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MANHATTAN, Nueva York, EU, 8 de septiembre de 2026.- Naciones Unidas rindió este martes 8 de septiembre un homenaje a Dag Hammarskjöld, segundo secretario general de la organización, al cumplirse 65 años de su muerte durante una misión de paz en África. La ceremonia se realizó en la sede de la ONU en Nueva York, donde el actual secretario general, António Guterres, colocó una ofrenda floral en su memoria y recordó el legado que dejó al frente del organismo internacional.
Hammarskjöld dirigió Naciones Unidas desde el 10 de abril de 1953 hasta su muerte, el 18 de septiembre de 1961, cuando el avión en el que viajaba se estrelló cerca de Ndola, en la entonces Rodesia del Norte, actual Zambia. Se dirigía a una negociación destinada a conseguir un alto el fuego en Katanga, en medio de la crisis del Congo. Guterres recordó que el diplomático sueco perdió la vida precisamente mientras cumplía una misión de paz, uno de los principios que definieron sus ocho años al frente de la organización.
Durante su intervención, Guterres aseguró que los valores defendidos por Hammarskjöld y la convicción con la que los llevó adelante continúan siendo una referencia para él y para generaciones de funcionarios de Naciones Unidas. Sin embargo, 65 años después de la tragedia, el secretario general subrayó que persisten interrogantes sobre las circunstancias del accidente. Informó que recibió el más reciente reporte del expresidente de la Corte Suprema de Tanzania Mohamed Chande Othman, encargado de examinar nueva información relacionada con el caso, y adelantó que presentará sus recomendaciones a la Asamblea General.
Guterres volvió además a pedir a los Estados y a cualquier parte que pueda conservar documentos relacionados con el accidente que entregue esa información.
“Las familias de los fallecidos, Naciones Unidas y, de hecho, el mundo merecen respuestas”, sostuvo.
El secretario general recordó que Hammarskjöld no viajaba solo: otras 15 personas, entre asesores políticos, especialistas legales, traductores, personal de seguridad y miembros de la tripulación, murieron aquella noche. La ofrenda floral, señaló, honra también a todos ellos.
El homenaje adquirió además un sentido ligado al presente. Guterres habló del creciente costo humano que enfrentan quienes trabajan para Naciones Unidas. Recordó que el sacrificio de Hammarskjöld y de las 15 personas que murieron junto a él representa también a los hombres y mujeres que han perdido la vida al servicio de la organización, y advirtió que esa cifra continúa aumentando.
“En los últimos tres años, nuestros queridos colegas de la ONU han sido asesinados en cifras récord”, afirmó
Señaló que la conmemoración ocurre en un momento en que la cooperación internacional está bajo presión y el personal de Naciones Unidas enfrenta riesgos cada vez mayores en distintos conflictos.
Guterres cerró su intervención pidiendo no abandonar nunca el trabajo por la paz y encabezó un minuto de silencio en memoria del ex secretario general y de quienes murieron junto a él.
Caroline Hammarskjöld, fundadora de la Hammarskjöld Society y representante del legado cultural de su familia, participó también en la ceremonia y evocó una de las frases del diplomático sueco inscritas a la entrada de la Sala de Meditación de Naciones Unidas:
“Todos tenemos dentro de nosotros un centro de quietud rodeado de silencio”.

A partir de esas palabras, recordó la profunda relación que Hammarskjöld mantenía con la naturaleza y comparó la quietud de las montañas suecas con el espacio de reflexión que él impulsó en pleno corazón de Nueva York.
Para Caroline Hammarskjöld, esa búsqueda de silencio no significaba inmovilidad. “Para Hammarskjöld, estar quieto no era quedarse parado”, expresó, sino una manera de avanzar con claridad y valentía. Recordó además que su visión de Naciones Unidas combinaba pragmatismo y principios: participó en la respuesta internacional a la crisis de Suez y contribuyó a sentar las bases de lo que se convertiría en las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, mientras defendía la Carta de Naciones Unidas como fundamento permanente de la acción multilateral.
Hammarskjöld fue elegido secretario general por unanimidad en 1953 y reelegido para un segundo mandato en 1957. Durante su gestión intervino en algunas de las mayores crisis internacionales de la posguerra y convirtió la diplomacia preventiva y las operaciones de paz en herramientas centrales de Naciones Unidas.




