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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 27 de julio de 2026.- Afuera brillaba el sol. Adentro, decenas de personas se acomodaban alrededor de mesas cubiertas con folletos, tarjetas y carteles bilingües. Eran las 10:30 horas. El lugar, un local de Bushwick, se mantuvo en reserva para proteger a quienes asistieron. Allí comenzó una jornada de organización comunitaria. El propósito era claro: aprender cómo responder ante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Luego, llevar esa información a las calles del vecindario.
La concejal Sandy Nurse, representante de Bushwick y Cypress Hills, abrió el encuentro con una consigna: ICE out of Bushwick, dijo. La sala respondió al unísono. A su lado estaba Natalia, integrante de ICE Out of NYC e ICE Out of Bushwick. Ambas dirigieron una sesión informativa en inglés y español. Explicaron qué decir cuando agentes migratorios llegan a una vivienda. También hablaron sobre cómo documentar una detención y cómo alertar con rapidez a las redes de apoyo del vecindario.
En las mesas con voluntarios se repartían guías legales, tarjetas con derechos constitucionales y carteles con códigos QR. Había voluntarios experimentados, pero también vecinos que nunca habían tocado puertas para campañas similares. Sandy Nurse pidió actuar con prudencia. Nadie debía exponerse ni tocar a un agente. La tarea principal era observar, informar y documentar. La seguridad personal debía estar primero.
Natalia recordó que los derechos básicos protegen a todas las personas. No dependen del estatus migratorio ni del idioma que hablen. Una persona puede guardar silencio. Puede negarse a responder preguntas sobre su situación migratoria. Tampoco tiene que autorizar el registro de su cuerpo, sus pertenencias o su vehículo. Si es detenida, puede pedir un abogado. No debe firmar documentos sin recibir antes asesoría legal. Estas recomendaciones coinciden con las guías de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles y de la ciudad de Nueva York.
El mensaje en caso de una visita de ICE a la vivienda fue repetido varias veces. No se debe abrir la puerta. Se puede pedir al agente que pase la orden judicial por debajo. El documento debe ser una orden firmada por un juez. Una orden administrativa emitida por ICE no cumple esa condición. La persona puede decir: No doy mi consentimiento para que entre a mi casa. También puede exigir que el agente se retire si ingresó sin permiso y no presenta una orden judicial válida.
Nurse explicó que la manera en que ocurre un arresto también puede ser determinante. Una detención puede ser impugnada cuando se violan derechos constitucionales o no existe una base legal suficiente para mantener a una persona bajo custodia. Por eso pidió grabar desde una distancia segura. Los videos pueden mostrar el uso de la fuerza, el lugar del arresto y las acciones de los agentes. Recordó el caso de un hombre sacado de su vehículo. La existencia de imágenes ayudó a demostrar ante un juez cómo había sido detenido. Según Nurse, esa evidencia contribuyó a obtener su liberación.

