Indicador político
La brecha digital gris: el edadismo invisible que excluye a las personas mayores
Estratega en Consciencia y Responsabilidad Digital
Envejecer implica afrontar cambios físicos, sociales y económicos. Hoy también supone enfrentar un desafío que hace apenas unas décadas no existía: la exclusión digital. En una sociedad donde gran parte de los servicios dependen de internet, miles de personas mayores encuentran obstáculos para realizar trámites, acceder a servicios de salud, administrar sus finanzas o simplemente mantenerse comunicadas.
Esta realidad, conocida como brecha digital gris, no solo refleja diferencias en el acceso o uso de las tecnologías de la información. También evidencia una forma de desigualdad que limita el ejercicio de derechos y reduce la participación de un sector de la población en la vida económica y social.
Los datos muestran la dimensión del problema, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, apenas una de cada tres personas mayores de 75 años en México utiliza internet. La cifra confirma que la transformación digital avanza a un ritmo distinto para quienes crecieron lejos de computadoras, teléfonos inteligentes y plataformas digitales.
Esta diferencia no responde únicamente a la edad, también refleja que buena parte de los servicios digitales han sido diseñados pensando en usuarios familiarizados con la tecnología, mientras que las necesidades de las personas mayores suelen ocupar un lugar secundario en el desarrollo de productos y aplicaciones.
Ese fenómeno puede traducirse en formas de edadismo digital. Con frecuencia, las aplicaciones carecen de elementos básicos de accesibilidad, como la posibilidad de aumentar el tamaño de la tipografía, mejorar el contraste, simplificar la navegación o reducir el número de pasos para completar una operación. Estas limitaciones afectan la autonomía de quienes presentan disminución visual o dificultades motrices, especialmente en servicios esenciales como la banca, la atención médica o los trámites gubernamentales.
En muchos casos, las dificultades no obedecen a una falta de capacidad cognitiva, sino a diseños que parten de un perfil de usuario homogéneo y dejan de lado la diversidad de habilidades, experiencias y condiciones físicas que existen entre la población.
Estudios del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM señalan que muchas personas mayores perciben el entorno digital como un espacio distante y complejo. Aunque una proporción importante dispone de un teléfono móvil, su uso suele limitarse a llamadas o mensajes básicos, debido a la falta de acompañamiento para aprovechar aplicaciones y servicios digitales.
Cuando logran incorporarse al entorno digital, el apoyo de hijos y nietos suele ser determinante. Sin embargo, la enseñanza improvisada, la falta de tiempo y la escasa paciencia terminan por desalentar el aprendizaje. A ello se suman barreras físicas, como la pérdida gradual de la visión, la disminución de la motricidad fina o problemas de memoria que requieren soluciones de diseño más incluyentes.
Para reducir esta brecha, la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM propone fortalecer los espacios de acompañamiento, despertar el interés por aprender y generar entornos donde las personas mayores puedan practicar sin temor a equivocarse. La convivencia entre generaciones representa una oportunidad para compartir conocimientos y disminuir la dependencia tecnológica.
No obstante, el esfuerzo no puede recaer únicamente en las familias. A medida que aumenta la esperanza de vida, la inclusión digital debe convertirse en una prioridad de política pública y en un compromiso por parte de la industria tecnológica: diseñar plataformas accesibles desde su origen beneficiará no solo a las personas mayores, sino también a cualquier usuario que enfrente limitaciones temporales o permanentes.
En este contexto, la Inteligencia Artificial (IA) ofrece herramientas con un potencial significativo. Los asistentes de voz y los agentes conversacionales pueden facilitar la interacción mediante instrucciones en lenguaje natural, ampliar automáticamente textos, simplificar menús y acompañar paso a paso la realización de distintas tareas. Utilizada con criterios de accesibilidad, la IA puede reducir barreras que durante años parecían inevitables.
Envejecer es una experiencia que alcanzará, tarde o temprano, a toda la sociedad. Por ello, la discusión sobre inclusión digital no debe entenderse como una demanda de un grupo específico, sino como una condición para construir tecnologías más equitativas y útiles para todos.
La innovación tecnológica adquiere sentido cuando amplía oportunidades y no cuando establece nuevas formas de exclusión. El verdadero desafío de la transformación digital consiste en desarrollar herramientas capaces de adaptarse a las personas y no obligar a las personas a adaptarse a la tecnología.
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