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QUEENS, Nueva York, EU, 17 de junio de 2026.- Diana Cabrera todavía puede ver a su abuela Isabel Gavilanes despertándose cuando el resto del pueblo dormía. Eran las 3:00 horas en Naranjito, un pequeño cantón de la costa ecuatoriana de unos 34 mil 600 habitantes, y Chabelita, como todos la conocían, ya estaba amasando, preparando guatita, secos, menestras y empanadas de viento para alimentar a cientos de estudiantes de la escuela donde trabajaba como conserje y encargada del bar.
A esa hora, una pequeña Diana caminaba detrás de ella con la curiosidad de quien todavía no sabía que estaba aprendiendo el oficio que marcaría su vida. Su abuela intentaba mandarla de regreso a dormir, pero ella prefería quedarse mirando cómo mezclaba ingredientes y convertía la cocina en un punto de encuentro.
“Yo era bien curiosa. Me gustaba comer, me gustaba el olor, todo. Ahí comencé a ver, a aprender y con mi abuela aprendí a cocinar”, recuerda.
Su primera experiencia como emprendedora llegó mucho antes de tener un restaurante. Cuando apenas era una niña, ayudaba a su abuela a entregar los platos que preparaba para sus clientes durante los fines de semana.

Se vestía bien, salía a vender comida y recorría las calles de Naranjito llevando los sabores de Chabelita. Fue también ahí donde nació su apodo: La China, el mismo nombre que años después llevaría su restaurante en Nueva York.
Aunque la cocina siempre estuvo presente, Diana primero eligió otro camino: la salud. Estudió para convertirse en auxiliar de enfermería y trabajó durante varios años en un hospital de Milagro, atendiendo pacientes, realizando visitas domiciliarias y cuidando personas con enfermedades.
Pero la gastronomía nunca dejó de llamarla y terminó abriendo en Ecuador su primer negocio familiar, Marisquería Dianita, donde durante 11 años fortaleció su relación con los sabores de la costa ecuatoriana.
Antes de quedarse definitivamente en Estados Unidos, Diana viajó dos veces intentando descubrir si ese podía ser su nuevo hogar. La primera vez llegó durante un invierno tan fuerte que adelantó su regreso a Ecuador, pero incluso entonces apareció su instinto emprendedor: antes de irse compró maletas llenas de ropa para vender en Naranjito. En su segundo viaje trabajó, hizo contactos en bienes raíces y volvió nuevamente con mercadería y ahorros.
La tercera vez llegó decidida a construir una nueva vida. Se estableció en Queens, vendió sus pertenencias en Ecuador y comenzó desde cero. Durante la pandemia, cuando las calles estaban vacías y muchos negocios cerraban, Diana encontró nuevamente refugio en la cocina.
Desde su apartamento en Corona empezó a preparar comida ecuatoriana los fines de semana y rápidamente creó una lista de clientes que esperaban sus encebollados, bollos y caldos de salchicha.
Precisamente ese caldo de salchicha se convirtió años después en el plato estrella de La Sazón de la China. Esta clásica receta ecuatoriana la aprendió de su tía y requiere un largo proceso de limpieza y preparación de las vísceras del cerdo, que luego se rellenan con arroz, especias y condimento, todo se cocina lentamente en un caldo lleno de sabor. La preparación en total toma alrededor de 10 horas.
La Sazón de la China, ubicada en el 96-11 de Northern Boulevard en Corona, Queens, es el resultado de años de trabajo y perseverancia. Después de ahorrar junto a su esposo, Diana logró comprar el restaurante y transformarlo completamente con su propio estilo.
“El camino no fue nada fácil”, reconoce al recordar los permisos, seguros, inversiones y desafíos de abrir un negocio en Nueva York.
El menú tiene más de 50 platos ecuatorianos, aunque sus raíces costeñas dominan la carta. Las conchas asadas traídas desde Ecuador, el pargo frito, los ceviches, el encebollado y las preparaciones con mariscos recuerdan los sabores con los que creció.

“Nos caracterizamos por ser pioneros en mariscos”, asegura Diana, quien también ofrece platos tradicionales de otras regiones como fritada, caldo de pata, guatita y seco de chivo.
La Sazón de la China también se suma a la fiesta del Mundial de fútbol, transmitiendo todos los partidos para sus clientes. Cuando juega Ecuador, el restaurante prepara ofertas especiales para que la comunidad ecuatoriana aliente a la Tri y disfrute de los sabores de su país desde Queens.
Para Diana, su restaurante se convirtió en algo más que un negocio: es una extensión de su historia y un pedazo de Ecuador en Queens. Entre clientes que ya la llaman “Chinita”, familias que llegan cada fin de semana y migrantes buscando un sabor conocido, sigue aplicando la enseñanza que recibió desde niña junto a su abuela: cocinar no solo es preparar alimentos, también es crear recuerdos. “Tienes que levantarte, salir y luchar por tus sueños. Que no te dejes vencer, porque querer es poder”, afirma.