Los instructores presentaron el método SALUTE. Sus letras en inglés sirven para recordar seis datos: cantidad de agentes, actividad, ubicación, uniforme, hora y equipo. Los asistentes practicaron cómo describir un vehículo. No bastaba con decir que era negro. Había que anotar la marca, el modelo y la matrícula.
También se pidió enviar información observada directamente. Los rumores o publicaciones antiguas pueden provocar falsas alarmas y desviar a los equipos de respuesta.
La rapidez puede marcar la diferencia. Una alerta permite localizar a la persona detenida. También facilita el contacto con familiares y abogados. Nurse advirtió que ICE puede trasladar rápidamente a los detenidos fuera de la ciudad o del estado. Eso dificulta encontrarlos y preparar una defensa. El hábeas corpus permite pedir a un tribunal que revise si una detención es legal y que las autoridades justifiquen por qué mantienen a una persona bajo custodia.
Las cifras publicadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) reflejan el alcance de la ofensiva migratoria impulsada por el Gobierno federal. Hasta el 11 de julio, 65 mil 765 personas permanecían bajo custodia. La cifra representa casi el doble de las 39 mil 703 registradas en enero de 2025, cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca.
Antes de que los voluntarios salieran, el presidente del distrito de Brooklyn, Antonio Reynoso, tomó la palabra. Dijo que la protección comunitaria no ocurre solamente en las protestas visibles o frente a las oficinas federales. También se construye al buscar a quienes permanecen encerrados por miedo. Mencionó a madres que evitan las escuelas de sus hijos. Habló de vecinos que llevan semanas sin salir. Son personas que no aparecen en televisión ni en las redes sociales.
Reynoso pidió construir "seguridad a través de la comunidad". Recordó que los vecindarios más seguros no siempre son los que tienen más policías. Son aquellos con escuelas, transporte, parques, atención médica y relaciones fuertes entre sus residentes. Miró a los asistentes y celebró la cantidad de personas reunidas.
"Esto es lo que parece una comunidad". Para él, recorrer las calles era una forma de cuidar a los vecinos. También era una manera de "difundir amor haciendo el trabajo".
La segunda parte comenzó con bolsas llenas de materiales. Los grupos se distribuyeron por distintos sectores. Algunos caminaron de puerta en puerta. Otros visitaron comercios. También recorrieron los alrededores del parque María Hernández. Entregaron tarjetas en inglés y español. Colocaron carteles en ventanas y entradas de edificios. Cada afiche incluía una línea de emergencia y un código QR con información sobre derechos y recursos legales.
Santosh Nandabalan, vecino de Crown Heights y miembro de New York Communities for Change, dirigió uno de los grupos. Explicó que la organización forma parte de la red Hands Off NYC. Durante el último año han realizado capacitaciones y mesas informativas. El objetivo es que los residentes sepan qué hacer cuando ICE llega a una vivienda.
"Nuestra primera línea de defensa es protegernos entre nosotros", dijo.
La respuesta de los negocios fue favorable. Casi todos aceptaron colocar los carteles, contó Santosh. El grupo habló con personas en las calles y dentro del parque. Otros equipos avanzaron bloque por bloque. Para el organizador, la red todavía debe crecer. La información pierde fuerza cuando las comunidades permanecen aisladas. En cambio, una reacción colectiva pone atención pública sobre los operativos y dificulta que los arrestos pasen inadvertidos.

Daniel Donayre viajó desde Nueva Jersey para participar. Es estudiante de Economía y Ciencias Políticas. También realiza una pasantía en una de las organizaciones involucradas. Su familia es peruana. Mientras caminaba por Bushwick, explicó que veía a sus padres y hermanos reflejados en las personas a las que entregaba los folletos.
"Cuando yo veo a esta gente, veo a mi mamá y a mi papá", dijo.
Para Daniel, la defensa de los inmigrantes no está limitada por la ciudad en la que vive. Aseguró que se identifica con los hispanos que luchan por construir una vida en Estados Unidos. También destacó el valor de conversar con desconocidos. La comunidad, dijo, "se forma en los encuentros cotidianos". En la panadería. En una tienda. En la calle. Proteger a quienes viven alrededor ayuda a que todo el vecindario se sienta más seguro.
El recorrido llegó hasta el parque María Hernández. El césped estaba ocupado por grupos que aprovechaban el sábado soleado. Había bicicletas, música y conversaciones bajo los árboles. Tres jóvenes aceptaron recibir la información. Recordaron que Bushwick ha sido históricamente un barrio hispano. Consideraron contradictorio que sus residentes enfrenten primero el desplazamiento por el aumento de los costos y, ahora, el temor de ser detenidos y separados de sus familias.

Berenice observó el movimiento desde su pequeño carrito de frutas. Llegó desde México y lleva 22 años viviendo en Bushwick. Dijo que el miedo ya se siente en la economía local. Hay menos clientes. Las ventas avanzan con lentitud. Algunas personas prefieren quedarse en casa. Su testimonio coincidió con la preocupación planteada horas antes por Reynoso. Los operativos no afectan solamente a quienes son detenidos. También cambian la manera en que todo un barrio trabaja, compra y ocupa sus espacios públicos.
Al finalizar el recorrido, varios carteles quedaron visibles detrás de las vitrinas. Los voluntarios regresaron con menos folletos y más conversaciones acumuladas. La jornada no terminó con una marcha ni con un escenario. Terminó en las entradas de edificios, los pequeños negocios y los senderos del parque. Allí, la capacitación de la mañana tomó forma. Una puerta que no debe abrirse. Una orden que debe revisarse. Una cámara que puede producir evidencia. Y una red de vecinos dispuesta a responder cuando alguien del barrio necesite ayuda.




