Libros de ayer y de hoy
Existe una palabra que es principio y libertad al unísono. No es olvido. Es la capacidad de dejar la ruindad o “poner la otra mejilla” según la metáfora bíblica. Y esa hoja en blanco que puede representar las alas que cada uno posee, aunque no las vea, es un regalo que podemos darnos a nosotros mismos.
Confieso: Después de un tiempo de rumiar infortunios y torturarme con acuciantes “¿por qué yo, porqué a mi? Decidí trazar un mapa del tesoro: el del perdón. Estos son los puntos equidistantes que llevan a él.
Comprensión. Es comprender que los seres humanos actuamos desde nuestras heridas, limitaciones, miedos, ignorancias y circunstancias. Y todos damos lo que poseemos en ese momento: amor, incertidumbre, fe, miedo…Este simple acto nos permite humaniza al responsable de una injusticia u ofensa. Desmitifica al culpable de ser malvado.
Aceptación de los hechos. Inicia cuando dejamos de discutir con la realidad y admitimos: "Esto ocurrió." Es reconocer y esto es trascendental.
Renunciar a la venganza. Desterrar de nuestro pensamiento y lenguaje el viejo adagio de “ojo por ojo y diente por diente” Es renunciar a convertirnos en jueces permanentes.
Humildad. Es generarse una pregunta incómoda: ¿Qué errores he cometido yo?. Este planteamiento suele volvernos más misericordiosos con la imperfección ajena.
Compasión. Es mirar en el agresor a un ser humano. Y a veces descubrimos una historia de dolor detrás de quien nos lastimó.
Memoria transformada. No es un “borrón y cuenta nueva”. Eso no ocurre, Existe el recuerdo. Sin embargo, el acontecimiento deja de ser una herida abierta para convertirse en una cicatriz y parte de nuestra experiencia e historia.
Libertad interior. Quedamos despojados de rencor. Recobramos nuestra libertad y vida. Abandonamos de nuestra energía y mente las ofensas.
Pero hay algo más, un factor que nos rehusamos a reconocer: en el perdón está agazapada una pérdida. De confianza, expectativa o imagen. de una versión de nosotros mismos. Y todo duelo requiere tiempo.




