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BROOKLYN, Nueva York, EU, 2 de septiembre de 2026.- Casi un siglo después de que Federico García Lorca caminara por una Nueva York sacudida por el crack financiero de 1929, el poeta español vuelve simbólicamente a la ciudad que inspiró una de sus obras más inquietantes. Esta vez lo hace desde Brooklyn, donde Poeta en Nueva York se transforma en una experiencia teatral.
La adaptación se estrena en El Armario Performance Lab, espacio artístico ubicado en 5 Linden Boulevard, Brooklyn, con una primera función que ya agotó sus entradas.
Lejos de trasladar simplemente los poemas al escenario, la propuesta busca convertirlos en un recital visual, recuperar la oralidad que Lorca defendía y permitir que el público se acerque al universo del poeta a través de aquello que él mismo llamaba El Duende.
Lorca llegó a Nueva York en 1929 y residió durante parte de su estancia en la Universidad de Columbia. Allí fue testigo del colapso de Wall Street y entró en contacto con una metrópolis marcada simultáneamente por la modernización, las profundas desigualdades sociales y la efervescencia cultural. De esa experiencia surgió Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930 y publicado de manera póstuma en 1940.
Para Jay Fabiane, conocido artísticamente como Chico Raro y fundador y director de El Armario Performance Lab, el montaje también tiene una dimensión personal. Durante casi dos años de existencia del espacio, nunca había presentado una obra vinculada a Federico García Lorca, pese a que el escritor forma parte de su propia historia como artista.

“Lorca realmente es importante para mí. La primera vez que trabajé, Lorca tenía, yo creo, 15 años”, explicó Fabiane. Por eso, presentar ahora el texto dentro del espacio que él mismo creó adquiere un significado distinto: “Este espacio es como una extensión de mi cuerpo, es una extensión de lo que hago como artista”.
La propuesta busca que el espectador no observe Nueva York desde una distancia histórica, sino que la reconozca.
Fabiane habla de una experiencia capaz de viajar hasta los años 20 y, al mismo tiempo, encontrar rastros de aquella ciudad bajo nuestros propios pies: “Desde el óxido del metro hasta toda la diversidad cultural que puedes encontrar en una calle cualquiera de Nueva York”.
También existe para él una conexión inevitable entre Lorca y la identidad queer que caracteriza parte del trabajo de El Armario. Este año se cumplen 90 años del asesinato del poeta, fusilado en 1936 al comienzo de la Guerra Civil española, y Fabiane considera que recuperar hoy su voz también puede entenderse como resistencia. “Lorca definitivamente, desde su belleza poética, hizo revolución, hizo resistencia, y por eso tomamos ese trabajo hoy en día”, afirmó.
El reto dramatúrgico recayó en Jonathan Flores, quien realizó la adaptación y además interpreta la pieza. El punto de partida tenía una dificultad evidente: Poeta en Nueva York nunca fue concebido como una obra teatral. Es un poemario, fragmentado y surrealista, cuya fuerza no depende de una trama convencional.
Flores construyó la adaptación a partir de los propios poemas, pero también de cartas y conferencias de Lorca, especialmente aquellas en las que el escritor desarrolló su concepción del duende.
“Son sus propias palabras”, señaló el artista sobre un montaje que busca acercarse no solo a lo que Lorca escribió, sino también a la forma en que entendía la creación artística y preparaba al público para enfrentarse a su poesía.
En esa dramaturgia conviven luz y oscuridad. Por un lado está el impulso espontáneo de crear, cantar, bailar o recitar; por otro, la profunda crisis que encontró Lorca al presenciar el desplome económico de 1929. Flores considera que las observaciones que el poeta hizo entonces sobre el desarrollo económico y la sociedad moderna mantienen una resonancia inquietante casi cien años después.
El propio Flores también se encuentra reflejado, aunque a la inversa, en aquel viaje. Nació en Nueva York, hijo de madre mexicana y padre colombiano, pasó buena parte de la última década viviendo entre Alemania y Medio Oriente y posteriormente regresó a la ciudad. Mientras Lorca llegó desde Europa para observar Nueva York desde afuera, Flores salió de Nueva York para después regresar y mirarla nuevamente. “No es la capital del mundo, pero sí es un pequeño minimundo”, dijo.
La obra, sostiene, apuesta además por algo que adquiere un significado particular en plena expansión de la inteligencia artificial: la imposibilidad de sustituir completamente la experiencia humana. “Son palabras que se pronunciaron hace casi 100 años. Eso la inteligencia artificial no lo puede escribir y no lo puede sentir tampoco”, expresó.
Si Fabiane dirige el viaje y Flores pone cuerpo y voz a las palabras, Camila Higuera construye el mundo que las rodea. Artista invitada y encargada de la ambientación, llegó al proyecto desde el cine y la televisión colombiana. Poeta en Nueva York es, de hecho, su primera experiencia ambientando una obra teatral.
Su estrategia no fue transformar El Armario hasta hacerlo irreconocible, sino escuchar lo que el propio lugar podía ofrecer. “El armario en sí ya trae toda su época y todo su carácter”, explicó.

En lugar de imponer una reconstrucción exacta de los años 20, el equipo comenzó a desplazar objetos, recuperar utilería almacenada y construir pequeños rincones a partir de aquello que ya existía dentro del espacio.
Incluso la paleta de colores surgió de ese proceso intuitivo. Amarillos, rojos y un violeta intenso fueron apareciendo entre los materiales disponibles sin responder necesariamente a un diseño impuesto desde el comienzo. Higuera lo resume nuevamente a través del concepto que atraviesa toda la puesta: “El duende mismo ha venido como a expresarse y él ha traído como sus colores”.
Los tres artistas se conocieron hace relativamente poco, pero Flores considera que compartieron rápidamente una frecuencia común nacida de sus propias experiencias en Nueva York: historias, heridas y formas distintas de haber llegado o regresado a la ciudad. Esa relación terminó convirtiéndose en parte del montaje. No se trata únicamente de representar al Lorca de 1929, sino de preguntarse qué ocurre cuando sus palabras atraviesan los cuerpos de tres artistas que conocen otra Nueva York y llegan a ellas casi cien años después.
Así, en un pequeño espacio de Brooklyn, Poeta en Nueva York vuelve al lugar donde nació. No exactamente a aquella ciudad de rascacielos emergentes, humo industrial y pánico financiero que observó Lorca, sino a una Nueva York que todavía contiene contradicciones, migraciones, desigualdades, diversidad y millones de seres buscando una forma de hacerse escuchar.
La apuesta de El Armario es que, por unas horas, la poesía vuelva a pronunciarse en voz alta y encuentre otra vez su duende.
El Armario Performance Lab 5 Linden Boulevard, Brooklyn, NY 11226
Viernes 4 de septiembre —- 20:00 horas (Entradas Agotadas).
Sábado 5 de septiembre —- 20:00 horas.
Domingo 6 de septiembre —- 18:00 horas.




