Libros de ayer y hoy
La hiperconectividad está moldeando la vida de las nuevas generaciones, especialmente de los adolescentes. En México, el 94.1% de las personas de entre 10 y 18 años utiliza internet, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información (ENDUTIH) 2025. Sin embargo, mientras se amplía el acceso al mundo digital, disminuye el tiempo dedicado al movimiento físico.
El Estudio de Hábitos de los Usuarios de Internet 2026 refleja esta transformación: el 91% de los menores tiene un perfil activo en WhatsApp, el 85% en Facebook, el 62% en YouTube y el 58% en TikTok. Gran parte de su tiempo en línea se concentra en la mensajería instantánea, las redes sociales y el consumo de contenido en plataformas de video.
Diversos estudios estiman que muchos adolescentes pasan entre ocho y diez horas diarias frente a computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes o consolas de videojuegos. Ese tiempo prolongado frente a las pantallas favorece conductas sedentarias que limitan la actividad física y pueden afectar su desarrollo integral.
Las cifras reflejan la dimensión del problema, el WorldObesity Atlas estima que el 83% de los adolescentes mexicanos no realiza la actividad física mínima recomendada para su edad, una tendencia que coincide con el aumento del tiempo dedicado al uso recreativo de dispositivos digitales.
Lejos de ser un fenómeno aislado, el sedentarismo digital se ha convertido en una preocupación mundial. Un estudio publicado en 2025 por el International JournalofBehavioralNutrition and PhysicalActivity advierte que esta forma de inactividad física continúa creciendo entre la población adolescente.
A medida que aumentan las horas frente a las pantallas, disminuyen las oportunidades para caminar, jugar, practicar deporte o realizar cualquier actividad que implique movimiento.
Las consecuencias ya son visibles, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) relaciona el sedentarismo digitalcon alteraciones en los patrones de sueño, así como con cambios metabólicos que afectan los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos.
Cuando la inactividad se normaliza durante etapas clave del crecimiento, aumenta el riesgo de sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiometabólicas. Además de afectar la calidad de vida, estos padecimientos representan un desafío creciente para los sistemas de salud pública.
El impacto también alcanza al aparato musculoesquelético, permanecer durante horas en una misma postura favorece molestias en el cuello, espalda, manos y muñecas, además de fatiga visual provocada por la exposición continua a las pantallas.
En el plano emocional y cognitivo, la evidencia científica también ha encontrado asociaciones entre el uso excesivo de dispositivos digitales y mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión. Asimismo, puede afectar procesos como la atención, la memoria y el aprendizaje, con repercusiones en el desempeño escolar.
La tecnología, por sí misma, no es el problema. Hoy es una herramienta indispensable para estudiar, comunicarse y acceder al conocimiento. El reto consiste en incorporarla de forma equilibrada, sin desplazar la actividad física, el descanso ni la convivencia presencial.
Ante este panorama, el Instituto Nacional de Salud Pública y la Organización Mundial de la Salud recomiendan adoptar hábitos sencillos que ayuden a reducir el tiempo sedentario:
La respuesta requiere un esfuerzo compartido entre familias, escuelas, autoridades y empresas tecnológicas. Las escuelas, en particular, representan un espacio estratégico para formar hábitos saludables y desarrollar competencias digitales sin dejar de lado la actividad física.
Construir una cultura de bienestar digital implica entender que la tecnología debe complementar la vida, no sustituirla. Solo así será posible formar generaciones conectadas, pero también activas y saludables.




