¿Por qué estamos tan cansadas y cansados?
A finales de la década de los 90 del siglo pasado, cuando yo estudiaba la preparatoria, llegó una revista Vanidades a mi casa. No sé quién la llevó, pero era una lectura poco habitual en mi casa, no por su contenido, sino por su costo (en aquel entonces habrá costado unos $30, lo cual era mucho para el gasto familiar). Por su “extrañeza”, la leí muchas veces. Recuerdo que uno de los artículos se titulaba “¿Por qué estás tan cansada?”. Hablaba sobre situaciones que “te roban la energía” tales como, preocuparse de más, no hacer ejercicio o ser desorganizada. Para cerrar, se brindaban algunos tips para contrarrestar el cansancio: desconectarse del trabajo al finalizar la jornada, comer saludablemente, dormir ocho horas. En fin, lugares comunes, pero ciertos. Y claro, soluciones comunes y desde el privilegio.
Yo no estaba cansada entonces… y me parecía que esa mujer blanca, delgada y cuarentona de la fotografía tampoco, pero estaba acostada en una cama con sábanas impecables performando el cansancio. Con todo, el artículo atinó en su presagio: tengo cuarenta y sí, ya estoy (muy) cansada. La gente a mi alrededor está cansada también. En su libro La sociedad del cansancio, el filósofo Byung-Chul Han refiere que el cansancio contemporáneo no es solo un malestar individual, sino un síntoma de la sociedad del rendimiento, donde la exigencia por rendir y producir ya no proviene de un agente externo, sino de la autoexigencia, del deseo por maximizar nuestros talentos, de la investidura afectiva para no parar. Nos autoexigimos incluso de manera entusiasta.
El descanso no es solo un deseo personal, sino un derecho humano. El artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece este derecho, al tiempo libre y a vacaciones periódicas pagadas. Sin embargo, en la vida real del grueso de la población, ese derecho se desvanece en lo cotidiano. Descansar está permitido solo si sirve para volver a producir; solo si no interrumpe demasiado; solo si al hacerlo, consumimos; solo si al hacerlo, sentimos culpa (la gasolina de la autoexigencia).
Al margen de lo que plantea Han, no toda la gente vive cansada solo por autoexigencia que promete un supuesto éxito, sino por la realidad material que habitan. Mucha gente (sobre)vive con menos de un salario mínimo en empleos que, aunque sean formales, no les auguran una jubilación. Frente a ello, se vuelve prácticamente obligatorio tener más de un empleo, tanto para que el dinero alcance en el presente, como para conservar la esperanza del ahorro para la vejez. Si bien, las diferencias salariales existen, buena parte de la población trabaja jornadas laborales superiores a las ocho horas, descuidando con ello áreas de la vida que son fundamentales, incluso para seguir produciendo.
Y dentro del club del cansancio, los privilegios. Hay para quienes su cansancio les retribuye para tomar vacaciones y tener los domingos libres (para seguir trabajando, quizá, pero desde la comodidad de su sala comiendo algo que les gusta), pero hay otros tantos que trabajan toda la semana, todo el año, sin aguinaldo, sin días de descanso pagados. No obstante, aunque se cuente con recursos distintos para transitar la experiencia del cansancio, al final, así se vive, cansadas, cansados. Y por supuesto, dentro de este club (que evidentemente representa a la clase media y las que están por debajo), nos cansamos diferente según nuestro género, edad, nivel educativo… y el largo etcétera de la interseccionalidad.
Por supuesto que la modelo de la revista que decía estar cansada mientras lucía bastante descansada (piel fresca, cabello sedoso y manejable, delgada, tonificada, sin ojeras), existe en la realidad. Ese uno por ciento de la población mundial que acumula poco más de la mitad de la riqueza [1] por supuesto que sabe lo que es estar cansada, aunque sus razones y modos de enfrentarlo sean reconfortantes y placenteros. ¿Se cansan por trabajar? Seguramente sí, considerando que: a) su cansancio laboral sí les permite garantizarse un presente y un retiro más que digno y b) la acumulación desproporcionada derivada de la explotación y extractivismo (¿de qué otro modo explicamos que el 1 por ciento posea más de la mitad de la riqueza?) sea considerada un empleo.
Fuentes:
[1] Oxfam Internacional. (16 de enero de 2023). El 1% más rico acumula casi el doble de riqueza que el resto de la población mundial en los últimos dos años. Disponible en: https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/el-1-mas-rico-acumula-casi-el-doble-de-riqueza-que-el-resto-de-la-poblacion-mundial-en


