La disciplina no puede ser sinónimo de violencia
Las y los michoacanos son bravos, guerreras, guerreros y no lo encuaderno para que se lea como las acostumbradas citas de lo políticamente correcto, lo afirmo con conocimiento histórico, ya que si algo no pudo llevar a cabo el centro del territorio que hoy conocemos como México, fue la conquista del pueblo Purépecha. Le platico: aproximadamente en el año de 1476, el tlatoani mexica Axayácatl decidió invadir al pueblo Tarasco (así le nombraban los aztecas). Fueron batallas brutales entre los adiestrados guerreros del imperio y los pueblos unidos de lo que hoy es Michoacán. El dominio de metales como el bronce les otorgó a los purépechas un fácil triunfo, obligando a las desconcertadas tropas del emperador azteca a regresar a Tenochtitlán.
Y con esas raíces, es de reconocer que a Michoacán hay que medirla desde su capacidad de resistencia, una facultad social que les evita quebrarse. Es un estado que se utilizó como un sangriento laboratorio, ejemplo de lo que no se debería hacer, solo que a Felipe Calderón se le pegó la gana incendiarlo, bajo la torpeza de quien se cree infalible solo porque porta la banda presidencial, pero no el sentido común de los auténticos estadistas.
Y así, Michoacán ha sido referente en múltiples encabezados periodísticos, como si fuese condenada a las tragedias, sentenciada por albergar células del crimen organizado, unas más chicas, otras más grandes, gavillas de maleantes que reinan en un estado que a fuerza de titulares en los medios parecería que se congelaron en la época de la revolución o de la guerra cristera. Y a pesar de las etiquetas de las televisoras, la radio y los medios escritos, en Michoacán se deben contar otras historias.
Le diré una, la de una mujer, joven, profesionista, que provoca que la miremos de cerca por el fuerte sentido de buena promesa política y que a punta de trabajo se ha montado en las encuestas, perfilándose como la candidata a la gubernatura (defensora de la 4T le dicen), rebasando a muchas y muchos en las preferencias, del partido que sean.
Gladyz Butanda Macías, arquitecta, hasta hace poco fue secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad de Michoacán. Su hoja de experiencia la tasan en esos perfiles de justicia poética, pues no proviene de los acostumbrados clanes políticos o familiares, sino de su entera vocación por estudiar y hacer las cosas bien.
Y aquí entra esa otra realidad que no nos cuentan, la de mujeres como ella, dedicadas a buscar transformar la vida de las y los michoacanos, y esto es lo más complicado, pues lo fácil es señalar lo que está mal, pero hacer el bien y que tenga un efecto positivo entre los ciudadanos es el reto.
Gladyz Butanda ha construido (con mucho sentido de la arquitectura) una carrera limpia y eficiente, ejemplar para muchas y muchos jóvenes que en el estado se llegan a intoxicar con los escenarios apocalípticos que en redes se vacían.
No, Michoacán, le digo, merece una lectura aparte, un trato diferente en los medios, que se deje de secuestrar como un botín de la oposición que, desnutrida, busca figuras relanzadas desde las tragedias, siendo la muestra de que ni la oposición ni los independientes muestran algún tipo de músculo que haga pensar en que darán pelea. Al PAN le doblan en preferencias, eso nos dice todo.
Y, caso contrario, vemos que en Gladyz Butanda se traza una ruta señalada por la eficiencia, eso, en política, es una moneda muy escasa. (Desde la cartera de movilidad logró avanzar en poco tiempo lo que durante años no se pudo y de ello, sus paisanos lo saben).

Reitero: Michoacán no puede arriesgar su posición en la mesa como potencia en producción de aguacate y limón (también en muchos más productos), un lugar que en el entramado del T-MEC al que se le debe respetar, marcadamente desde el perfil de la eficiencia, un valor comprobado en Gladyz, lo que explica el porqué encabeza las preferencias (no es rollo, les comparto las gráficas en esta columna).

Sí, Michoacán merece un trato distinto, digno, merece respeto, otra narrativa objetiva y vemos un gran esfuerzo por parte del gobierno de la República al atender desde la raíz los problemas sociales y así atajar los vasos comunicantes que nutren la falta de oportunidades para las y los jóvenes. El recuperar la paz con mejores condiciones de vida y de servicios es una de las más altas respuestas de un gobierno humanista, de una mujer, la Presidenta de México, y en estos momentos de definiciones qué mejor que se cumpla en Michoacán la misma fórmula de talento y visión política con la arquitecta de los purépechas, Gladyz Butanda.

Suena bien, estaremos atentos a su obra.




