Las batallas
La transición de una infancia basada en el juego a una infancia basada en el celular es una reflexión avasalladora del escritor Jonathan Haidt, quien pone en perspectiva uno de los grandes debates del siglo XXI: cómo regular el acceso de un menor de edad al mundo digital a través de un teléfono celular.
La tesis del libro La generación ansiosa, de Haidt, se basa en que el uso excesivo del celular, como vehículo de juego y puerta de interacción con el mundo exterior, ha detonado una crisis global de salud mental en los jóvenes.
El tema acapara la atención, una vez que la presidenta Claudia Sheinbaum puso en la agenda la propuesta de regulación digital del gobierno mexicano para proteger la salud mental infantil y frenar los mecanismos adictivos de los algoritmos mediante un consenso nacional.
Para comprender a detalle los puntos significativos del debate, podemos basarnos en el análisis del psicólogo social Jonathan Haidt:
Haidt sostiene que el aumento de los trastornos mentales (ansiedad, depresión y autolesiones) en la Generación Z comenzó a crecer de forma significativa e idéntica en varios países entre los años 2010 y 2015. Para el autor hubo dos factores clave: la sobreprotección en el mundo real, debido a que, por temas —principalmente— de seguridad, los adultos redujeron de forma drástica la libertad de los niños para jugar en la calle y aprender por ellos mismos a calcular riesgos, como un auto acercándose a velocidad, por mencionar algún ejemplo; y el segundo punto: la desprotección en el mundo digital, al entregar a los menores de edad un acceso ilimitado a un ecosistema virtual diseñado para captar su atención.
El libro detalla cómo las redes sociales y el uso de pantallas interrumpen el desarrollo saludable de los adolescentes mediante cuatro vías: privación social, por tanto tiempo que se pasa frente a las pantallas; privación del sueño, con algo tan básico como las notificaciones nocturnas que alteran el estado de sueño profundo; fragmentación de la atención, que va destruyendo la capacidad de concentración; y adicción al estatus, es decir, la relevancia de que un menor reciba un “like” y el impacto que tiene en su autoestima.
Las cuatro reformas propuestas por Haidt, y que seguramente estarán en la resolución de la autoridad estatal, derivado del consenso nacional que planteó Sheinbaum, son: no dar teléfonos inteligentes antes de la preparatoria (aproximadamente 14 años); no permitir redes sociales antes de los 16 años; escuelas libres de teléfonos; y recuperar el juego libre.
El último punto —que es fundamental— está sujeto a una realidad en países como México: para muchos padres de familia no es opción dejar que los niños pasen más tiempo en la calle o en parques sin la supervisión constante de un adulto, por un solo motivo: la inseguridad y los grupos criminales que están al acecho.
China es el país que lleva la delantera en regulaciones para el control y uso de teléfonos celulares y el acceso a internet en menores de edad. Por ejemplo, desplegó el denominado Modo Menores, que impone límites de tiempo, corta la señal de internet a ciertas horas y agrega otras disposiciones. En el consenso será bueno voltear a ver lo que otras naciones están haciendo al respecto; lo cierto es que el reto es mayúsculo.




