Miscelánea, salud y política
El Día Internacional del Libro, registrado por la UNESCO el 23 de abril de 1995, suele seguir casi siempre la misma retahila: hablar maravillas de ese material engarzado en hojas para recomendar una futura sabiduría. Sabio era él, por eso Jorge Luis Borges recomendó no leer los libros que uno no quisiera leer. Como maestro de dos décadas en Argentina, señalaba hacerse en todo caso, de aquellos libros que tuvieran el placer y un conocimiento que les interesara y surtirse de todos los que tuvieran esa virtud. Cierta vez en su paso por México, el escritor señaló: “El libro es el instrumento más asombroso del hombre, extensión de la memoria y la imaginación”. A esta frase a la que cambiaríamos la palabra hombre para poner el término humano, nos sumamos en esta fecha, cuando se conmemora el recuerdo inigualable de aquellos dos portentos, William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra. Y en mi recuerdo, aquel primero y querido libro que me llevaba escribir en la adolescencia de esos dos personajes:
Anoche escribí un cuento
sobre mis dos amores.
Deja que pase el viento,
que va dejando flores,
sobre mi pensamiento.
LOS LIBROS SON EL PERSONAJE SIEMPRE. PERO NI EN SU FIESTA HABLAN ELLOS
Debe de haber por ahí, porque de todo se ha escrito, el caso de un libro que hable de él. Claro tendría que ser un autor el que le de la voz, pero sería interesante conocer aunque sea en una sola voz, cual es la verdadera opinión de ese enmarcado, cuya existencia en millones y millones de páginas, todavía ronda por el mundo. Alguna vez, hace tiempo, leí el poema escrito por un libro, presuntamente, que le echaba en cara a su pequeño dueño el tratarlo tan mal. Pero el libro pocas veces es el personaje por él mismo. Y los poetas que lo mencionan, casi siempre hablan maravillas de él reseñando sus méritos, pero rara vez lo dejan que sea él, el que hable. Por ejemplo el gran escritor escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894) en su poema La tierra de los libros de cuentos, describía esa tierra, no los libros:
Estas son las colinas, estos son los bosques.
Estas son mis soledades estrelladas.
Y ahí el río por cuya orilla,
los leones rugientes vienen a beber.
LOS POETAS TOMAN EL LIBRO COMO UN PERSONAJE MÁS Y LO ACUNAN.
Los poetas aman a los libros, pero no los dejan vivir sueltos. Al menos la estadounidense Emily Dickinson (1830-1886), describía sus méritos: No hay fragata como un libro para llevarnos tierra lejos. El irlandés William Butler Yeats (I865-1939) solo les recuerda: Cuando eres viejo y el libro es tu acompañante:
Cuando eres viejo y tu estás lleno de sueño,
Y asintiendo bajo el fuego, baja ese libro
y lee lentamente, con la mirada suave.
LAS CANCIONES NO SE ESCAPAN PARA ABORDAR EL LIBRO DESDE EL SENTIMIENTO
Poco suele detenerse un enamorado para hablar de libros con su amada o viceversa. Pero si para fincar una amenaza, un reproche o un perdón. De varios que vi, les recordaré a aquel compositor, actor, personaje, que fue José Ángel Espinosa, Ferrusquilla (1919-2015). El se bastaba en un libro, el de los dioses, para perdonar a la que lo había herido:
En el Libro los dioses escribieron
las cosas buenas y las malas que vendrán.
Destino por nombre le pusieron,
es la ley del más allá.
Yo quisiera borrar del viejo libro,
las cosas malas que hay escritas para ti
y las buenas aumentar con las que haya para mi,
como prueba del perdón, que sin pensar y sin sentir te di.




