Una presidenta científica, una ciencia para México
En el Festival Internacional Cervantino (FIC), sorprendente y extraordinario, el acto que ofreció Francia nos hizo sentir que andamos por el espacio en una larga soga, sin que nada nos pase. Y todavía los actores del Teatro Nacional de la Danza de Chaillot se dieron el lujo de hacerlo dos veces en el día, de sentarse en esas largas sogas como si la imagen no fuera real, sino una fotografía. El acto, por su característica, se llama Vértigo. El público tuvo con esto la propuesta inicial de los 18 programas de aquel país invitado, en lo que es el 54.º festival en Guanajuato. Temblorosos nos quedamos cuando los acróbatas se lanzaron a pleno aire a danzar en conjunto sobre las cuerdas. El grupo francés lo hizo apoyado por el Cirko de Mente y actores mexicanos. El espectáculo de equilibristas, concebido por Richard Oudramdame y Nathan Paulín Emplea, es parte de la celebración de los 200 años de relaciones entre México y Francia.
Recordaron a los equilibristas de Papantla, que vuelan desde un poste
Este equilibrismo tan extraordinario nos recordó a nuestros bailarines de Papantla, Veracruz, que se lanzan al aire tomados de la cintura, desde un poste equilibrador, y lo hacen trece veces cada uno: 52 vueltas de los cuatro que participan, a partir de un caporal que está arriba del poste y que toca el tambor y la flauta. Este espectáculo tan común en nuestro país es un rito ancestral, ceremonia ritual prehispánica, originaria, como sabemos, de la región totonaca de ese estado, que la propia ONU, a partir de la UNESCO, consolidó como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Lo que nos recordó la de este nuestro gran aporte de equilibrismo es el hecho de que, frente a las eventualidades del espacio, los artistas se lanzan al aire apoyados solamente, en ambos casos, de sogas: alargadas en el primer caso francés y de pequeñas sogas amarradas a un poste en el famoso caso mexicano. Todo en función de su propia maestría en el despliegue de su arte y sus apoyos materiales.
Y nos recordó también por el nombre a un filme de Hitchock: Vértigo
Vértigo se llama el famoso filme de Hitchcock de 1958 (en México se llamó De entre los muertos), quizá porque en el desarrollo del filme y sus personajes se produce el vértigo en los propios actores o en el público que está viendo la película. Un filme que muchos hemos visto en varias ocasiones, dada la maestría y el argumento tan singulares. Los actores James Stewart y Kim Novak, en su resplandeciente belleza, todo en un argumento de novela negra que prestaron los escritores Pierre Boileau y Thomas Narcejac. El filme deja tan sorprendidos como los movimientos sobre las cuerdas de los equilibristas que presentó Francia en el FIC.




