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MANHATTAN, Nueva York, EU, 20 de abril de 2026.- El Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en Norteamérica a partir del 11 de junio, pasará a la historia como el evento futbolístico más caro hasta ahora. Con partidos en 16 ciudades —11 en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá—, el torneo más visto del planeta enfrenta crecientes críticas por los elevados precios que implica vivir la experiencia en persona.
Uno de los principales factores detrás de este encarecimiento es la implementación del sistema de precios dinámicos para la venta de entradas. Este modelo, adoptado por la FIFA, ajusta los valores según la demanda, lo que ha generado una amplia variación en los costos y cuestionamientos sobre la transparencia del proceso.
Aunque inicialmente se ofrecieron entradas desde 60 dólares para algunos partidos de la fase de grupos, la realidad es muy distinta para la mayoría de los aficionados.
Los boletos han alcanzado cifras de miles de dólares, y para la final los precios han llegado a bordear los 11 mil dólares, mientras que en reventa algunos tickets superan incluso los 25 mil dólares.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió este esquema al señalar que el Mundial es la principal fuente de ingresos del organismo.
“El Mundial tiene lugar un mes cada cuatro años, así que generamos dinero en un mes. Los otros 47 meses lo gastamos”, afirmó, insistiendo en que los recursos se reinvierten en el desarrollo del fútbol a nivel global.
Sin embargo, más allá de las cifras globales, la experiencia de los aficionados refleja el impacto real de estos costos. Es el caso de Miguel Alvarado, ecuatoriano de 30 años, quien logró conseguir una entrada en reventa para el partido entre Ecuador y Alemania, tras no ser seleccionado en el sorteo oficial.
“Yo la compré en alrededor de 700 dólares, cuando originalmente costaba 256”, explicó.
En la plataforma oficial de reventa de la FIFA, los precios para ese mismo partido superaban los mil 300 o mil 500 dólares, lo que lo llevó a buscar alternativas en otros sitios, donde igualmente los valores oscilaban entre 800 y 900 dólares.
Para Alvarado, asistir al Mundial es un objetivo personal, pero reconoce que el esfuerzo económico es significativo.
“Yo estaba consciente de que, si me tocaba pagar más, iba a pagar más, pero también tenía mi límite”, señaló, dejando en evidencia la tensión entre el deseo de vivir la experiencia y las restricciones presupuestarias.
El costo de las entradas no es el único obstáculo. En el área de Nueva York y Nueva Jersey, donde se jugarán varios partidos, incluido el encuentro final, el transporte también representa un desafío. El pasaje de ida y vuelta en tren desde Manhattan hasta el MetLife Stadium costará 150 dólares, casi doce veces más que su precio habitual.
“Estamos viendo cómo movilizarnos, porque no vamos a pagar ese valor”, explicó Alvarado, quien planea viajar con amigos y considera opciones como buses, rutas alternativas o incluso caminar largas distancias. “Salir desde las siete de la mañana para ver cómo llegar”, añadió, reflejando las estrategias que muchos aficionados están considerando para reducir gastos.

A esto se suman otros costos como el alojamiento y la alimentación. Alvarado señaló que hospedarse en la ciudad es “imposible” para su presupuesto, por lo que dependerá de la hospitalidad de conocidos. “La idea es priorizar qué quieres vivir”, explicó, admitiendo que incluso planea reducir gastos en comida para poder disfrutar la experiencia dentro del estadio.
El sistema de venta también genera dudas entre los aficionados. Alvarado considera que, si bien el sorteo es necesario ante la alta demanda, el mercado de reventa ha creado una “sensación de escasez” que impulsa los precios al alza.
“No han dicho que los partidos estén agotados, solo que no hay entradas disponibles”, afirmó, sugiriendo que esto empuja a los compradores hacia opciones más costosas.
En paralelo, el impacto de estos altos costos ya comienza a sentirse en otros sectores. La industria hotelera, que esperaba un auge en reservas, ha reportado una demanda menor a la prevista, lo que ha obligado a reducir tarifas en varias ciudades sede.
En conjunto, el precio de las entradas, el transporte, el alojamiento y la alimentación está redefiniendo lo que significa asistir a un Mundial. Historias como la de Miguel reflejan cómo, para muchos aficionados, vivir el torneo en persona implica no solo pasión por el fútbol, sino también sacrificios económicos cada vez mayores.




