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MANHATTAN, Nueva York, EU, 24 de mayo de 2026.- La migración, el desplazamiento y las fronteras como espacios de violencia, pero también de conexión y resistencia, atravesaron la noche del 22 de mayo en la sede del Arthur L. Carter Journalism Institute de New York University, donde se realizó el screening Moving Borders, un evento cinematográfico que reunió a cineastas y documentalistas para reflexionar sobre las distintas formas en que las fronteras moldean la vida contemporánea.
El programa reunió trabajos de Jazmín Harvey, Gabriela Pinasco, Ciela Ávila, Manuel Herrera y Ebony Bailey, quienes abordaron historias marcadas por el movimiento humano y las consecuencias sociales de las divisiones territoriales.
Desde la violencia contra personas desplazadas en Ciudad Juárez hasta la experiencia de afroestadounidenses que migran a México, las películas exploraron cómo la frontera atraviesa identidades, cuerpos y memorias.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la presentación de Cerro Sol, dirigido por Jazmín Harvey y Ciela Ávila. El documental sigue la historia de Roberto, un joven indígena de Oaxaca desplazado económicamente que migró a Ciudad Juárez para trabajar y apoyar la educación de su hermano, pero que poco después de llegar fue secuestrado. La obra pone el foco en las consecuencias humanas de las políticas fronterizas y en la capacidad de resistencia de quienes sobreviven a esas violencias.

Durante una entrevista posterior al evento, Harvey explicó que organizar Moving Borders en Nueva York tenía un objetivo político y simbólico.
“Nueva York se siente como una burbuja a veces”, afirmó. “Pero la presencia de la frontera, aunque no veamos las violencias sistemáticas que existen en la frontera, sí existen aquí”.
La directora sostuvo además que las fronteras “son una barrera a la movilidad humana” y “una manera de controlar a las personas y a sus cuerpos”. Para Harvey, estos límites también representan una contradicción constante: “Las fronteras para mí no solo son para dividir, sino que también son áreas de conexión”.
La conversación posterior a los screenings también permitió profundizar en los procesos de producción detrás de las películas. Selena Hernández, integrante de la organización Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA), relató el impacto emocional que implicó acompañar la historia de Roberto durante la realización de Cerro Sol.
Hernández recordó la fortaleza que tuvo que desarrollar el protagonista para sobrevivir al secuestro y las múltiples consecuencias que esa experiencia dejó en su vida, desde afectaciones emocionales hasta problemas laborales y de salud.

Otro de los trabajos exhibidos fue Subway Rapper, de la periodista ecuatoriana Gabriela Pinasco, quien retrató la vida de Daniel Ballesteros, un rapero ecuatoriano-mexicano que convirtió el subway de Nueva York en su escenario permanente.
El documental sigue el momento en que Ballesteros abandona su trabajo en construcción para dedicarse por completo a la música callejera.
Durante el panel, Pinasco señaló que el protagonista veía la migración como una oportunidad para dejar atrás un pasado marcado por la pobreza y la violencia en Ecuador. También destacó la paradoja económica de la ciudad: rapear en el metro neoyorquino terminó siendo más rentable que un empleo formal en construcción.
La memoria y el desarraigo también estuvieron presentes en La Ciénega, documental dirigido por Ciela Ávila, Manuel Herrera y Almendra Ochoa. La película sigue a Don Efraín Delgado, un hombre de Chihuahua dedicado a preservar tradiciones como la producción artesanal de sotol y la música norteña.

Durante la charla con el público, Ávila explicó que el proyecto surgió de la necesidad de documentar aquello que las comunidades pierden cuando se ven obligadas a abandonar sus territorios.
“Vemos esas historias personales como tesoros y cómo las preservamos”, expresó la cineasta, quien además vinculó la experiencia del documental con las violencias estructurales que marcaron a generaciones enteras en Ciudad Juárez.
La noche cerró con The Afro-Mexpats, documental de Ebony Bailey que explora el creciente fenómeno de afroestadounidenses que migran a México en busca de mejores condiciones de vida y alejados del racismo estructural de Estados Unidos. La directora explicó que la idea nació tras notar el crecimiento de comunidades afroamericanas en Ciudad de México después de la pandemia y descubrir, a través del censo mexicano, que alrededor de 11 mil afroestadounidenses residían en el país.
En entrevista, Bailey aseguró que el documental le permitió cuestionar sus propios prejuicios sobre quienes migran hacia México.
“Me dejó una mente más abierta”, dijo. “Sentí mucho más en común con ellos de lo que había pensado”.

La directora explicó que una de sus mayores preocupaciones durante el proceso fue la forma en que serían representadas las personas entrevistadas. “Yo intentaba ser sensible a cómo ellas querían que fueran tratadas sus historias”, comentó, en referencia a las discusiones alrededor de la gentrificación y los privilegios que atraviesan a parte de esta comunidad migrante.
Las historias proyectadas en NYU coincidieron en un mismo punto: las fronteras no solo delimitan territorios, también determinan quién puede moverse o permanecer y quién queda expuesto a la violencia de sistemas políticos y económicos que atraviesan la vida cotidiana.




