Hola paisano
Hoy el régimen ha puesto en el banquillo de los acusados a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, para que responda sobre la presunta intervención de dos agentes de la CIA, en el desmantelamiento de un mega narco laboratorio de fentanilo en la sierra Tarahumara. Conflicto diplomático en puerta.
Resulta que dichos agentes, que instruyeron a los agentes mexicanos para llegar al mega laboratorio en la sierra de Chihuahua, no tenían permiso para operar en nuestro territorio. Pero sin su apoyo no se hubiera logrado. De cara al Mundial de Futbol, la pregunta es si México tendrá capacidad para garantizar la seguridad.
El tema se vuelve más que preocupante, no sólo por el incidente de Teotihuacán, en el que resultó muerta una mujer canadiense, sino también por el atentado que sufrió el presidente estadounidense, Donald Trump acompañado por su esposa, en un evento con periodistas.
Hasta el momento, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, no ha dicho una sola palabra sobre la presencia de sus agentes, pero, a contracorriente, lanzó un reproche a México por su tolerancia a la corrupción, la opacidad y la instauración de un aparato de justicia que no da certezas.
Lo peor: el representante de EU hizo estas declaraciones durante un acto de colocación de la primera piedra de Pacífico Mexinol, empresa estadounidense que invertirá 3.3 mil millones de dólares, para la producción de metanol, en Sinaloa, con la presencia del gobernador Rubén Rocha Moya.
Tuvieron que trasladar el evento, de Topolobampo, a un hotel, porque representantes indígenas le reprocharon en la cara que no se realizó una consulta previa, libre e informada, para proyectos en sus territorios. Son indígenas de las comunidades Mayo-Yoreme, principalmente.
Activistas y pobladores denunciaron que la planta es una amenaza para el ecosistema marino de la bahía de Ohuira, que es un sitio protegido y fundamental para la pesca local. El gobernador prometió realizar la consulta y suspender el proyecto. ¿Será cierto?
El conflicto diplomático, por tanto, parece ser una bomba de tiempo, pues reabre, además, el debate del 22 de enero pasado, con la detención en la CDMX, del exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, uno de los 10 fugitivos más buscados por el FBI vinculado al Cártel de Sinaloa.
La presidenta Sheinbaum dijo que el sujeto se entregó voluntariamente en la Embajada de Estados Unidos en la CDMX, pero mostró una foto “trucada”. La imagen lo ubicaba en la antigua sede de la Embajada de EU, cerrada desde finales de 2022, tras la mudanza a su nueva ubicación en la colonia Irrigación.
El director del FBI, Kash Patel, dijo entonces que agentes estadounidenses realizaron el arresto bajo su supervisión directa. El abogado de Wedding también desacreditó la foto. ¿Había permiso o no para el FBI? De hecho, hay versiones de que un avión del FBI aterrizó en el AICM. ¿Explicarán esto al Congreso?
Reabre también el tema del secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, que llegó por vía aérea a Estados Unidos y fue detenido en aquel país por el FBI, el 25 de julio de 2024. Andrés Manuel López Obrador reclamó, aunque no por la vía diplomática. Nunca hubo respuesta.
Son, por tanto, varios asuntos diplomáticos que se tendrían que aclarar, pero Morena y la presidenta Sheinbaum quieren restringirlo al caso Chihuahua, para elevarlo como un asunto de traición a la patria. La instalación de la estadounidense Pacífico Mexinol, sin consulta a los indígenas mayos ¿no lo es?
Como usted podrá ver, sufrido lector, estamos ante asuntos altamente politizados, que amenazan con dividir aún más al país. El PAN aprobó, con su voto, la cita a la gobernadora Maru Campos. ¿Morena aceptará el citatorio para el gobernador Rubén Rocha Moya?
Insistimos: de cara al mundial de futbol y luego de lo ocurrido en Teotihuacán ¿qué podemos esperar? El temor a un ataque terrorista es obvio. Así, ha sido otra semana nefasta para Claudia Sheinbaum. Cinco asuntos que caen como plomo ardiente en el ámbito nacional e internacional.
· Agentes de la CIA en Chihuahua
· Tirador en Teotihuacán.
· Asesinato de Edith Guadalupe
· Los cambios en el INE y la cercanía con el régimen
· Remoción de Luisa María en la dirigencia de Morena
Dicen que las generalizaciones son hijas de la ignorancia; sí, pero también de la simplificación de la realidad. La presidenta Sheinbaum regresó de España, con la máxima de que “La derecha es el odio. La derecha es la discriminación. La derecha es el clasismo, el racismo. La derecha es la represión…”.
Las palabras caen como plomo ardiente y se revierten. Diseminar el discurso del odio también tiene sus efectos, nacional e internacionalmente. ¿A quién culpamos de lo ocurrido en Teotihuacán? Sobre todo, a la luz de aquel discurso del “perdón” que nunca llegó de España: ¿Racismo, clasismo, discriminación? ¿Terrorismo?
¿Qué análisis o estudio psicológico avala esa afirmación sobre el odio? Los radicalismos, el fanatismo, revelan prejuicios particulares y posturas personales de carácter ideológico o religioso, que además generan odios. Mal hace un gobierno, del corte que sea, alimentar estas posturas.
En el agresor solitario de Teotihuacán, hay huellas de ideologización. Al menos así lo indican documentos encontrados en su último domicilio. Proviene de Tlapa, Guerrero, una localidad de México en la región de la montaña, donde más del 70 por ciento de su población ha vivido en situación de pobreza.
Cuna de insurgencia social; cimiente de organizaciones civiles como la UPOEG o el Centro Tlachinollan. Hoy es asolada por grupos como Los Ardillos y Los Tlacos, que se disputan rutas, mercados y la "narcoeconomía". Sin embargo, el gobierno federal le ha dado al asunto de Teotihuacán un sesgo de “incidente menor”.
“Si os movéis, os sacrifico. Esto se construyó para sacrificar, cabrones, no para que vengáis a hacer la puta fotito de mierda”. Fue una de las frases que gritó el atacante, a quien sus últimos amigos describen como una persona que adoraba al nacismo. Su ataque coincidió con el natalicio de Hitler.
Lo mismo ocurre con el caso de Edith Guadalupe, reducido a crimen de un solo atacante, cuando los indicios indican que hay crimen organizado, con oficina, publicidad, número telefónico, cuenta de redes sociales. Es decir, son dos incidentes extremadamente violentos que no deben quedar en la anécdota y la estadística.




