Pone a bailar Ray Delgado a cientos con salsa en Central Park
MANHATTAN, Nueva York, EU, 23 de agosto de 2026.- Hace dos meses vi por primera vez a John Ajilo en el metro de Nueva York. Ese día me sentía triste por diferentes razones, como le puede pasar a cualquiera, y avanzaba entre los pasajeros sin prestar demasiada atención a mi alrededor. Entonces escuché un saxofón y descubrí a un grupo de pequeños peluches que bailaban al ritmo de la música. El espectáculo me levantó el ánimo instantáneamente y cambió por completo aquel momento.
Desde ese encuentro comencé a buscar a Ajilo. Quería volver a encontrarlo, pero también preguntarle cómo se siente llevar alegría a miles de transeúntes en una ciudad marcada por las prisas, el cansancio y la rutina. No sabía en qué estación aparecería ni cuándo volvería a tocar. Su escenario puede estar en cualquier rincón del subway o en calles concurridas como la Quinta Avenida.
Ajilo lleva su espectáculo Dancing is Happiness por diferentes lugares de la ciudad que nunca duerme, acompañado por un pequeño ejército de peluches bailarines.
Mientras él toca el saxofón, sus compañeros robóticos se mueven frente a pasajeros que se detienen, sonríen, graban videos o comienzan a bailar. Después de buscarlo durante varias semanas, finalmente pude conversar con el hombre que, sin saberlo, había conseguido alegrarme aquel día.
Cuando le pregunté qué siente al provocar esa reacción en los demás, me explicó que la energía también regresa hacia él. “Me hace sentir bien cuando ellos se sienten bien, porque es algo recíproco. Esa energía me ayuda a levantar mi propia energía. Cuando veo a la gente bailando, eso también me ayuda”, aseguró.
Ajilo es reservado al hablar de su vida personal, pero se conoce que comenzó a tocar junto a sus robots para mantener a su familia, incluido su hijo con autismo.
Su historia como músico callejero comenzó hace más de una década, aunque él ya no recuerda con exactitud cuánto tiempo ha pasado. “Han sido muchos años. No recuerdo cuántos, pero ya son más de diez”, me dijo.
Su presencia se ha vuelto tan reconocible que ha aparecido incluso en ilustraciones inspiradas en la vida del metro de Nueva York. En redes sociales, miles de personas comparten sus presentaciones y siguen los movimientos de sus peculiares bailarines.
En 2022, su nombre también llamó la atención por un episodio que provocó la indignación de numerosos neoyorquinos. Agentes de la Policía de Nueva York intentaron arrestarlo con el argumento de que supuestamente obstruía el paso de los pasajeros.
Durante la intervención, su saxofón sufrió daños y varios de sus compañeros robóticos se perdieron o quedaron afectados. Ajilo inició una campaña de recaudación para poder reparar y reemplazar sus herramientas de trabajo.

La respuesta de la comunidad fue contundente: la campaña superó los 40 mil dólares en donaciones. Para un artista que vive de su espectáculo y utiliza sus ganancias para mantener a su familia, ese respaldo confirmó el cariño que ha construido entre los pasajeros. Ajilo, conocido como el Dancing is Happiness Guy, recibe esa atención con sencillez. “Me hace sentir bien. Quizás significa que están apreciando lo que hago”, comentó.
Lo que sentí al verlo por primera vez también lo han experimentado otros neoyorquinos. Chris Jorgensen escribió en una publicación compartida por Ajilo: “Últimamente he estado muy deprimido por distintas razones y esto es lo único que me ha hecho sonreír esta semana. Gracias a Jazz Ajilo por regalarme un fugaz momento de felicidad”.
Antes de despedirnos, John me dejó un mensaje que resume su espectáculo: “Es fácil estar triste; ser feliz es muy difícil y hay que trabajar en ello. Sigue buscando la felicidad. Baila, haz cualquier cosa que te haga sentir bien”.




