Anuncia Mamdani mayor servicio de ferris de verano antes del Mundial
MANHATTAN, Nueva York, EU, 19 de mayo de 2026.- El paro del Long Island Rail Road (LIRR), el sistema ferroviario de cercanías más transitado de Estados Unidos, llegó a su fin este lunes tras un acuerdo tentativo entre las uniones y la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA). Aunque el servicio comenzó a restablecerse de forma gradual, miles de pasajeros todavía enfrentaron retrasos y complicaciones para movilizarse entre Long Island y la ciudad de Nueva York.
La huelga, iniciada el sábado por cinco sindicatos que representan a cerca de tres mil 500 trabajadores ferroviarios, dejó sin servicio a casi 300 mil usuarios diarios. Las negociaciones entre las partes se habían extendido desde 2023 y el principal desacuerdo giraba en torno a aumentos salariales y cobertura médica.
Los trabajadores argumentaban que necesitaban mejores ingresos para enfrentar el aumento del costo de vida en la región neoyorquina, mientras que la MTA advertía que aceptar ciertas demandas podría traducirse en incrementos tarifarios para los usuarios.
Para muchos residentes, el impacto fue inmediato. Neftalí Campos aseguró que la suspensión del servicio afectó directamente su capacidad de llegar al trabajo. “Me afectó demasiado para mi trabajo y para poderme transportar”, comentó. Aunque explicó que inicialmente tuvo problemas con su empleador debido a las dificultades para movilizarse, finalmente la situación fue comprendida y pudo regresar a sus labores una vez que comenzó a normalizarse el servicio.
Shane, otro usuario del sistema, relató que la interrupción ferroviaria le hizo incumplir un compromiso importante. “Fue un problema para mí porque había prometido estar ahí, pero debido al traslado y al cierre del LIRR no pude cumplir con mi palabra”, expresó. Aun así, consideró que tanto empleados como empleadores deberían buscar un entendimiento mutuo antes de llegar a una paralización. “Debería existir una comprensión colaborativa sobre cómo funcionan las finanzas”, añadió, insistiendo en que ambas partes tendrían que salir satisfechas de una negociación.
El carácter esencial del LIRR también fue resaltado por Axel Pacheco, quien utilizaba el sistema para viajar regularmente desde Nueva Jersey hasta Long Island cuando trabajaba con su padre en Westbury. “Incluso si el tren se retrasa 10 o 15 minutos, eso sí te afecta”, explicó. Pacheco señaló que, aunque posee automóvil, el tren sigue siendo la alternativa más práctica para evitar el tráfico y conectar distintos puntos de la región metropolitana. “Es esencial”, resumió sobre el papel que juega el ferrocarril para miles de personas.

A pesar de las molestias generadas por el paro, varios entrevistados expresaron comprensión hacia las demandas laborales. Axel consideró razonable que los trabajadores busquen salarios acordes a la inflación. “Si lo que reciben no es suficiente para mantener a sus familias, entonces sí, merecen un aumento”, afirmó. En una línea similar, DK, visitante británica que se encontraba en Nueva York durante la huelga, opinó que las protestas pueden servir para que los trabajadores demuestren unidad y hagan visible su posición frente a la empresa.
Sin embargo, el posible impacto económico sobre los pasajeros también generó preocupación. Campos señaló que un aumento salarial podría eventualmente trasladarse al precio de los boletos. “Últimamente ya los tickets están demasiado caros”, comentó.
El acuerdo anunciado por la gobernadora Kathy Hochul contempla aumentos salariales para los trabajadores y permitió que el servicio comenzara a restablecerse desde el mediodía del martes, aunque todavía deberá ser ratificado por los miembros de las uniones.
Las autoridades estatales sostuvieron que el pacto no implicará nuevas alzas en tarifas ni incrementos de impuestos, mientras que líderes sindicales defendieron el paro como una medida necesaria para garantizar “respeto y seguridad económica” para sus afiliados.
Desde trabajadores que recorren largas distancias hasta familias afectadas por retrasos y gastos adicionales, el sistema ferroviario volvió a demostrar que cualquier interrupción puede alterar profundamente el ritmo de una de las regiones más transitadas del país.




