Cae cable de alta tensión sobre autobús en el río Orinoco, Venezuela
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 4 de octubre de 2026.- Casi cuatro de cada 10 personas en el planeta han estado expuestas en lo que va de 2026 a niveles peligrosos de ozono a nivel del suelo, así lo expone un informe del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copérnico (CAMS), que alerta sobre los efectos combinados del calor extremo, la contaminación y el cambio climático en la calidad del aire.
La contaminación atmosférica sigue cruzando fronteras y continentes durante 2026, impulsada por incendios forestales, tormentas de polvo y emisiones generadas por la actividad humana. Este fenómeno ha contribuido a deteriorar la calidad del aire en amplias regiones del mundo y a aumentar la exposición de miles de millones de personas a contaminantes nocivos.
El informe Atmosphere Watch, publicado por CAMS, ofrece una de las evaluaciones más completas sobre el estado de la atmósfera durante los primeros ocho meses del año.
El análisis combina observaciones satelitales, mediciones terrestres y modelos avanzados de predicción para rastrear el comportamiento de diversos contaminantes a escala global.
Uno de los hallazgos más preocupantes es el aumento de la exposición al ozono a nivel del suelo, un contaminante secundario que se forma cuando gases precursores reaccionan con la luz solar y las altas temperaturas.
Según el reporte, solo el 5 por ciento de la población mundial estuvo expuesta a niveles considerados “buenos” de ozono bajo los criterios de la Organización Mundial de la Salud.
Asia se posicionó como la región más afectada por este contaminante. El estudio indica que el 60 por ciento de sus habitantes estuvo expuesto a concentraciones extremadamente elevadas de ozono durante 2026 y que la cifra se eleva al 90 por ciento al incluir los niveles catalogados como “pobres” y “muy pobres”.
Europa y Norteamérica también registraron concentraciones significativas, favorecidas en parte por recurrentes olas de calor y emisiones asociadas al transporte, la industria y los incendios forestales.
En Norteamérica, más de dos tercios de la población experimentaron una calidad del aire vinculada a niveles de ozono clasificados entre pobres y extremadamente pobres.
Los incendios registrados en Canadá y el oeste de Estados Unidos contribuyeron a elevar las concentraciones del contaminante, mientras que extensas columnas de humo recorrieron miles de kilómetros y afectaron ciudades alejadas de los focos de los incendios.
El informe destaca además que la exposición al humo de incendios forestales está aumentando a nivel mundial debido a la mayor frecuencia de incendios extremos cerca de zonas pobladas. En julio, el humo procedente de incendios en Canadá se desplazó a través de amplias áreas de Norteamérica y generó alertas por mala calidad del aire en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey.
Los expertos advierten que el ozono no solo representa un riesgo para la salud humana, lo es también para los ecosistemas y la producción agrícola.
Igualmente, actúa como un gas de efecto invernadero, creando un círculo de retroalimentación en el que el calentamiento global favorece su formación, mientras que los incendios y las actividades humanas generan los compuestos necesarios para producirlo.
Ante este escenario, CAMS reconoció que es importante mantener la vigilancia atmosférica global y de la cooperación internacional para enfrentar problemas que, debido a la naturaleza transfronteriza de la contaminación, no pueden abordarse únicamente con medidas locales.
Según el organismo, comprender la interacción entre clima, emisiones y calidad del aire será clave para diseñar estrategias eficaces de mitigación y protección de la salud pública.




