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PRINCETON, Nueva Jersey, EU, 22 de junio de 2026.- Leticia Fraga tenía doce años cuando cruzó la frontera junto a su numerosa familia. Venían de Mexicali, era la sexta de ocho hijos, y su destino era el estado de Washington, donde echaron raíces en tierra ajena y aprendieron, como tantas familias antes y después de ellos, que en América el primer acto de pertenencia suele ser el trabajo. Hoy es la primera latina en la historia del gobierno municipal de Princeton y, hasta este momento, la única.
"Estoy muy orgullosa de ser la primera latina electa, pero no quiero ser la única", dijo en entrevista con Quadratín Hispano.
Desde entonces, no ha dejado de alentar a otros miembros de la comunidad a participar en la vida política del municipio.
Durante años, Leticia Fraga cosechó espárragos, entre otras frutas y vegetales, junto a sus padres y hermanos en los campos del noroeste del país.
Con esas ganancias, la familia Fraga pudo eventualmente comprar su propio terreno. Décadas después, esa misma mujer se convirtió en concejal de Princeton, un municipio con más de 213 años de historia formal que nunca antes había visto un rostro latino en su cámara de gobierno.
"Mis padres pasaron sus vidas trabajando duro y honestamente para darnos una mejor vida a mis hermanos y a mí. Esos mismos valores de trabajo y de integridad han guiado mi propia vida", declaró en la conversación con este medio.
El camino desde los campos agrícolas del noroeste del país hasta una curul en uno de los concejos municipales más progresistas de Nueva Jersey no fue sencillo. Fraga aprendió inglés, estudió en la Universidad Rider en Nueva Jersey y trabajó durante años como paralegal en una oficina de inmigración y como especialista en derechos civiles, antes de que la política apareciera siquiera en su horizonte.

La llegada de la concejal a Princeton a finales de los años noventa estuvo marcada por constantes ataques.
"Muy seguido me decían: 'Ah, mi hijo tiene una ama de llaves que es de México'", relató. "Así querían relacionarse conmigo".
En el primer vecindario donde vivió, los residentes asumían que era empleada doméstica. Años más tarde, ya en otra parte de la ciudad, un vecino le preguntó si era la paseadora de perros del barrio.
"Cuando llegué a Princeton, sentí que había vuelto a emigrar. Era una comunidad muy cerrada. Si no te conocían, no eran amables", recordó.
Pero Fraga eligió quedarse y eligió actuar. La transformación comenzó el día que leyó en el periódico local una nota sobre el Departamento de Servicios Humanos de Princeton, una oficina que atendía a una población hispana significativa pero que, tras recortes presupuestarios, había quedado reducida a una sola persona. Nadie hablaba español. Cuando la directora tomaba días libres, la oficina cerraba.
"Decidí llamar y ofrecer mis servicios como voluntaria", contó. Dos meses después de empezar a trabajar ad honorem, surgió una vacante en la Comisión de Servicios Humanos. La invitaron a postularse. Aceptó y quedó.
Desde esa comisión, Fraga fue tejiendo una red de participación comunitaria que abarcó la YWCA de Princeton, Princeton Community Housing, organización dedicada a la vivienda asequible, y el Fondo Latino Americano de Defensa y Educación Legal (LALDEF), cuyo directorio llegó a presidir.
Su hija menor, que entonces tenía seis años, le dijo un día que cuando fuera grande quería ser como ella. “Pero no sé qué haces”, le preguntó la niña.
“Yo ayudo a la gente, hago cosas diferentes”, recuerda haberle respondido Fraga.
Este año, su hija Sandra se graduó de la Universidad George Washington en Washington D.C. con una licenciatura en Servicios Humanos y Justicia Social.
En 2018, Leticia Fraga juró como concejal de Princeton. Hoy está en su tercer mandato, preside los comités de Personal y de Seguridad Pública y funge como Comisionada de Policía del municipio. Su mandato concluye en enero de 2027.
"Estar de un lado de la mesa abogando por políticas es muy distinto a estar del otro lado, donde puedes hacer política", reflexionó. "Eso es lo que estoy haciendo ahora: trabajar para hacer ese cambio."
La primera latina en la historia del gobierno municipal de Princeton dice que no quiere ser la última. Sigue esperando que alguien le siga los pasos.




