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QUEENS, Nueva York, EU, 9 de agosto de 2026.- Banderas tricolores, música, aromas de comida tradicional y familias llegadas desde distintos puntos de la ciudad transformaron este domingo Flushing Meadows Corona Park en un pedazo de Ecuador. Miles de connacionales se reunieron para celebrar la edición número 12 del Ecuadorian Festival NYC, una jornada que sirvió para recordar la independencia del país, pero también para reencontrarse con una identidad que permanece viva a miles de kilómetros de distancia.
“Que disfrutemos la independencia de nuestro país”, resumió Javier Rodas entre el movimiento constante de personas que recorrían los alrededores del New York Hall of Science. El festival, organizado por el Comité Cívico Ecuatoriano de Nueva York, se desarrolló desde las 11 hasta las 18 horas y cerró una temporada de celebraciones comunitarias que incluyó el desfile ecuatoriano realizado una semana antes en Northern Boulevard.

Entre el público, un guayaquileño caminaba acompañado de su esposa, Silvia Redrobán, llevando no una, sino dos banderas. Una representaba a Ecuador y la otra a Guayaquil.
“Recordando mi país, aunque estemos a la distancia, pero siempre con mi país”, explicó mientras mostraba los símbolos que había llevado hasta el parque. La escena se repetía en distintos puntos del festival: camisetas de la selección, sombreros, banderas y colores que identificaban provincias y ciudades ecuatorianas.

La nostalgia también se mezcló con sabores conocidos. Una familia que recorría los puestos habló con entusiasmo del encebollado de camarón, el chicharrón, el ceviche de pescado y hasta un helado de mora.
“Genial, buenísimo, me encantó. Cada minuto que estoy aquí”, contó una de las asistentes. “Todo está riquísimo; la música es de Ecuador”, agregó, en medio de una feria gastronómica que llevó hasta Queens platos asociados con distintas regiones del país.
Pero el encuentro no estuvo limitado a la comida y la música. Entre los puestos de artesanías estaba Janeth Wuanpaz, originaria de la provincia amazónica de Morona Santiago. Como emprendedora de la nacionalidad Shuar, llegó al festival para mostrar productos elaborados por comunidades indígenas y buscar nuevos espacios de comercialización en Estados Unidos.
“Hemos tenido un aprecio muy grande por parte de la comunidad ecuatoriana y también de otros migrantes que nos visitan aquí en la feria”, relató.
Wuanpaz mostró piezas provenientes de las nacionalidades Shuar y Wao, entre ellas vasijas y artesanías realizadas principalmente por mujeres en sus territorios. Explicó que algunos de los colores utilizados en las piezas provienen de piedras y otros elementos naturales.
“Trabajan las mujeres desde sus tierras, siempre cuidando la naturaleza, sin violentar nuestra Madre Tierra”, señaló. Parte de estas artesanías también son exhibidas de manera permanente en Ñañitas Coffee, un establecimiento ubicado en Woodside, Queens.

A pocos metros, Rosalía García, oriunda de Manabí, resumía su experiencia entre música, comida y el bullicio de la jornada.
“Los músicos, la algarabía, la comida que uno viene y encuentra aquí”, respondió cuando se le preguntó qué era lo que más disfrutaba. Para ese momento ya había probado tripita mishqui, uno de los tantos platos que llevaron al festival sabores reconocibles para quienes crecieron en Ecuador.
Luis Moncayo coincidió. “Me gustó toda la gastronomía, la música y la alegría que tiene el Ecuador”, dijo. Pero para él, la importancia de la jornada iba más allá de la oferta cultural. Rodeado de cientos de compatriotas, explicó que encontrarse con una comunidad ecuatoriana tan numerosa fuera del país provoca una sensación particular: “Es muy bonito, porque se siente como estar en casa”.

Otros asistentes que ya habían participado en ediciones anteriores destacaron además los cambios en la organización y el espacio. Una mujer recordó que dos años atrás tuvo que enfrentar una larga fila para ingresar junto a su hijo. Este domingo, aseguró, la experiencia fue diferente. “Hoy hemos entrado tranquilamente, sin problemas”, comentó, celebrando también que la distribución del festival fuera más amplia y permitiera recibir a una mayor cantidad de público.
Con presentaciones musicales, danzas folclóricas, gastronomía, artesanías y actividades familiares, la edición 2026 volvió a reunir expresiones de la Costa, Sierra y Amazonía en un mismo espacio de Queens.




