. También vienen El águila y el gusano y Adán soy tu ave. El cine sigue siendo uno de mis principales motores para contar historias.
Además, una de las funciones de MONARCH en Nueva York coincidió con mi cumpleaños. Fue muy emocionante celebrar sobre un escenario, en la ciudad donde había soñado estar desde niño. Fue un gran cumpleaños y la realización de un sueño de toda la vida.




