Libros de ayer y hoy
¡El Mundial es otro show "sólo elitista”!
Para nadie en México es un secreto que la presidenta Claudia Sheinbaum, “como dice una cosa, dice otra”.
Por eso, incluso entre amplios sectores sociales se ha ganado el mote de “la Chimoltrufia de Palacio”, en alusión a un famoso personaje de televisión que se llevó el aplauso porque, “así como decía una cosa, decía otra”.
Lo cierto, sin embargo, es que resulta puntual la definición popular que le endilga tal mote a “la señora presidenta”.
Y es que, por ejemplo, en 2018, la recién llegada jefa de Gobierno de la Ciudad de México cuestionó con severidad un evento deportivo como la Fórmula Uno, al que calificó como “elitista”. Por esa razón, durante su gobierno la Fórmula Uno no recibió apoyo económico alguno.
Peor aún, entre la claque de la entonces jefa de Gobierno —y hoy presidenta de México—, se difundió la especie de que Sheinbaum había decidido cancelar la Fórmula Uno, ya que era una suerte de “afrenta elitista”.
La entonces jefa de Gobierno llegó a decir, incluso, que se trataba de “un circo para las élites del poder”.
Al final de cuentas, alguna voz sensata la convenció de lo contrario y todo el boato quedó en una mera amenaza, ya que el gobierno de la CDMX sólo retiró el patrocinio a las carreras de autos en la capital del país.
Y viene a cuento el tema porque hoy la historia se repite con ese espectáculo global llamado Mundial de Fútbol.
Sí, “la señora presidenta” no puede ocultar su fobia al deporte espectáculo; sin embargo, como en el caso de la Fórmula Uno, volvió a sucumbir al interés de las élites.
Peor aún, en el caso del Mundial de Fútbol, los verdaderos aficionados, los “futboleros” de hueso colorado, los fanáticos de los barrios más deprimidos son los más castigados.
Y es que millones de verdaderos fanáticos del “balompié”; millones de mexicanos que felices festejaron que México sería sede de un Mundial por tercera ocasión, serán los más castigados.
¿Por qué razón?
Porque en México el Mundial de Fútbol no está al alcance de “los ciudadanos de a pie”, ya que ninguno de esos millones de mexicanos que han convertido al fútbol en su pasión semanal podrá acudir a un solo juego del Mundial. ¿Y por qué? Porque ninguno de esos mexicanos podrá pagar entre 50 mil y 200 mil pesos por un boleto para presenciar un juego en el estadio.
Peor aún, muchos de los restaurantes de todo el país tampoco podrán ofrecer los juegos del Mundial, ya que la FIFA es dueña de la señal y cobra cuotas de terror por permitir su uso.
Pero existe un agravio mayor.
Resulta que los dueños de palcos en estadios como el Azteca tampoco pueden usar a su antojo su propiedad, ya que un juez mexicano avaló las reglas de la FIFA y, si algún espectador quiere comer o beber durante un juego del Mundial en un estadio como el Azteca, tendrá que pagar el costo impuesto por la FIFA.
Es decir, que la presidenta que promovió una ley para anular elecciones dizque por interferencia extranjera permitió que una empresa global y extranjera, como la FIFA, fuera dueña absoluta de un espectáculo como el Mundial de Fútbol que se lleva a cabo en México.
¿Y qué significa todo lo anterior?
Elemental, que el Estado mexicano, el mismo que es aliado de los cárteles criminales, también se alió con otro cártel mafioso como la FIFA, para cobrar piso en los estadios, para extorsionar a los aficionados al fútbol y para ganar miles de millones de pesos a expensas del “juego de las patadas”.
Pero no es todo.
Resulta que, por ejemplo, el Campo Marte, que es una institución del Estado mexicano y está encomendado a la Sedena, fue cedido a particulares, quienes ganarán millones de pesos por “regentear el lugar” durante los juegos del Mundial.
Y por eso las preguntas.
¿Qué falta para que la dictadura de Morena entregue el país al mejor postor? Se los dije, Morena y sus gobiernos son la peor mafia en el poder que hayamos visto en México.
Al tiempo.




