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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 28 de octubre de 2026.- Una encuesta nacional realizada en Estados Unidos reveló que el 42.7 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 17 años participó en actividades de apuestas durante el último año, mientras que el 52.5 por ciento de los jóvenes de 13 a 27 años reportó haber jugado por dinero o participado en otras actividades similares durante el mismo periodo.
La investigación, encabezada por especialistas del Centro de Estudios sobre el Juego de la Escuela de Trabajo Social de Rutgers, en Nueva Jersey, también encontró que el 5.4 por ciento de todos los participantes presentaban un riesgo elevado de desarrollar problemas relacionados con el juego, una clasificación que corresponde a la adicción al juego en entornos clínicos.
Entre quienes habían participado en estas actividades, el 10.3 por ciento fue identificado como jugador problemático de alto riesgo.
En el grupo de adolescentes de 13 a 17 años que apostaron, alrededor del 11 por ciento se ubicó en esa categoría, pese a encontrarse por debajo de la edad legal para participar en actividades de juego reguladas.
El estudio, considerado el primer análisis nacional de prevalencia del juego entre adolescentes y adultos jóvenes estadounidenses en casi dos décadas, incluyó a mil 677 participantes y examinó 21 actividades, desde bingo, rifas y juegos de habilidad hasta apuestas deportivas, operaciones con criptomonedas, competiciones de videojuegos y mercados de predicción, tanto en plataformas digitales como en espacios presenciales.
Lia Nower, directora del centro y responsable de la investigación, advirtió que las apuestas están cada vez más presentes en la vida cotidiana de los menores, a través de los videojuegos, las transmisiones deportivas y otras plataformas accesibles desde dispositivos móviles.
“Estamos viviendo en una época en la que cualquiera puede tener un casino o una casa de apuestas deportivas en el bolsillo”, señaló Nower, quien alertó sobre la participación de adolescentes en apuestas relacionadas con deportes, en ocasiones junto con familiares.
Los resultados también identificaron una estrecha relación entre el entorno familiar y el comportamiento de los jóvenes. En total, el 41.1 por ciento de los encuestados afirmó que algún familiar o integrante de su hogar participaba en juegos de azar. Entre los adolescentes de 13 a 17 años, la proporción aumentó al 51.5 por ciento.
Además, entre los adolescentes clasificados con alto riesgo de desarrollar problemas de juego, el 75.5 por ciento tenía un familiar que apostaba, el 66.3 por ciento consideraba que algún integrante de su familia tenía problemas con el juego y el 61.2 por ciento había participado en estas actividades junto con un familiar.
Los investigadores encontraron que quienes creían que un miembro de su hogar tenía problemas con el juego presentaban más de cinco veces la probabilidad de ser clasificados como jugadores de alto riesgo. Quienes apostaban junto con familiares tenían más de cuatro veces esa probabilidad.
El análisis también mostró diferencias según las características demográficas y económicas.
Los participantes afroamericanos registraron la mayor participación en apuestas durante el último año, con un 63.9 por ciento. Entre quienes jugaban, el 17.7 por ciento de los encuestados afroamericanos y el 12.8 por ciento de los hispanos fueron clasificados como jugadores problemáticos de alto riesgo, frente al 6.4 por ciento de los participantes blancos.
Los ingresos familiares también estuvieron relacionados con el nivel de riesgo. Entre quienes jugaban y vivían en hogares con ingresos anuales inferiores a 10 mil dólares, casi el 30 por ciento presentó un riesgo elevado. En las familias con ingresos de entre 10 mil y menos de 20 mil dólares, la proporción fue del 22.8 por ciento.
Otra de las preocupaciones señaladas en el informe es la participación en actividades emergentes que imitan las apuestas tradicionales.
Alrededor del 40 por ciento de quienes utilizaban mercados de predicción y el 41 por ciento de los participantes en juegos sociales de casino fueron clasificados como jugadores problemáticos de alto riesgo, una proporción casi cuatro veces superior a la observada entre quienes participaban en otras actividades de apuestas.
El riesgo también aumentó con la frecuencia y la variedad de las actividades. Los jugadores de alto riesgo participaron en un promedio de 6.7 modalidades de juego, frente a 2.7 entre quienes no presentaban problemas. Asimismo, el 52.5 por ciento de los jugadores de alto riesgo apostaba semanalmente o con mayor frecuencia, y el 65.4 por ciento utilizaba tanto plataformas digitales como espacios presenciales.
La investigación encontró, además, una asociación entre las apuestas y otros problemas de salud y comportamiento. En comparación con quienes no jugaban, los participantes que sí lo hacían reportaron mayores porcentajes de consumo de alcohol, episodios de consumo excesivo, uso de drogas, utilización excesiva de redes sociales y compras compulsivas.
Entre los jugadores clasificados con alto riesgo, el 52.8 por ciento manifestó síntomas de ansiedad, el 38.4 por ciento reportó depresión y el 13.1 por ciento señaló haber experimentado pensamientos suicidas. Estos resultados muestran una asociación entre el juego problemático y dificultades de salud mental, aunque por sí solos no establecen una relación causal.
“No podemos esperar a que los jóvenes lleguen a la adultez para empezar a abordar los daños relacionados con el juego”, advirtió Nower, al recalcar que es importante comenzar la prevención desde edades tempranas ante la expansión de las apuestas en entornos digitales y presenciales.




