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QUEENS, Nueva York, EU, 6 de octubre de 2026.- Desde las 9:30 horas, el interior del Museo de Queens, en Flushing Meadows Corona Park, comenzó a transformarse. Flores de papel en naranja, rosa, amarillo, azul, verde y morado se acumularon frente a un altar todavía en construcción, mientras integrantes de organizaciones comunitarias, artistas y vecinos llegaban con fotografías, artesanías y recuerdos de quienes ya no están.
Unas manos acomodaban retratos; otras armaban flores o encontraban un lugar para calaveras, imágenes religiosas, tejidos, bebidas y pequeños objetos personales. Desde la entrada del museo, un camino de flores de papel conducía hacia el altar, convirtiendo el recorrido en parte de la ceremonia.
“Cada quien aporta, ya sea una foto de su familiar, una flor, alguna artesanía”, explicó la organizadora comunitaria Esmeralda González. Para ella, lo más importante de la jornada es precisamente la unidad que se construye alrededor del recuerdo de los seres queridos.
La historia de esta ofrenda comenzó durante la pandemia. González recordó que, mientras colaboraban en la distribución de alimentos desde el museo, las pérdidas se acumulaban entre las familias del vecindario. Fue entonces cuando propuso crear un altar para quienes habían muerto. El museo cedió un espacio y, desde entonces, la iniciativa ha crecido año tras año.

Gianina Enriquez, organizadora comunitaria y gerente de programas familiares del Museo de Queens, recordó que conoció más de cerca la tradición a través de los propios voluntarios. Peruana de origen, dijo que encontró en la celebración mexicana una forma de entender la muerte desde otro lugar y destacó que el altar no pertenece únicamente a una nacionalidad: la intención es reunir a una comunidad hispanohablante diversa.
“Todos hemos perdido un ser querido, un amigo, alguien cerca”, señaló Enriquez. Para la organizadora, poder recordar a esas personas colectivamente dentro de un museo de arte contemporáneo da otra dimensión al duelo. “Estoy muy feliz que cada año tengamos más gente”, agregó. Markdown pegado
Entre quienes llegaron estuvo también la asambleísta estatal Jessica González-Rojas, quien participó en los preparativos y destacó el vínculo que esta actividad ha construido con el vecindario. En años anteriores, recordó, incluso algunas de las flores fueron elaboradas en su oficina junto con miembros de la comunidad.
Elia Rubi, voluntaria y originaria de Veracruz, explicó que el altar conserva elementos centrales de la tradición: fotografías de los difuntos, alimentos que disfrutaban en vida, agua y flores de cempasúchil. “La comunidad puede venir, traer la foto de su familiar muerto y se pone aquí”, explicó.

El resultado fue una estructura cargada de capas y texturas. Retratos familiares ocuparon varios niveles entre calaveras, veladoras, pequeños altares, imágenes de la Virgen de Guadalupe, papel picado y un gran arco de flores multicolores. Presentes a través de fotografías estaban padres, abuelas, hijos, amigos y vecinos, colocados allí por personas que todavía conservan sus historias.
La propuesta curatorial define la ofrenda como un lugar donde “el duelo y el amor cobran forma a través del ritual”. Cada fotografía y objetivo pasa a formar parte de una construcción colectiva que busca recordar que el hogar también puede existir en las memorias y costumbres que una comunidad lleva consigo.
Una vez culminado el montaje, la jornada pasó del trabajo manual a la ceremonia. Frente al altar, un grupo de danza tradicional mexicana, con penachos de plumas y vestimentas de intensos colores, acompañó el encuentro con música y movimiento, mientras miembros de la comunidad se reunían alrededor de la ofrenda.
Durante la presentación fue leído un poema de Marco Saavedra, uno de los artistas y organizadores participantes. El texto convirtió la idea de “pueblo” en una enumeración de afectos, migraciones y resistencias: una comunidad formada por “sanadores, madres, estudiantes, artistas, poetas, músicos y comerciantes” atravesados por el desplazamiento, las fronteras y la búsqueda de un lugar donde volver a pertenecer.

La directora del Museo de Queens, Debra Wimpfheimer, agradeció la participación de quienes hicieron posible la jornada y reconoció el trabajo colectivo detrás de la instalación. Enriquez también destacó a los artistas, voluntarios y organizaciones que año tras año sostienen la celebración.
El altar comunitario comparte espacio con Hidden Altars of Grief and Remembrance, la quinta edición del proyecto ¡Te amo porque S.O.S. Pueblo!, una exposición colectiva integrada por 23 artistas impactados directamente por la inmigración o por historias familiares atravesadas por el cruce de fronteras. La muestra propone unir duelo, memoria, resistencia y supervivencia cultural.
La artista peruana Niceli Portugal participa con Mujer Frontera, una pieza nacida en 2022 después de conocer el hallazgo de 53 migrantes muertos dentro de un tráiler en Texas. Para Portugal, la frontera aparece como una contradicción: puede ser “un espacio fértil”, de creación y oportunidades, pero al mismo tiempo un territorio de peligro para quienes arriesgan todo en busca de otra vida.

La fotógrafa Mary Teresa Giancoli, por su parte, presenta imágenes vinculadas a la comunidad mexicana y a la Virgen de Guadalupe. En una de ellas, un trabajador aparece frente a un altar en Nueva York, pero la composición busca borrar las certezas geográficas. “Es difícil saber dónde estás”, explicó, porque la imagen ocupa ese espacio intermedio “entre México y Estados Unidos”.

También participa la artista mexicana Odette Chávez Mayo, quien llevó fotografías realizadas en Ciudad de México mientras cuidaba a su abuela durante el deterioro de su salud. Sus imágenes registran los altares que formaban parte de la vida cotidiana de aquella casa y funcionan ahora como una forma de preservar la memoria de quien la cuidó durante su infancia.

El propio nombre ¡Te Amo Porque S.O.S. Pueblo! está inspirado en el verso “porque sos pueblo te quiero”, de Mario Benedetti. El S.O.S. incorporado al título agrega, sin embargo, una urgencia contemporánea. Los temores de deportación, violencia política y desplazamiento que atraviesan a muchas de las comunidades representadas en la muestra.
La jornada terminó lejos del silencio que suele asociarse con el duelo. Después de fotografías, flores, poemas y danza, la celebración pasó a la música con un concierto de Son Mujeres Orquesta, agrupación femenina de salsa procedente de Cali, Colombia, que se encuentra de gira en Nueva York.
Así, una mañana que comenzó colocando flores de papel terminó con música frente a un altar lleno de rostros. En el Museo de Queens, el Día de Muertos tomó la forma de una construcción comunitaria. La instalación estará en el museo hasta marzo del 2027.




