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MANHATTAN, Nueva York, EU, 14 de junio de 2026.- En medio del movimiento constante de Washington Square Park, entre músicos y cientos de visitantes, una antigua cámara de madera llama la atención de quienes caminan por uno de los parques más concurridos de Manhattan, se llama The Cuban Box. Detrás de ella está Giandi Pavón, un fotógrafo cubano que llegó a Estados Unidos en 1996, cuando tenía 26 años, y que hoy mantiene viva una técnica fotográfica que prácticamente ha desaparecido.
Pavón se formó como artista visual en la Escuela Nacional de Artes de La Habana, Cuba, donde inició sus estudios en pintura antes de encontrar su camino dentro de la fotografía. Décadas después continúa utilizando un proceso completamente análogo, donde cada retrato nace de la luz, los químicos y la paciencia, asegura, en contraste con una época dominada por las cámaras digitales y los teléfonos inteligentes.
“Ahora estoy revelando el positivo de ese negativo que está frente a la cámara”, explicó Pavón mientras mostraba el proceso dentro de su cámara artesanal. Según el fotógrafo, esta técnica primero produce una imagen negativa que luego se transforma en positiva utilizando líquidos reveladores y fijadores, un método que durante muchos años fue parte de la vida cotidiana en varios países de Latinoamérica.

Para Pavón, esta forma de fotografía también representa un regreso a sus recuerdos de Cuba. En La Habana, especialmente alrededor del Capitolio, era común encontrar a fotógrafos de plaza que retrataban a visitantes que llegaban desde otras partes del país.
“La gente iba a limpiarse los zapatos o iba a tomarse una foto”, recordó al explicar que esos retratos eran una prueba simbólica de su paso por la capital.
Junto al fotógrafo cubano Juan Carlos Salón creó el proyecto Feeling Positive, una iniciativa que busca rescatar esta tradición casi perdida y utilizarla para contar historias de comunidades inmigrantes. El nombre nace del mismo proceso fotográfico de transformar un negativo en positivo, pero también como una reflexión sobre la experiencia migrante. A través de este proyecto han documentado comunidades en Nueva York y Miami, además de presentar exposiciones en espacios como Governor’s Island.
“Nosotros hemos traído de vuelta esta tradición para documentar a nuestra gente”, aseguró Pavón, quien considera que su cámara genera una conexión diferente con las personas. A diferencia de la fotografía moderna, explica que no busca “cazar fotos”, sino convertirse en un anfitrión: conversar, conocer a quienes llegan y crear un momento alrededor del retrato.

Desde el verano pasado, Pavón se instala todos los fines de semana en Washington Square Park, convirtiéndose en uno de los pocos fotógrafos de este tipo que todavía trabajan en Nueva York y posiblemente el único que ofrece esta experiencia de manera constante en el famoso parque.
Para Pavón, la fotografía análoga conserva algo imposible de reemplazar: “el digital es un algoritmo que interpreta la luz; la película es una cosa orgánica que capta la luz”.

Para quienes tienen la oportunidad de encontrarse con su cámara, la experiencia se convierte en mucho más que una simple fotografía. Susan Siza, una visitante que decidió realizarse un retrato, destacó el valor de encontrar este oficio en Nueva York.
“Es increíble tener a un artesano manteniendo esta técnica viva”, aseguró.




