Abanico
El diablo se inventa en México y en el mundo
Con tantas mentiras, tantas falsas creaciones desde la derecha y lo que vemos en parte del mundo, donde la piedad no existe (Gaza en su permanente agonía), no nos queda más que pensar que el diablo, así sea metafórico, si existe. Cuando Ramón López Velarde le atribuyó los veneros de petróleo al diablo, tal vez se imaginaba un futuro de destrucción diabólica como la que se dio en su momento en Pemex. O la que está haciendo Donald Trump en Venezuela robando un petróleo que pertenece a ese pueblo. Y quiere además apoderarse de Ormuz donde la riqueza del petróleo resuelve necesidades que no son las suyas. Lo que ahora se está viendo en estos tiempos con ex funcionarios exhibidos en Pémex, ladrones con familias cómplices y golpeadores de mujeres, - más los que están ocultos-, es la estructura del mal, pero en diablos que son reales. Don José Gorostiza dejó al diablo hasta el ultimo, pero lo hizo con un espíritu filosófico, poético, en su Muerte sin fin. ¡Tan-tan! ¿quien es? Es el diablo, dice su parte final con la misma frase repetida en el comienzo de los tres finales versos.
SE PROMETIÓ DESAPARECE AL DIABLO EN LAS IGLESIAS, PERO AHÍ SIGUE
En esencia sabemos que el diablo, al que había prometido desaparecer la iglesia católica, así como al infierno, está ahora en su elemento en México, con las agresiones diarias. Pero cuidado, se les puede revertir. Aunque algunos crean que el diablo es un petate del muerto que se inventó la iglesia católica para atemorizar a su grey. En estos días me volví a sumergir en Milton, Goethe, Baudelaire, Rusdie, el Apocalipsis y en buena parte de esos autores que hicieron nombre y a veces fortuna con un ser hipotético. Autores que equilibraron el poder de un rebelde frente a otro ser poderoso que es el bueno para muchos. Personaje descrito lleno de virtudes poderosas pese a su defenestración y motivo de ensalzamiento maligno, como ahora lo hacen muchos contra aquellos que no convienen a sus intereses. El diablo ha sido un ente muy cómodo.
EL DIABLO LITERARIO, COMO LAS HADAS, LOS FANTASMAS, LOS DUENDES...
Satanás, demonio, satán, Lucifer, Mefistófeles, Belcebú, maligno, Leviatán, ángel caído, serpiente y miles de nombres más se le han adjudicado a este personaje que monopoliza el mal. Cada vez que algún escritor, poeta, pintor, pensaba en los muchos ramales de la maldad, aparecía un diablo, a veces monstruoso, y en otras increíblemente bello, como lo describió John Milton. Infinidad de autores han echado mano del diablo para crear metáforas de una maldad, que mas bien estaba en la mente y el actuar del ser humano. Quizá por eso algunos como el propio Milton lo presentan como una víctima que es utilizada por otro poder, para crearse una imagen perfecta.
EL DIABLO CON SUS DIFERENTES ROSTROS SEGÚN LOS AUTORES
Si alguien tiene rostros, ese es el diablo. Goethe lo mostró como un ser poderoso capaz de seducir y trastocar la materia humana y Salman Rusdie- que casi le costó la vida- en una novela donde aborda las vivencias satánicas de dos ingleses. Lo han abordado entre otros, Dante, Baudelaire, García Márquez y Emilio Carhallido en su Las visitaciones del diablo, sátira con la que se encubren los rodeos nocturnos de una pecadora. José Gorostiza lo deja al final de su obra cumbre y López Velarde lo introduce en los veneros del petróleo, cosa que debería de profundizarse ahora que los verdaderos diablos con uñas humanas, hicieron de las suyas en Pemex, mientras Trump las hace en otras partes del mundo. La fase final de Muerte sin fin, de Gorostiza, se inicia igual (Difusión Cultural, UNAM 1964) en sus últimos tres versos: ¡Tan -tan! ¿quien es? Es el diablo. Y cierra su gran poema:
(baile)
Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, si, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda, putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!




